domingo, 17 de julio de 2011

Consideraciones sobre discursos hegemónicos y contra-hegemónicos ante la segunda vuelta

Se nos plantean algunos dilemas sobre lo discursivo en medio de la "batalla cultural".

Primer consideración.

A raíz de la contundente diferencia que el Pro obtuvo en la primera vuelta sobre el Frente para la Victoria algunos progresistas han propuesto, de cara a la segunda vuelta, derechizar el discurso, o "macrizarlo". Esto sería hacerlo más posmo: algo más liviano, más pasteurizado. Un discurso conciliador, sin confrontar. Argumentan que en la campaña el discurso buscó convencer a los ya convencidos.
Acertadamente, desde FPV no han cedido ante estas críticas. Daniel Filmus dice

"Nosotros no nos vamos a “macrizar” ni en la estética ni en los contenidos porque perderíamos credibilidad. Nosotros no podemos dejarnos de manifestar por la igualdad, no podemos dejar de criticar a la gestión de Macri, no podemos dejar de decir que Macri no defendió la escuela pública, que no defendió el hospital público, que no hizo los subtes, el tema es que la protección mediática que tuvo fue de una envergadura tal que resultó imposible imponer estas discusiones…"

Está muy bien. Lo que hay que hacer es convencer a los porteños de que les conviene las medidas de izquierda, las de inclusión social. No despolitizar el discurso con globitos de colores. No quedarse solamente en esta fijación con el tema inseguridad. No ir por el voto "de derechas" cuando ni siquiera tenemos el de izquierda. Hay que ir por el voto pinista. Vender algo que uno no es se hace complejo, porque puede pasarte como le pasa al progresismo anglosajón (Blair) o la mal llamada social-democracia europea (Zapatero). Se ganan votos de derecha y después, ante el mínimo gesto hacia la izquierda los votantes se sienten traicionados y comienzan a presionar para "enderazar" al gobernante. Hasta a Obama le pasó. Y quién puede culparlos si sus representantes gobiernan a sus espaldas. Es un gran dilema porque alguien desde lo pragmático podría decirte: "Sí, no es muy democrático gobernar a espaldas de la gente, pero así podés ayudar a las escuelas y a los hospitales". Es un buen argumento, pero a largo plazo, esta vez (con todo el dolor por los sectores más postergados que son los que en lo inmediato más sufrirán con Macri), creo que conviene esperar. En esta oportunidad creo que lo realmente pragmático coincide con lo moral. Preferible es caer sin pasar vergüenza y dignamente, posicionándote frente a las próximas elecciones, apostando a la unidad de la izquierda (con un Pino seguramente ya desvanecido del mapa político). Éste es el camino estratégico que hay que proyectar para el 2015. Y es el que ya se está planteando para la segunda vuelta.  No hay que derechizar el discurso. Si no entienden hoy, algun día tendrán que entender que la desigualdad contamina a todo el tejido social, que nos afecta a todos. Se trata de demostrarles a los porteños que les conviene la inclusión social, no criminalizando la protesta, sino la desigualdad. Los estudios sociológicos demuestran que no es la pobreza la que se traduce directamente en delitos, si no la disparidad en los ingresos. Allí hay que poner el foco. Es tarea nuestra, de los militantes, plantear estas discusiones ideológicas.


Segunda consideración. 

La pasteurización del discurso tiene otras manifestaciones que hay que desactivar: aparece una falacia que, Longobardi a la cabeza, los medios hegemónicos han tratado de plantar. Éste periodista ha dicho que el militante es una persona anti-democrática que quiere eliminar al que piensa distinto.
Todo esto a raíz de los dichos, comentados hasta el hartazgo, vertidos por Fito Páez en Página/12. Quieren decir que como a Fito no le gusta lo que votó la mayoría entonces debe ser un fascista que no quiere que la gente vote. Falacia, muy baja, muy pobretona.  La gente se equivocó, sí, las mayorías a veces se equivocan y no es anti-democrático decirlo. Fito ejerce su libertad de expresión, la libertad de indignarse, entristecerse o encolerizarse. Cuidado con los razonamientos falaces. Ni Fito ni quienes pensamos en que se votó equivocadamente atacamos la democracia. Creemos que esto forma parte de un aprendizaje dentro de un régimen democrático. Preferimos este aprendizaje a cualquier dictadura. Tampoco esto implica, como razona hoy Hernán Brienza en Tiempo Argentino estar a un paso del voto calificado o a una posición elitista o vanguardista porque es exagerar hasta el absurdo una opinión. Nada de esa opinión hace pensar que se prefiera el voto calificado o una dictadura en su lugar.
Volviendo a Longobardi, lo que se observa son distintas concepciones de la democracia. Para ellos (al menos desde el discurso) la democracia consiste en que hayan dos o tres posiciones, nunca muy extremas, sobre la política. En el caso hipotético de que una triunfe ya no existiría democracia.
Se opone a otra visión de la democracia que consiste en que las mayorías elijan cómo gobernarse, a través de qué mecanismos, y por quién. Por ejemplo, si la gente quiere ser gobernada por Hugo Chávez (o Macri) hasta que éste muera, ésto es lo más democrático. En democracia, las mayorías deciden, tienen el poder. Otro ejemplo es el cubano. En Cuba la gente, en una abrumadora mayoría quiere gobernarse como efectivamente hoy es gobernada. No es cierto que sea una dictadura. Lo que hay es autoritarismo, porque se persiguen opositores y eso es inaceptable. Pero no hay que confundir lo anti-democrático con lo autoritario. Anti-democráticos son ellos que no quieren las re-elecciones indefinidas porque va contra el versito republicano que tanto rezan. Cuando es lo más democrático que hay: que gobierne quien la mayoría quiere que gobierne. Ese versito republicano es un chamuyo al que sólo recurren cuando les conviene porque algún "tirano populista" toca sus intereses. 

No es anti-democrático entonces, como dice el señor Longobardi, ni siquiera autoritario, que nosotros los militantes queramos que no haya más gente que no piense como nosotros, porque no queremos silenciarlos a través de la fuerza (que sería autoritario), no queremos callarlos, lo que queremos es, pacíficamente, convencer a todos y que esto se manifieste en el voto. Para que luego el gobierno refleje la voluntad popular y no posiciones pasteurizadas y pre-determinadas (a la usanza del falso bipartidismo yanqui) como prefiere el establishment.
Esto que intentan instalar desde la hegemonía mediática de que somos intolerantes porque no queremos más neo-liberales es como decir que es intolerante que no queramos más asesinos seriales. Porque, como argumentamos anteriormente, el neo-liberalismo es una ideología asesina. Hablan del "que piensa distinto" con una liviandad enorme. Dicen que no toleramos "al que piensa distinto" como si estuviésemos hablando de gustos de helado. No los vamos a suprimir violentamente, pero sí queremos ganar una batalla cultural, sí queremos convencer a todos aquellos colonizados por el discurso liberal, egocéntrico e individualista. Porque por eso se mueren niños de hambre. Personas en situación de calle mueren de frío. Porque genera estrés social, baja autoestima en los postergados que se traduce en odio, que se traduce, a su vez, en esa inseguridad que tanto les preocupa. Su ideología la genera. Y no vamos a tolerar gente que muele a palos a personas en situación de calle (aún si están embarazadas). ¿Dónde está la "parte de la razón" de la que habla Longobardi que ellos deben tener cuando arman listas negras de estudiantes que molestan? O cuando espían a comuneros. Cuando deliberadamente no arreglen escuelas y un sifín de políticas asesinas de Macri. 
Y todo esto no lo vamos a manifestar apoyando dictaduras (como hicieron los que hoy se rasgan las vestiduras crucificando a Fito) o a través de la violencia, sino que lo vamos a expresar en las urnas.

1 comentario:

  1. Muy buena nota, es imposible "macrisar el discurso" lamentablemente Daniel ya perdio. Pero la gente no voto a favor de Macri, debemos saber que nos votaron en contra, votaron contra Jaime, contra Schoclender, contra la censura a Clarín, los ataques de Moreno, las estadisticas del INDEC, la gente nos reconoce muchos meritos pero si aplaudimos a Fito a Anibal cuando atacan a los porteños, mal vamos a ganar en octubre. Dejemonos de jorobar con creer que quien no nos vota es de derecha, Scioli, Saadi, Menem, Uturbey, y cuanto gobernador son de izquierda? Escondiendomla cabeza en la tierra no se gana, hay que sali de frente pegarle una patada en el trasero a unos cuantos y demostrar que el FPV no es corrupto, no es mas de lo mismo.

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