lunes, 15 de agosto de 2011

Binner se cayó de la montaña de la moral



El discurso de Binner se construye a partir de las idea de honestidad, de respeto republicano, moralidad, etcétera. Un discurso institucionalista que no parece socialista, sino liberal-burgués. Desde el PS se argumenta estar de acuerdo con muchas de las medidas del gobierno pero "no con sus formas". Critican los modales y no el modelo, las formas y no el contenido.
El gran caballito de batalla del mal llamado "socialista" Binner, como dijimos en otro post, ha sido su supuesta trayectoria intachable, su supuesta blancura total en cuanto actos de corrupción.
Bien, en unas pocas semanas, todo el discurso de Binner se cayó.
Repasemos.


Primer acto: Binner y su negociado con el grupo Clarín.
Segundo acto: Binner se junta con Moyano para la foto.
Tercer acto: Binner echa funcionarios por simpatizar con el Kirchnerismo.

La obra podría llamarse, "El fin de los buenos modales".

Sin embargo, atención. Esto no habla mal de Binner necesariamente. Habla mal de binnerismo que antes lo defendía por honestismo, pero que ahora sale a justificar estas movidas como obra de un estadista, de un tipo pragmático con cintura política. La tenemos a Beatriz Sarlo que aplaude entuasiasta al cero-carisma santafecino, que dice que se trata de un tipo que "toma riesgos". Recordemos también como Binner rosqueó en el armado de listas, efectivamente, con mucha más cintura que Pino, que quedó solito.
Está actuando como un peronista. Está siendo pragmático. Es verdad. Pero ¿Y la moral?  ¿Y las buenas formas? ¿Dónde quedaron? El pilar del discurso de Binner, la alta moralidad en la que se erigía se cayó en unas pocas semanas, dejando desconcertados a sus seguidores. Estos, hacen piruetas para justificar sus actos.
El problema es que no se puede llegar al poder ni gobernar inocentemente, no se puede, en la "real politik" ser impoluto y a la vez construir poder. O uno es un honesto impoluto o pragmático. Creo que Binner no es ni chicha ni limonada. Por ahora, se queda a mitad de camino. No es lo suficientemente impoluto para poder dar lecciones de moral y ponerse como una alternativa superadora, ni tampoco es tan pragmático como para llegar y mantenerse en el poder. Veremos si esta hipótesis se confirma con el tiempo. Pero si no lo es, cada vez más se trasnformará en una contradicción andante. Porque mientras más maniobras realice, menos sentido tendrá su discurso honestista.
Si bien, tras las elecciones de ayer se establece como un candidato opositor sólido, no le da el cuero todavía para mostrarse como una alternativa real.  La gente no va a cambiar un gobierno percibido como de izquierda por otro percibido del mismo modo. La gente usa un paradigma blanco-negro. Cuando se caiga el oficialismo, será porque se caiga económicamente. Y ahí no vendrá otra izquierda, no vendrá Binner, sino Macri o algún otro candidato de la derecha.

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