viernes, 29 de julio de 2011

¿Quién es Ayn Rand, la filósofa de extrema derecha que Macri admira?

¿Cómo hace Macri para dormir por la noche mientras sabe que en el Borda se mueren de frío? Ahora tenemos la respuesta: concilia el sueño leyendo a la filósofa y escritora de extrema derecha Ayn Rand y duerme tranquilo, sin remordimientos. 
Ayn Rand es la pensadora referente del movimiento norteamericano reaccionario y fundamentalista de derecha, el Tea Party. Expresa el capitalismo más salvaje. Explicita al máximo el egocentrismo como valor positivo, que expresa el liberalismo o, como se dice coloquialmente, "la derecha". Para conocer su pensamiento, basta decir que una de sus obras se llama "La Virtud del Egoísmo". Se trata de una persona que, en el pensamiento económico, quizás esté a la derecha misma de los padres fundadores del neo-liberalismo, Milton Friedman y Friedrich Hayek.
   
Roberto Caballero nos da un pantallazo sobre la vida de Rand.

"Nació en San Petersburgo, Rusia, el año 1905, y murió en Nueva York, en 1982. Su verdadero nombre era Alisa Rosembaum. Fue guionista en Hollywood y luego novelista. En libros como La rebelión del Atlas se propuso desmitificar el paraíso comunista detrás de la Cortina de Hierro y defender los valores fundamentales de la sociedad estadounidense: un grupo de hombres libres que desató su genio productivo como único motor de la creación de la riqueza. Gurú de una corriente filosófica llamada “objetivismo”, que defiende el egoísmo racional, ataca los principios solidarios y rescata a un único sujeto social lleno de virtudes: los empresarios. El mundo, para Rand y Macri, se divide entre “los creadores” (los entrepreneurs) y “los saqueadores” (la gente que no lo es). El objetivismo reivindica el capitalismo, se opone a cualquier forma de cooperativismo asociativo, y detesta al Estado como regulador de la economía y la vida de las sociedades.".

Veamosla aquí, donde nos explica en una entrevista porqué para ella el altruísmo es un valor negativo.





Hay más, pero creo que es suficiente con eso para conocerla. Exuda elitisimo y reivindica el egoísmo como valor positivo, de una forma tan fanática, que se acerca a la misantropía.  Y este dato es interesante: hasta para Gabriella Michetti, Rand es demasiado de derecha, según le expresó a La Nación tras leer una de sus obras: "A mí el libro me provoca una doble reacción, una de ellas muy visceral. Por un lado, lo empezás a leer y te pega muy fuerte la exaltación de la construcción personal, el heroísmo y la creatividad en el armado de la propia vida, pero a medida que avanzaba en la lectura empecé a sentir náuseas por la crueldad que tiene con el desamparado o con los pobres. Para ella, la solidaridad es un disvalor y, desde ese lugar, creo que a su obra le falta amor".

Ahora entendemos cómo gente como Macri, Durán Barba y Magnetto duermen por la noche. Leyendo a esta clase de autores encuentran una forma de creer que hacen lo correcto. Piensan que el egoísmo es bueno porque motiva a las personas a auto-superarse. Ese pensamiento, cercano a la auto-ayuda, es el que tiene esta derecha tan repugnante que borra sus marcas ideológicas en discursos despolitizados, pero que tras le maquillaje esconden las ideologías más reaccionarias.

domingo, 17 de julio de 2011

Consideraciones sobre discursos hegemónicos y contra-hegemónicos ante la segunda vuelta

Se nos plantean algunos dilemas sobre lo discursivo en medio de la "batalla cultural".

Primer consideración.

A raíz de la contundente diferencia que el Pro obtuvo en la primera vuelta sobre el Frente para la Victoria algunos progresistas han propuesto, de cara a la segunda vuelta, derechizar el discurso, o "macrizarlo". Esto sería hacerlo más posmo: algo más liviano, más pasteurizado. Un discurso conciliador, sin confrontar. Argumentan que en la campaña el discurso buscó convencer a los ya convencidos.
Acertadamente, desde FPV no han cedido ante estas críticas. Daniel Filmus dice

"Nosotros no nos vamos a “macrizar” ni en la estética ni en los contenidos porque perderíamos credibilidad. Nosotros no podemos dejarnos de manifestar por la igualdad, no podemos dejar de criticar a la gestión de Macri, no podemos dejar de decir que Macri no defendió la escuela pública, que no defendió el hospital público, que no hizo los subtes, el tema es que la protección mediática que tuvo fue de una envergadura tal que resultó imposible imponer estas discusiones…"

Está muy bien. Lo que hay que hacer es convencer a los porteños de que les conviene las medidas de izquierda, las de inclusión social. No despolitizar el discurso con globitos de colores. No quedarse solamente en esta fijación con el tema inseguridad. No ir por el voto "de derechas" cuando ni siquiera tenemos el de izquierda. Hay que ir por el voto pinista. Vender algo que uno no es se hace complejo, porque puede pasarte como le pasa al progresismo anglosajón (Blair) o la mal llamada social-democracia europea (Zapatero). Se ganan votos de derecha y después, ante el mínimo gesto hacia la izquierda los votantes se sienten traicionados y comienzan a presionar para "enderazar" al gobernante. Hasta a Obama le pasó. Y quién puede culparlos si sus representantes gobiernan a sus espaldas. Es un gran dilema porque alguien desde lo pragmático podría decirte: "Sí, no es muy democrático gobernar a espaldas de la gente, pero así podés ayudar a las escuelas y a los hospitales". Es un buen argumento, pero a largo plazo, esta vez (con todo el dolor por los sectores más postergados que son los que en lo inmediato más sufrirán con Macri), creo que conviene esperar. En esta oportunidad creo que lo realmente pragmático coincide con lo moral. Preferible es caer sin pasar vergüenza y dignamente, posicionándote frente a las próximas elecciones, apostando a la unidad de la izquierda (con un Pino seguramente ya desvanecido del mapa político). Éste es el camino estratégico que hay que proyectar para el 2015. Y es el que ya se está planteando para la segunda vuelta.  No hay que derechizar el discurso. Si no entienden hoy, algun día tendrán que entender que la desigualdad contamina a todo el tejido social, que nos afecta a todos. Se trata de demostrarles a los porteños que les conviene la inclusión social, no criminalizando la protesta, sino la desigualdad. Los estudios sociológicos demuestran que no es la pobreza la que se traduce directamente en delitos, si no la disparidad en los ingresos. Allí hay que poner el foco. Es tarea nuestra, de los militantes, plantear estas discusiones ideológicas.


Segunda consideración. 

La pasteurización del discurso tiene otras manifestaciones que hay que desactivar: aparece una falacia que, Longobardi a la cabeza, los medios hegemónicos han tratado de plantar. Éste periodista ha dicho que el militante es una persona anti-democrática que quiere eliminar al que piensa distinto.
Todo esto a raíz de los dichos, comentados hasta el hartazgo, vertidos por Fito Páez en Página/12. Quieren decir que como a Fito no le gusta lo que votó la mayoría entonces debe ser un fascista que no quiere que la gente vote. Falacia, muy baja, muy pobretona.  La gente se equivocó, sí, las mayorías a veces se equivocan y no es anti-democrático decirlo. Fito ejerce su libertad de expresión, la libertad de indignarse, entristecerse o encolerizarse. Cuidado con los razonamientos falaces. Ni Fito ni quienes pensamos en que se votó equivocadamente atacamos la democracia. Creemos que esto forma parte de un aprendizaje dentro de un régimen democrático. Preferimos este aprendizaje a cualquier dictadura. Tampoco esto implica, como razona hoy Hernán Brienza en Tiempo Argentino estar a un paso del voto calificado o a una posición elitista o vanguardista porque es exagerar hasta el absurdo una opinión. Nada de esa opinión hace pensar que se prefiera el voto calificado o una dictadura en su lugar.
Volviendo a Longobardi, lo que se observa son distintas concepciones de la democracia. Para ellos (al menos desde el discurso) la democracia consiste en que hayan dos o tres posiciones, nunca muy extremas, sobre la política. En el caso hipotético de que una triunfe ya no existiría democracia.
Se opone a otra visión de la democracia que consiste en que las mayorías elijan cómo gobernarse, a través de qué mecanismos, y por quién. Por ejemplo, si la gente quiere ser gobernada por Hugo Chávez (o Macri) hasta que éste muera, ésto es lo más democrático. En democracia, las mayorías deciden, tienen el poder. Otro ejemplo es el cubano. En Cuba la gente, en una abrumadora mayoría quiere gobernarse como efectivamente hoy es gobernada. No es cierto que sea una dictadura. Lo que hay es autoritarismo, porque se persiguen opositores y eso es inaceptable. Pero no hay que confundir lo anti-democrático con lo autoritario. Anti-democráticos son ellos que no quieren las re-elecciones indefinidas porque va contra el versito republicano que tanto rezan. Cuando es lo más democrático que hay: que gobierne quien la mayoría quiere que gobierne. Ese versito republicano es un chamuyo al que sólo recurren cuando les conviene porque algún "tirano populista" toca sus intereses. 

No es anti-democrático entonces, como dice el señor Longobardi, ni siquiera autoritario, que nosotros los militantes queramos que no haya más gente que no piense como nosotros, porque no queremos silenciarlos a través de la fuerza (que sería autoritario), no queremos callarlos, lo que queremos es, pacíficamente, convencer a todos y que esto se manifieste en el voto. Para que luego el gobierno refleje la voluntad popular y no posiciones pasteurizadas y pre-determinadas (a la usanza del falso bipartidismo yanqui) como prefiere el establishment.
Esto que intentan instalar desde la hegemonía mediática de que somos intolerantes porque no queremos más neo-liberales es como decir que es intolerante que no queramos más asesinos seriales. Porque, como argumentamos anteriormente, el neo-liberalismo es una ideología asesina. Hablan del "que piensa distinto" con una liviandad enorme. Dicen que no toleramos "al que piensa distinto" como si estuviésemos hablando de gustos de helado. No los vamos a suprimir violentamente, pero sí queremos ganar una batalla cultural, sí queremos convencer a todos aquellos colonizados por el discurso liberal, egocéntrico e individualista. Porque por eso se mueren niños de hambre. Personas en situación de calle mueren de frío. Porque genera estrés social, baja autoestima en los postergados que se traduce en odio, que se traduce, a su vez, en esa inseguridad que tanto les preocupa. Su ideología la genera. Y no vamos a tolerar gente que muele a palos a personas en situación de calle (aún si están embarazadas). ¿Dónde está la "parte de la razón" de la que habla Longobardi que ellos deben tener cuando arman listas negras de estudiantes que molestan? O cuando espían a comuneros. Cuando deliberadamente no arreglen escuelas y un sifín de políticas asesinas de Macri. 
Y todo esto no lo vamos a manifestar apoyando dictaduras (como hicieron los que hoy se rasgan las vestiduras crucificando a Fito) o a través de la violencia, sino que lo vamos a expresar en las urnas.

miércoles, 6 de julio de 2011

Macri, la meritocracia y el racismo de la inteligencia

"El racismo es propio de una clase dominante cuya reproducción depende, en parte, de la transmisión del capital cultural, un capital heredado cuya propiedad es la de ser un capital incorporado, pero aparentemente natural, nato."

Pierre Bourdieu, en "El racismo de la inteligencia".

 
Mauricio Macri anuncia orgulloso por su Twitter que va a entregar becas al estudiante con "el mejor promedio de escuelas medias de cada comuna, equivalente al salario mínimo durante 5 años para continuar sus estudios universitarios". Ésta, entre otras medidas, premian los "mejores desempeños". Dice que con este compomiso quiere "reconocer el esfuerzo y el mérito y demostrar que no todo da lo mismo".
 
Detrás de esta medida que aparenta un "premio a los mejores" se esconde el mito y la falacia del mérito que, a su vez, está subordinado a otro mito más grande y que es piedra angular del capitalismo: el libre albedrío.
 
Estos mitos siempre se hacen presentes en los discursos reaccionarios e individualistas. 
Una vez un querido amigo que ha pensado estos asuntos en profundidad, me comentaba cómo unos conocidos suyos se indignaban con los altos sueldos que cobran los camioneros de Moyano. Se preguntaban:"¿Cómo un camionero va a ganar más que un médico?". Meritocracia. Es el mito que también permite hablar de que cada uno tiene que conseguir lo suyo sin "mamar de la teta de Estado". 
Es uno de esos razonamientos del sentido común que legitiman un estado de cosas. Legitiman a un sector dominante frente a los dominados y se justifican ante ellos mismos como dominadores.  Según Bourdieu, la meritocracia constituye un racismo de la inteligencia.

Existen dos tipos de talentos que en apariencia lo dotan a uno de mérito: uno que viene como consecuencia del esfuerzo y la práctica , y otro que es nato, biológico.
Está en relación con esa vieja discusión de que si la excelencia la hace la práctica o es puramente nata. Vamos a ver que ninguna de las dos implica un mérito.

Empecemos por el primer tipo. El talento que viene por el esfuerzo y la práctica. Pensémoslo también en relación a la medida de Macri.


¿Dónde está el mérito de sacarse buenas notas? ¿Tiene mérito el que se esfuerza? ¿Por qué se esfuerza? ¿Qué lo lleva a hacerlo?

El que se saca buenas notas lo hace porque quizás tuvo padres que lo exigieron, que por ejemplo, hicieron que lea desde chico. Y tampoco hay mérito de los padres, ellos también reproducen los valores con los que fueron educados por los suyos propios.

Pero fundamentalmente, en el caso de las escuelas estatales, el que se saca buenas notas es el que se alimentó bien. El que no pasó hambre. Ahí viene la idea de Bourdieu: se mantiene una estratificación por herencia. 
Esto se manfiesta en todos los ámbitos. Hay una dominación económica que se manifiesta y entrecruza con lo simbólico (el título, la calificación,etc.). Hay siempre en el sistema capitalista una ventaja (la herencia) del que está, de movida, en una posición favorable. Una ventaja económica que después se funde en lo simbólico. Así aparece un papelito que dice: "Estas miles de hectáreas son mi propiedad privada". "¿Que cómo conseguí las tierras? Mis abuelos se esforzaron mientras los tuyos se rascaban". Obviamente sabemos que no, que el que tiene tierras es porque las tomó por la fuerza, matando a algunos y sometiendo a otros. Y aún si fuera cierto, tampoco hay mérito de los que trabajan porque no eligen hacerlo, lo hacen porque así fueron educados. 
Como me hizo ver este querido amigo del que les hablé: Está ahí, ésta es la clave de la justificación del actual orden.
Esto tan fortuito, la posición económica en cual a un tipo le tocó nacer (como a Mauricio le tocó ser hijo de Macri), es lo que luego genera las condiciones que les permiten a los dominadores justificar la estratificación: "Yo me merezco tener los más altos sueldos, me merezco ser el dueño, me merezco estar por encima tuyo".  
Por lo tanto: cortémosle el chamuyo. No existen "igualdad de oportunidades" en el capitalismo, porque no hay igualdad de posiciones.

Lo que hay que hacer no es premiar al que tiene mejores notas, si no ayudar a los sectores más postergados a acceder a tener la posibilidad de sacarse buenas notas. Como bien apuntan en el blog "Tirando al Medio": "Tenemos el mundo patas para arriba porque el concepto de la beca no debe ser para el mejor sino para el que lo necesita. Se supone que el pibe que obtenga el mejor promedio, en líneas generales lo hará porque tiene determinadas condiciones sociales más favorables que otro".

Empero, el individualista se empecinará en justificarse: "Yo elegí estudiar, yo elegí esforzarme, elegí quemarme las pestañas estudiando para médico" o "yo elegí laburar y a estos vagos que eligen rascarse les dan planes sociales". Entra el factor "libre albedrío", madre de todos estos mitos sobre el comportamiento humano.  
Nadie elige nada.  Si estudiamos, es porque todas las determinaciones sociales (sumadas a las naturales que veremos en breve), la cultura, nuestras experiencias, lo que tomamos del entorno, nos lleva a hacerlo. No podemos salirnos de nuestras experiencias para tomar las decisiones que tomamos. No hay magia, es causa y efecto. No elegimos estudiar, sino que devenimos en estudiantes porque, dadas nuestras experiencias, creemos que será lo mejor para nosotros. No tenemos ningún mérito.

¿Podemos sacar chapa, podemos enorgullecernos por algo que no elegimos? No parece racional. Se cae el mérito de la práctica y el esfuerzo, porque no elegimos practicar ni esforzarnos. 


Entonces, vemos que lo que Macri premia, es un auto-premio, un premio que justifica su propia clase, que premia algo adquirido. Algo que aparenta ser nato, como dice Bourdieu en el texto referenciado al comienzo.
Pero guarda, que otra vez suena la alarma. Aparece el segundo tipo de mérito, el nato. Este "talento", el proveniente de la genética, ¿es realmente meritorio?  Pensemos en Mozart. ¿Cuál es el mérito de Mozart en ser Mozart? ¿Qué hizo él para merecer ese talento? Nada.Cae el mito del mérito por lo biológico. ¿Por qué premiar al talento nato? ¿Qué culpa tiene quien no tiene una facilidad nata para las matemáticas o la lengua? Se construye un darwinismo social. Se premia a quienes tienen los talentos requeridos por una circunstancia y los demás, que se pudran, que se jodan. Así piensa la derecha.
Si uno se guía por lo que sabemos hasta ahora, no existe algo más alla de lo cultural y lo biológico. No hay forma racional/científica de sostener la idea del libre albedrío, de que uno elija algo. No elegimos ni tener un talento, ni elegimos tener el entorno y las experiencias sociales que nos inculcan que nos conviene esforzarnos para desarrollarlos. Todo nos sucede sin que lo elijamos de antemano. Vamos deviniendo en lo que somos y no elegimos nada. Si no elegimos nada, no existe ni el mérito ni la culpa.
Desmitificando el mérito biológico/genético y el cultural/social, junto con el del libre albedrío podemos desactivar los discursos reaccionarios e individualistas de la derecha y empezar a deconstruir aquello que sustenta un sistema genocida, injusto e ineficiente como el capitalismo.
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