domingo, 2 de diciembre de 2012

Ninismo, populismo, gentismo y lo que está en juego el 7D

Una gran porción de la población ha pensado hasta aquí la batalla que ha dominado la política nacional estos últimos años en los términos de una pelea entre "Clarín y el Gobierno". Suelen presentarse como neutrales. Se sienten en el medio de dos gigantes que libran una batalla que no les incumbe. Uno es un grupo multimediático y el otro es el gobierno de turno. Ellos se sienten por encima de la disputa. Son ninistas, no están ni de un lado ni del otro. Entienden que hay una batalla por el poder entre una corporación que busca defender sus intereses y un gobierno que quiere manejarse más libremente, achicando a ese gigante que lo condiciona y así perpetuar su poder. ¿Podríamos decir que esto es falso? Definitivamente no. Pero esta interpretación es superficial, no alcanza a ver más que la punta del iceberg.

Esta forma de entender el conflicto ha recibido acertadas objeciones:

A) Que es perjudicial para la democracia que un gobierno elegido por el pueblo tenga el mismo poder que un grupo económico que no eligió nadie (y actúa como un partido político no electoral o no-partido).
B) Que la Ley de medios que impulsa el gobierno cuando decide enfrentar a Clarín toma reclamos de distintos espacios de militancias históricas por la comunicación alternativa, que fue la ley debatida de la forma más participativa desde el retorno de la democracia, que fue votada por amplia mayoría en el Congreso. Y además que ésta Ley de Medios quedará cuando el gobierno actual ya no esté.
Cuando recorremos tales objeciones entramos en un plano de complejidad más interesante, pero aún no llegamos al fondo de la cuestión. ¿Qué es lo que realmente está en juego el 7D?
Tras ese día el país no cambia mágicamente de la noche a la mañana. Nadie que antes era opositor se amanecerá kirchnerista. Tampoco, por lo que detallaremos a continuación será más permeable a lo que se ha dado a llamar "el relato". Mucho menos habrá un ataque a la libertad de expresión o un monopolio estatal de los medios porque eso no lo permite la Ley, cuyo espíritu es indudablemente democrático, claramente anti-monopólico. 
Pero para entender el combate, primero tenemos que saber quiénes son sus participantes.
Sabemos que Clarín es un oligopolio multimediático ultrapoderoso. Pero representa mucho más, representa el establishment argentino, porque aliado a Clarín está nada menos que la Sociedad Rural y gran parte del capital concentrado. Y el grupo de Ernestina y Magnetto, como sucede en todo el mundo, es un conglomerado mediático que funciona como la verdadera oposición a los gobiernos. Puede llamarse Clarín o Televisa, Globovisión u O Globo, aunque esa entidad no es la que te convence siempre de cómo pensar ante cada cuestión, sí es la que marca la agenda de lo que importa, de lo que merece ser atendido y por sobre todas las cosas impone un sentido común. En situaciones normales no te dice cómo pensar puntualmente en cada tema pero sí te pone dentro de una caja que no se puede derribar. De forma que el sólo hecho de pensar algunas proposiciones sería ridículo o inverosímil. Por ejemplo, comunicación sin fines de lucro no entra en esa caja (recordar el Lanata dixit: "¿Quién va a escuchar la radio de los wichis?"). Sería inconcebible que ante un paro de subtes el medio se preocupe por las promesas incumplidas de la patronal hacia los trabajadores. Lo naturalizado es preocuparse por el caos del tránsito o la falta de responsabilidad o comunicación de las partes. En definitiva, este tipo de medios forma sujetos. Los crea y después habla en su nombre: "la gente dice que...". Esa "gente" es en particular el sujeto mediático. Para caracterizar este proceso, tomemos al gran Nicolás Casullo. Lo que podríamos llamar gentismo, "exhibe el más natural conformismo de valores y conductas de un ser social tipo: instala una cultura de derecha sin partidos desprestigiados, en múltiples detalles y alocuciones (el ordenamiento de un noticiero, el tipo de pregunta de un movilero, la indignación de un locutor, la broma de un animador). Una cultura que atraviesa lo comunitario desde el alarmismo social, la antipolítica, el sentimiento ciego, el protolinchamiento permanente, el cinismo, el termómetro de la inseguridad, el analfabetismo ante toda cuestión compleja, la vacuidad temática del rating, el comportamiento histérico". Casullo da en el clavo cuando habla de la antipolítica. Aunque animándonos a polemizar, podríamos afirmar que no es que los medios construyan personas de derecha sino sujetos que, por odiar o desestimar la política, son funcionales a la derecha. Hay algunos de estos con ideales vagamente de izquierda, pero de izquierda al fin, que por la influencia de los medios nunca se meterían en política porque "es sucia y todos los políticos son iguales, todos chorros". Ese tipo de sujeto moldea el medio hegemónico, porque debilita la política para poder condicionarla e imponerle sus intereses. Nada les conviene más que el desprestigio de la política, porque saben bien que el poder político es el único que puede menoscabar el suyo, que es el económico.


Entonces, de un lado está "la gente común", que son los incluidos, esos que merecen formar parte del debate público, los que pueden cortar las avenidas más importantes sin generar caos de tránsito y ciudadanos que participan de manera siempre "espontánea". No es sólo Clarín, es el gentismo, que lo incluye pero también lo desborda porque todos los canales privados participan de este modelo, sólo que Clarín es el arquetipo y el más poderoso simbólicamente. ¿Y del otro lado qué hay?
Del otro lado hay un gobierno, sí, pero que no es cualquier gobierno. Es un gobierno populista. No vamos a definir este término por su complejidad y extrema polisemia pero sí lo vamos a caracterizar en algunos rasgos relevantes al tema.
El populismo kirchnerista, como todo populismo, se basa en la dinamización del pueblo. Entender lo que es el pueblo es fácil, lo difícil es explicarlo. Pero podría decirse que el pueblo es lo excluido, no necesariamente económicamente sino culturalmente. Los que no forman parte de la sociedad, sin voz ni visibilidad. Lo que hace el populismo, como dice Sebastián Barros, es una radical inclusión de aquello antes apartado. Le da voz a los que no tenían voz. En el peronismo fueron los "cabecitas negras", en el kirchnerismo, los gays y transexuales. El populismo aglutina constantemente desplazados, pero cuya identidad siempre es a medida que niega otra. De ahí el antagonismo. No hay forma de unir descamisados con la oligarquía, por ejemplo.
El kirchnerismo incluyó a través del Matrimonio Igualitario ("Bienvenido a la militancia" le dijo Néstor a Alex Freyre tras la aprobación de la Ley, que es en realidad "bienvenido al campo popular"). O en el caso de la Ley de medios, intenta sumar a los movimientos de comunicación alternativa y a los pueblos originarios.
La fuerza del populismo es que se apoya en la materialización de una realidad concreta que se realiza por y en la política. Ésta, como herramienta para transformar la realidad, algo imposible en el marco de referencia del gentismo. Hoy tenés vacaciones pagas, ayer no. Gracias a mí, la política. El gentismo se legitima a través del odio y del miedo ("Entran por una puerta y salen por la otra", "El que mata tiene que morir", "Nos están matando a todos") mientras que aquel se da fuerzas también con el odio ("golpistas", "gorilas") pero también el amor ("El amor vence al odio", "El club de la buena onda"). Como se ve por estos enunciados, esto rebalsa la política, el populismo y el gentismo son poderosísimos porque se basan en la cultura, en lo identatario, lo emocional, los gustos estéticos y estilísticos. Son formas de "estar en el mundo". Es escuchar cumbia o música electrónica, es ver un programa de análisis político de TV por cable o ver a Tinelli. Es sentirse parte de la Argentina blanca o de la negra. Y esto puede operar inconscientemente, por lo tanto, más poderoso aún. Tanto el gentismo como el populismo apelan a cosas mucho más fuertes que la ideología o la extracción de clase, que operan a nivel antropológico. Interpelan en lo cultural. Al "Yo" que es en oposición al "Otro". Estas representaciones antagónicas son siempre así. No las inventa el populismo, las toma de un conflicto de incluidos versus excluidos que es anterior. El populismo peronista no inventó la división entre oligarquía y descamisados, eso estaba en diversas dimensiones (económicas, sociales), pero lo lleva a la política para disputar el poder real y cambiar el status quo. En el caso kirchnerista, Clarín jugó un rol fundamental en la derrota de la Ley 125. Cuando se da cuenta que el verdadero poder hegemónico que debe disputar no lo tiene Cobos o un partido político, sino Magnetto, ahí Nestor lanza el "Qué te pasa Clarín, ¿estás nervioso?". No inventó el conflicto pero lo puso en el tapete y ahí comienza la pelea por la hegemonía.
Para ganar esa disputa contra el más poderoso el kirchnerismo se apoya en uno de los campos de representación (o sea, cómo se caracteriza a sí mismo un colectivo) que es el pueblo, de ahí su poder y legitimidad. No es un gobierno más, es un gobierno popular. El que da la asignación universal, el que jubila a quienes no aportaron, el que da casas, fútbol gratis en HD, altos sueldos y el que incorpora a los antes excluidos.
Entonces, el 7D comienza la batalla final para saber qué tipo de sujeto se formará en las próximas décadas. Nada cambiará de un día para otro, los cambios culturales toman tiempo, pero la disputa es ese nuevo sujeto que, no es que será un zombie que se haga kirchnerista el 8D, sino que será una persona que no negará a la política, no pensará que son "todos chorros" y hasta pueda ver la política como algo más que mera gestión. En resumen, aquí hay mucho más que una confrontación entre un grupo económico y un gobierno. Tanto el Gobierno como Clarín son más que eso. El Gobierno es un gobierno populista y Clarín es un multimedio hegemónico, y por lo tanto, gentista. Ambos polarizan, es decir, atraen similares y confrontan. Es momento de dejar de lado reivindicaciones singulares (sin duda atendibles) para que el árbol no tape el bosque y entender que el resultado de esta contienda será como la explosión de un Big Bang que nos afectará todos. No hay forma de estar por fuera de él, por más que uno no tome partido. 
El gobierno pasará, pero la les leyes y los medios quedarán. Entonces ¿Qué medios queremos? ¿Populistas o gentistas? En otras palabras, ¿estás con el "pueblo" o con la "gente"? ¿Con la democracia o las corporaciones? Es momento de decidirse si uno va a estar del lado que aglutina lo popular (donde entra lo comunitario, lo revolucionario, la comunicación alternativa en general) o del bautizado por Víctor Hugo Morales como "lado Magnetto de la vida", que despolitiza y domina a través del miedo. Es momento de tomar partido. Y vos chabón, chabona... ¿de qué lado estás?
Los que ya sabemos que estamos de este lado tenemos que tener en cuenta que el objetivo del kirchnerismo debe ser fomentar desde el Estado medios alternativos y medios que formen parte del campo popular. La designación de Martín Sabbatella en el AFSCA y la gran inversión que el Estado está a llevando a cabo con la Televisión Digital Terrestre son muestras cabales de la comunicación nacional y popular que está naciendo. Quedan muchos escollos (la adecuación de Clarín y la dificultad de subordinar a Telefónica) a sortear, pero con compromiso y apoyo militante la Ley puede cumplirse íntegramente.Multiplicar es la tarea. Sobre todo, generando nuevos sujetos que sí se consideren partícipes de la política y vean en ella una forma de transformar la realidad. Es ésto y no el (necesario) desguace de Clarín lo que garantizaría una real victoria en la batalla cultural.

sábado, 25 de agosto de 2012

Nuevas expresiones de gorilismo. Hoy: Prohibir la cumbia en el colectivo

Seguimos con las nuevas expresiones de gorilismo, actualizadas al Siglo XXI. En este caso, la novedad vino desde San Juan: prohibirán escuchar música sin auriculares en los colectivos. No es cierto que el gorilismo esté sólo en Capital, esto nos demuestra que existe en todo el país.
El fenómeno de la música fuerte en el colectivo, fuente de
crispación gorila
El fenómeno de los chicos que escuchan música fuerte (generalmente cumbia y reggaetón) es interesantísimo y se viene comentando hace rato. Aquí lo tenemos a Mario Mactas en orgía goligárquica quejándose de que la cumbia no es música. Bien decía Dante Palma, lo que le molesta no es la cumbia, sino la gente que escucha cumbia. Esta medida es aplaudida por la patética clase media gorila, que pide que sea adoptada por Scioli y Macri. Y parece que su deseo será concedido. En La Plata lo quieren hacer y, como era de esperarse, el PRO recogió el guante y plantea hacerlo en la Ciudad de Buenos Aires también. No sorprende. Sólo hace falta agarrar cualquier comentario al azar de Infobae para observar el racismo y odio de clase que los lleva a aplaudir la iniciativa. Pero de aquel video, no discutamos con Mario Mactas, es más interesante centrarnos en María Pía López, que dice en 678 que se siente “invadida” cuando escucha música fuerte por la calle. Aunque por responderle a Mactas se refiere particularmente a los autos con música fuerte y no a la música en un transporte público, un fenómeno distinto. No resiste al análisis lo de Mactas, que representa a esos que en realidad lo que les jode es ver que en esta Argentina "esos negros" tienen un celular cada uno (¡algunos hasta tienen un Blackberry!) y encima tienen el tupé de no guardarse esa "horrorosa cumbia" para ellos. Pero no todos los que apoyan la medida lo hacen por esas razones. También está lo que alega la compañera María Pía, que no sabemos si estaría o no a favor de una prohibición (supongo que no), pero lo que sirve es su argumento, que podemos extrapolar a este caso por razones analíticas. Es más interesante para debatir y además, como la conocemos, sabemos que no proviene de un racismo o gorilismo. Es verdad que hay una invasión, se produce un conflicto en el caso de la música fuerte en un transporte público, pero operan muchas cuestiones en ese fenómeno. Hagamos un análisis fino entonces.
Lo primero que hay que hacer es plantear la auto-reflexividad, como diría Bourdieu: ¿Por qué nos molesta lo que nos molesta? ¿Por qué nos quejamos del pibe que se sube escuchando música antes que el bocinazo fácil que tenemos los argentinos, y muy especialmente los porteños? Existe una construcción social del gusto, como dice Bourdieu, y estos expresan una ubicación estructural que produce legitimaciones (por “prestigio social”) a algunas manifestaciones culturales y a otras las deslegitima. La cumbia es una expresión popular de clases sociales subalternas que no gozan esa legitimación. Claro que todas las clases sociales escuchan cumbia, pero no es la misma práctica social que opera cuando la escucho yo (alguien de clase media) que cuando la escucha alguien de clase baja. Las prácticas y las pertenencias sociales que se ponen en juego son distintas. En el caso de las clases bajas, escuchan cumbia porque la sienten su música, expresan su subalternidad, y es una rueda de auxilio de alegría para una vida dura y de penurias. Yo me pregunto cada vez que empieza a molestarme demasiado la música fuerte: ¿Me molestaría igual si los chicos subieran escuchando Pink Floyd en el celular en vez de reggaetón? ¿Por qué me gusta Pink Floyd y no el reggaetón? ¿Podría sostenerse que una música es mejor que otra? Así volvemos a la construcción social del gusto y su legitimación que desarrolla Bourdieu en sus trabajos. 
Otra pregunta igual de interesante es: ¿Qué expresan estos chicos que, a pesar de que cada uno tiene un celular, se van turnando para pasarse música y escucharla en comunidad aunque la música en un celular se escucha decididamente mal? Caractericemos un poco más el fenómeno, porque ha cambiado a través de los años. Antes veías muchos chicos en grupo. Uno sólo tenía el celular, y de ahí escuchaban. Después de tantos años de crecimiento económico, ahora ya tienen cada uno un celular, y se van turnando para elegir una canción, escuchan música en grupo, ¿Y por qué no habrían de hacerlo así? Adhiero a la idea de que las clases populares son menos individualistas que las medias y altas, porque esto también es una expresión cultural de una situación estructural. Las clases bajas llevan esa práctica comunitaria a cada lugar que van, porque lo maman desde chicos: se crían en cercanías, a veces hasta hacinados. No tienen cada uno su cuartito como tienen algunos la suerte de tener, y por lo tanto, no respiran esa individualidad que lleva a naturalizar que se deba utilizar auriculares para escuchar música. Y no podemos naturalizar algo que podría ser tranquilamente de otra manera. Es una construcción arbitraria: ¿Por qué todos tenemos que ir cada uno con celular y auriculares? ¿Quién lo dice? ¿Sony? ¿Por qué cada uno por su lado, aislado y sin romper esa "normalidad" fría y aséptica?
Pero vayamos al caso más complejo: el chico ya no en grupo, sino sólo, que sube con un celular y escucha música fuerte en el bondi. Escuchar cumbia fuerte es una expresión popular, aunque a veces no sea consciente, es una resistencia, que va contra la moral y las buenas costumbres. En el post anterior hablamos de las conductas esperables, ese deber ser que se le busca imponer a las clases bajas, generalmente sin éxito, porque suele producirse un choque cultural, una incompatibilidad. Aquí se esboza algo similar.  Aunque no hay una conciencia de clase entendida de la forma marxiana, sí se expresa la diferencia con un Otro. Quiero decir que no es el Otro en referencia a la posición frente a los medios de producción, pero sí a una pertenencia cultural a un grupo social: escuchar música en auriculares es de cheto. Se lo asocia a la tristeza, al ostracismo. ¿Por qué tenemos que, a la fuerza, imponer nuestras prácticas culturales?¿Por qué un grupo siempre quiere “civilizar la barbarie” con la coacción y la represión? Ya las clases populares, tristemente, han sido amansadas bastante, tras tantos años de exclusión, represión y humillación. Basta. A la pequeña muestra de auto-estima que es decir “acá vengo yo, tengo mi celular y lo puedo escuchar fuerte aunque no te guste mi música”, ante esa mojadita de oreja de las clases populares a las medias ya se gesta la idea de reprimir. Es llamativo, porque tengamos en cuenta que esta medida encuentra apoyos en todos los sectores ideológicos de la clase media. Rebalsa la pertenencia ideológica, porque no se alcanza a ver un trasfondo cultural más profundo que opera subterráneamente.
Es un pequeño gesto de resistencia ante una moral de buenas costumbres burguesas, y por eso es una expresión interesante. No es mucho, pero es un comienzo. Estemos atentos a estos discursos de represión. Y no dejemos que se apague esa llama, esa irreverencia popular de la que hablamos en el post anterior sobre las formas de ser del pueblo argentino.
Si no te gusta su música, preguntate porqué. Y si te sigue molestando, bancatela. Si no te gusta ponete vos los auriculares, ¿por qué obligarlos a ellos? Y si no tenés auriculares a mano, ponete tapones, hacé lo que quieras pero basta ya de represión. Es mucho mejor el diálogo entre culturas (sin paternalismos o demagogia claro, pero sin soberbia y mucho menos coacción), que la imposición de una sobre la otra. Y sino puede haber ese diálogo, como dijeron los Beatles: let it be.

sábado, 18 de agosto de 2012

Nuevas expresiones de gorilismo. Hoy: Susana Viau

El gorilismo es siempre un elitismo que, montado sobre prejuicios, mira por encima del hombro a las clases populares, con soberbia y reprobación.
Como reacción a nuevos fenómenos que produce la realidad argentina se observan interesantes expresiones de gorilismo, que si bien son nuevas, manifiestan una continuidad o una actualización de discursos que circulan hace años en parte de la sociedad. Por ejemplo, prohibir que los chicos se suban al colectivo escuchando sin auriculares la horrosa cumbia, como quieren hacer en San Juan. Otras son menos novedosas, como el caso de la columnista de Clarín, Susana Viau.
Víctor Hortel y Vatayón Militante junto a la Murga del Penal de
Marcos Paz, cosas que crispan a Susana Viau
Desde las páginas del oligopolio manchado de sangre, Viau se monta sobre autores anarquistas (que ante tal burda utilización, pobres, no pueden defenderse, sólo les queda revolcarse en su tumba) como Kropotkin para destilar asco por las expresiones populares argentinas. Esto lo hace en el marco del rechazo que le da que los peronistas seamos quienes expresamos el progresismo en el país, y por eso rechaza el trabajo de Vatayón Militante para la reinserción social de los presos. Algo que si lo habría hecho una fuerza no peronista, quizás hubiese aplaudido. Pero como lo hacen los kirchneristas/peronistas, lo aborrece. Primero nos aclara que esto del activismo político en las cárceles no lo inventó el kirchnerismo (¿Alguien lo había sostenido? ¿Alguien quiso cobrar por los derechos de una idea tan novedosa?) y utiliza despectivamente la palabra "murguero". La idea principal de Viau está en este párrafo: "Para los anarquistas, la redención del delincuente era fruto de su descubrimiento de la libertad, de los ideales de justicia, solidaridad, igualdad y cultura. Para enseñarlo, ni se mimetizaban, ni adoptaban su lenguaje ni celebraban sus códigos. Tampoco había entre ellos, presos políticos, y los otros, “presos sociales”, relaciones de subordinación. Esa es la diferencia con Hortel, un embajador del poder ante la clientela carcelaria, y sus amigos murguistas: quienes aceptan cobijarse bajo los estandartes del Vatayón Militante y de los de Negros de Mierda no sólo podrán traspasar el umbral de la prisión, también vivirán mejor dentro de sus muros. Privilegios que otorgan los “Vatayones militantes”, los que usan la “v” de “victoria, de vuelta, de valor, de voto, de vino, de verga, de vagina y de vida”; favores que obtienen los Negros de Mierda –la agrupación a la que pertenece Hortel—, orgullosa de pintar sobre las puerta de sus locales “aquí si se coge (sic)”."
Viau adolece de todo lo que alguna izquierda no puede resolver desde ya más de sesenta años: la diferencia entre un deber ser aplicado a obrero rubio europeo y el obrero negro argentino (y peronista). Comparar un contexto como el de fines de Siglo XIX en Rusia, con la Argentina del Siglo XXI parece irrisorio. ¿No ve diferencias entre ambos pueblos? ¿No cree Viau que las formas de abordar cuestiones tan problemáticas pueden y deben ser diferentes dado el salto espacio-temporal inmenso entre sus comparaciones? Ella podrá ironizar mucho diciendo: "Ni Réclus ni Malatesta fueron capaces de producir esas cumbres de la espiritualidad humana; Bakunin carecía de la fibra nacional y popular que permite disfrazarse de Hombre Araña. Qué se le va a hacer: eran gente sin alegría", pero eso no borra las distintas formas que tiene el pueblo de expresarse, comparado al europeo. Viau no puede resolver la distancia entre su ideal y la realidad, por eso aborrece ésta última y, como consecuencia, es una revolucionaria que escribe en el Grupo Clarín...
El 17 de octubre de 1945 el pueblo se expresó,
pero la izquierda anti peronista nunca comprendió
Y este es un mal crónico de la izquierda anti-peronista. Ya desde el 17 de octubre de 1945, los socialistas de la época no podían entender lo distinto que se manifestaba el pueblo argentino al ideal europeo. Ante lo festivo y desalineado del obrero argento estaba aquel europeo: disciplinado y solemne. Tomamos del trabajo de Daniel James sobre aquel 17 de octubre del '45, algunos pasajes que describen cómo veían los socialistas a los obreros peronistas en medio de la rebelión y pueblada: "Esos proletarios no cantaban himnos típicos de mítines obreros, como los del 1° de mayo, no marchaban bien encolumnados, ni obedecían reglas tácitas de la decencia y la contención cívicas. En lugar de ello, entonaban canciones populares, bailaban en medio de la calle, silbaban y vociferaban, y eran a menudo dirigidos por hombres a caballo vestidos de gauchos (...) Cubrían a su paso todo lo que veían con leyendas inscriptas con tiza (...) En suma, las multitudes del 17 de octubre carecían del tono solemne y dignidad característico que impresionaba como la decorosa encarnación de la razón y los principios." Y recoge también citas de cómo se los calificaba desde los diarios comunistas y socialistas: "Una horda, de una mascarada, de una balumba, que a veces degeneraba en murga", que en definitiva no podían ser obreros ("¿Qué obrero argentino actúa en una manifestación en demanda de sus derechos como lo haría en un desfile de carnaval?"), sino expresiones "lumpen". ¿No es igualito a lo que Viau todavía no puede aceptar?
El rechazo que le generan estas expresiones irreverentes a esta izquierda tan educadita, hace que se les escapen cuestiones culturales que podrían valorar, si tuvieran la capacidad de reconocerlas. James, con una mirada más atenta, señala allí donde la izquierda miope no lo ve, una resistencia: "Gran parte de ese comportamiento festivo y carnavalesco tenía que ver con lo que podría denominarse una forma de iconoclasia laica. Aplicado en este sentido, el término "iconoclasia", según los antropólogos designa la "destrucción política y deliberada de los símbolos sagrados con el propósito de suprimir toda lealtad a la institución que utiliza tales símbolos, y además de anular todo el respeto que se guardaba hacia la ideología difundida por tal institución." Dicho sea de paso: de allí el rechazo, por ejemplo, a las universidades ("Libros sí, alpargatas no") o que el Jockey Club fue uno de los blancos principales para el escrache popular ese día. Retomamos a James: "Si observamos con cuidado las formas que asumió la actuación pública (...) veremos que entrañaban la frecuente violación de instituciones, símbolos y normas que cumplen la función de transmitir y legitimar el prestigio social. (...) Al transgredir esas instituciones, blasfemar contra esos símbolos y escarnecer sobre las normas del decoro y la buena conducta, las multitudes de octubre estaban poniendo en evidencia la impotencia de dichas instituciones y negándoles autoridad y poder simbólico".
Si tomamos las costumbres de aquel obrero europeo y lo comparamos con el argentino, ¿se puede decir que hay una cultura mejor que otra? No lo sé, pero sí estoy convencido que no hay que negar la realidad y trabajar a partir de ella. Sin excesivo paternalismo, seguro, pero tampoco con esta soberbia, rayana en la repulsión por el pueblo al que pretendés salvar.  Qué le vas a hacer, Susanita, si les gusta la murga...
No hace falta, si tanto rechazo te produce, que nos vistamos de murgueros, pero sí dialogar con las tradiciones populares, porque si no, aunque te escudes en ironías y aunque te escudes en tu desencanto, te va a seguir doliendo saber que sos gorila.

domingo, 8 de julio de 2012

Argentina frente a esta crisis global y otras que vendrán (Parte 2)


En la primer parte de éste post hicimos una descripción de la actual crisis capitalista que se conjuga, con una crisis medio-ambiental que se agranda cada día que pasa.¿Cualés son las perspectivas para Argentina? En cuanto a lo económico, no hay muchos secretos. No hay otra posibilidad: profundizar el modelo es una obligación para mantener lo más que se pueda la estabilidad del país. En un post anterior nos habíamos referido a algunas medidas necesarias: una nueva Ley de Entidades Financieras, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, una reforma impositiva y la recuperación de los recursos naturales. Hasta el momento, el avance es innegable (por la reforma del Banco Central y la recuperación de YPF) pero insuficiente. Nos encontramos con un problema recurrente en Argentina, que es el estrangulamiento de la balanza de pagos porque requerimos de la importación de bienes de capital (maquinaria) e insumos para seguir creciendo industrialmente y abasteciendo el mercado interno. Y ante un mundo en una crisis sin fondo, cada día más difícil es colocar nuestros productos en el exterior. Es por eso que las medidas de redistribución de la riqueza deben ser extremadas. 
La forma más progresiva y progresista de distribuir no es la que viene agitando el sindicalismo burocrático de Moyano, sino la reforma impositiva. Es dejar de poner en las espaldas de los trabajadores ese impuesto al consumo que es el IVA. Y se requiere avanzar de una vez sobre aquellos verdaderos “vagos”, que son los banqueros. ¿Cuál es el aporte de los banqueros a la sociedad? Hoy Alfredo Zaiat en Página/12 mencionó aquella frase de Langhorne Clemens que reza: “El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando sale el sol y nos lo exige cuando empieza a llover”. Y más importante, acompañó esa frase con datos que muestra la extraordinaria rentabilidad de este sector, que hace negocios con la riqueza generada por el pueblo. Esa pregunta sobre lo que aporta el banquero a la sociedad es una buena discusión para otro momento. La medida que tomó Cristina Kirchner junto a la presidenta del Banco Central, Marcó del Pont, para que los bancos estén obligados a prestar para producir es una excelente forma de poner en práctica las nuevas atribuciones de dicha entidad adquiridas tras la reforma de su Carta Orgánica, y funciona como un puntapié inicial para avanzar sobre estos que viven de la abundancia fácil. El siguiente paso es gravar la renta financiera. Ésta medida y la reforma impositiva, seguro que tendrán complicaciones y deberán ser bien articuladas y ejecutadas técnicamente, pero nunca podemos perder de vista que lo que debe guiarnos es la búsqueda de Justicia Social, y no la de un "capitalismo serio". Es una tarea de los militantes saber cuáles son los límites del modelo (si no nos preocupamos nosotros, nadie lo hará), que por más ejemplar que sea, se trata un modelo capitalista (sin perder de vista que se sustenta con legitimación popular, por supuesto), sistema que produce descalabros inevitablemente y concentra la riqueza si no esta ahí el Estado para corregir al mercado. Si queremos seguir cantando eso de “nuestros compañeros los desaparecidos” tenemos que hacernos cargo de aquello por lo que ellos lucharon, y no era un "capitalismo serio", sino la Patria Grande y el Socialismo Nacional. Ese es el (sí, lejanísimo por ahora) horizonte que tenemos que tener y nunca perder de vista. Si los mismos militantes no empujan a la izquierda, ¿se le puede exigir mucho más la conducción? La juventud debe radicalizarse, porque si no, quizás un día el capitalismo se lleve puesto nuestro modelo, y nos quedemos preguntando qué pasó. Los que están en la vereda de enfrente ya se están alineando y relamiendo.
Por lo tanto somos los jóvenes los que tenemos que empujar más que nunca. El gobierno ha dado sobradas muestras de su capacidad de enfrentar poderes fácticos y de tomar las medidas necesarias. Y necesario es esto, redistribuir para llegar, en primer medida, al fifty–fifty, tal cual lo dijo la presidenta. Y después de eso, seguir avanzando. Ésta fue muy clara cuando expuso que no es prioritario el aumento del mínimo no imponible, que lo que hay que hacer es preocuparse por los que todavía están en los sectores más relegados. Que en ese sentido se tomarán medidas. Cabe hacer una distinción: no está mal la tensión entre conductores y conducidos, eso es lo deseable, el problema está cuando éstos últimos quieren remplazar a los primeros. Ejemplar fue Héctor Recalde, quien presentó un proyecto (el de repartición de ganancias) que no estaba en línea con la estrategia de la conducción, y no por eso discutió la conducción misma, como sí hizo Moyano. Más ejemplar aún es lo que hace Luis D’Elía planteando el debate de una reforma constitucional o lo que hace Carlos Heller con respecto a la Nueva Ley de Entidades Financieras. Esto es proponer y defender a capa y espada un proyecto, pero sin discutir la conducción, esperando que ésta tome la decisión estratégica de avanzar.
 Y con respecto a la crisis ambiental, ¿a quién más que más que a nosotros los jóvenes nos puede importar este asunto? La cuestión ecológica sigue siendo el talón de Aquiles de este gobierno, como se apuntaba en éste post. Recuperar lo mejor del tercer Perón, su preocupación por las cuestiones medioambientales sigue teniendo valor. Debemos aspirar a que Argentina no necesite las inversiones de una empresa como Monsanto, la más representativa del capitalismo depredador. Claro que la Argentina requiere de inversiones, pero algunas corporaciones son más dañinas que otras y Monsanto es de las más. Es una tensión difícil de resolver, la necesidad de desarrollo, con los problemas ambientales que genera el extractivismo feroz.
Pero aquí, otra vez, la clave está en un problema de conciencia. Y muy complejo, porque se nos plantean paradojas. En el actual paradigma de desarrollo capitalista, el consumo es algo necesario.   No se puede caer en fundamentalismos y rechazar de plano el consumo. El sistema actual tiene hegemonía (consenso social) y requiere de la explotación de los recursos naturales. En el largo plazo, debemos buscar superar este sistema que tanto derrocha con sus ineficiencias, que agota los recursos y contamina al mismo tiempo y que tan bien retrató el Pepe Mujica. No es mucho lo que se puede hacer en el corto plazo, no hay soluciones mágicas compatibles con el capitalismo. Pero sí hay formas de, al menos, minimizar los daños ambientales y pensar qué tipo de desarrollo queremos, lo que es central. Pero esa pregunta debe ser acompañada con otras, como problematizar el consumo. Porque el desarrollo y la producción están ligados a aquel. En este sentido, son admirables y ejemplares las contra-campañas publicitarias que hace la revista La Garganta Poderosa al consumismo reinante. Esa creatividad debemos tener. El consumismo, dicho sea de paso, no es sinónimo de “consumir mucho” sino comprar ideas, status y valores asociados a los productos, en vez de   preocuparse su funcionalidad. Es realmente criminal la noción de que hay que tener para ser, entre otras ideas discriminatorias y estigmatizadoras que muchas veces se resuelven, como no podría de ser de otra manera, consumiendo. Y aquellos que no pueden acceder, son alienados.   Esa es una de las causas de lo que después se llama “inseguridad”. Así lo manifestó, basado en su propia experiencia y de una manera hermosa y contundente Camilo Blajaquis, de la revista ¿Todo Piola?, en una imperdible entrevista realizada por Eduardo Aliverti. Esta exclusión es horrenda. Siempre van a quedar algunos afuera del sistema, aún en cualquier modelo capitalista por bueno que sea. Pero lo que no podemos dejar de combatir son esos mensajes que generan derroche de recursos (por ej. la necesidad creada de cambiar el celular o el auto cada año) y aliena al que no puede mantenerse en la carrera del consumo.

Es sólo la punta del iceberg para empezar a discutir un tema que cada día que pasa cobra más relevancia que es la cuestión de los recursos naturales y la estabilidad medio-ambiental.

"Contraataque Publicitario", de la Revista "La Garganta Poderosa"



domingo, 24 de junio de 2012

Argentina frente a esta crisis global y otras que vendrán (Parte 1, diagnóstico)

Mucho se habla en los medios de "la crisis", poco se habla de sus causas y consecuencias. Y mucho menos escuchamos sobre su gravedad. Tampoco los problemas y encrucijadas que se nos presentarán en el Siglo XXI.
Esta crisis no es cualquier crisis, es algo que se viene gestando hace bastante. El sistema capitalista está viejo y con una enfermedad que viene arrastrando hace bastante, cuyos apologistas y guardianes no atinan a diagnosticar, mucho menos a curar. Y lo que es peor, si éste enfermo se recupera engendrará nuevas crisis mucho peores. Se habla de "crisis" como si fuera una maldición o un hecho mágico que pronto se contrarrestará cuando cambie el "humor" de los mercados o cuando se ajuste lo suficiente, en un plano más concreto. Estas caricaturas poco nos dicen sobre lo que nos estamos enfrentando. Sucede que estamos siendo espectadores de una crisis del capitalismo que, de seguir como va, en las próximas décadas, no sólo se presenta como una crisis de un modo de producción, sino ya una crisis civilizatoria. ¿Qué significa esto?
Renán Vega Cantor lo explica claramente: "En estos momentos se desenvuelve otra crisis que, a primera vista, hace parte del recurrente ciclo capitalista que en forma periódica desemboca en una caída drástica en todos los órdenes de la vida económica. Pero si se mira con algún cuidado, la crisis actual tiene unas características diferentes a todas las anteriores ya que hace parte de un quiebre civilizatorio de carácter integral, que incluye factores ambientales, climáticos, energéticos, hídricos y alimenticios. La noción de crisis civilizatoria es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural." En esta primera parte vamos a hacer un diagnóstico de la crisis capitalista y la crisis ambiental que se conjugan para presentarse como esta crisis civilizatoria. En la segunda parte, trataremos cómo nos afecta esto en Argentina, y qué desafíos se nos presentan.
¿Por qué una crisis del capitalismo? Porque este modo de producción se ha generalizado a todo el mundo, y ya no tiene más lugar para expandirse. Porque ha generado tal desarrollo de fuerzas productivas que el mercado no puede distribuir eficientemente, ni se presenta una tasa de ganancia que haga avizorar la conveniencia de realizar inversión productiva. Porque todos los países se enfrentan a deudas impagables, y lo único que se ha hecho hasta ahora es "huir hacia adelante", prestando más y más papelitos de colores sin ningún respaldo en la economía real (bienes y servicios), tapando esas deudas con otras más grandes y más acuciantes en el futuro cercano. Todos esos activos ficticios van a seguir estallando. Porque hasta ahora todo se pateó para adelante. 
Para responder a la crisis anterior (la de los setentas, la que comenzó con la decadencia del modelo fordista) el capitalismo debió recomponer la tasa de ganancia (aquella proporción de ganancia que obtiene el empresario cuando invierte) a través de lo que se llamó la "Ofensiva neo-liberal", que fue comandada por Margaret Tatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en Estados Unidos. Se desató una guerra global contra los trabajadores. Por eso el intento de desmantelar los Estados de Bienestar, los ajustes, la precarización laboral. Y fundamentalmente, la expansión asiática, cuyos bajos costos salariales, hicieron que esa tasa de ganancia se recomponga transitoriamente, sumado a todo aquello que conforma lo que se llama "globalización". Hubo cierta recuperación del capitalismo, pero duró poco. Porque China, que sí recibe inversión productiva y se transformó en "el taller del mundo", ha generado una inmensa cantidad de bienes que no encuentran consumidores. Todas las fábricas, si se quiere, se "mudaron" a China. En todo el resto del mundo los aparatos productivos fueron eliminados, porque se desmontó la industria que tanta mano de obra demandaba. En otras, a través de la robotización, producen más, pero eliminan puestos de trabajo. Esta tendencia de remplazo del hombre por la máquina es irreversible, y avanza como un un problema crítico del sistema capitalista.

Lo que realmente está detrás de la crisis es la sobre-producción. Como no hay empleo, y hay salarios bajos, esto se combina catastróficamente para eliminar al consumidor, no hay nadie que pueda consumir. La población mundial aumenta, pero su poder de compra disminuye. Al capitalista no le conviene invertir en su país, porque le resulta cara la mano de obra y mucho más caro es lo que debe invertir para ponerse a tiro con la tecnología (robótica, mayormente) que le permite competir con los monopolios que sí producen. Ni hablar de competir con China. Entonces, lo que hace la burguesía es entregarse a una orgía de especulación financiera. Se crean burbujas que crecen y luego nos explotan a todos en la cara. Este capitalismo de valorización financiera, a través de sus mecanismos cada vez más intrincados, es una timba cada vez más grande y concentra la ganancia en cada vez menos manos. ¿Qué tanta concentración hay? Bueno, el 40% de la población mundial vive con menos de dos dólares por día y el 2% más rico posee más de la mitad de todos los recursos en el mundo.
Entonces, ¿qué tenemos? Sobre-producción y al mismo tiempo, poco poder compra. Parece loco, pero esto es lo que genera el sistema capitalista: un desajuste entre producción y consumo que tanto Marx como Keynes observaron, aunque proponiendo distintas soluciones.
El problema es que el crecimiento del sector financiero ha generado un monstruo que se ha llevado puesto democracias. Bancos ultra poderosos que hicieron tanto por gestar la crisis, son los que realmente gobiernan y están a cargo resolver el problema. Esto se ve claro en Europa, el poder político está indefenso ante el económico ¿Cómo va a salir el capitalismo de la crisis si son los mismos banqueros los que gobiernan? ¿Acaso se van a auto-flagelar o eliminar ellos mismos? La población europea no parece reaccionar todavía, los medios desinforman. Las recetas de ajuste no hacen más que empeorar las cosas, lo sabemos bien Argentina.
No parece que haya una luz al final del túnel. 
Y si la hubiera, si por milagro consigue el capitalismo rehacerse una vez más, no va a hacer más que agudizar la crisis civilizatoria a la que nos referimos antes. Aunque éste es el mejor escenario posible, tendría el mundo algunos años de margen para plantearse y e intentar resolver los problemas que planteó el Pepe Mujica en la última Cumbre en Brasil. 

Mujica en Río+20, de escucha obligatoria para tener un aproximamiento a la gravedad de la situación 



¿Por qué una crisis ambiental? Retomamos también a Vega Cantor que expone cuáles son los factores ambientales que nos presentan estos problemas en el Siglo XXI.
Primero, una crisis alimenticia generada por una sobre-explotación de la tierra, en el marco de un extractivismo que se lleva puesta la fertilidad de la tierra, sumado a factores climáticos.
Segundo, una crisis hídrica. Según un informe de la ONU del 2006 hay 1.100 millones de personas en el planeta que no tienen acceso al agua. Y cada día mueren 4.500 niños por falta de acceso a ella. Como mucho de lo que sucede en el capitalismo, no es un problema de escasez (mucho puede hacerse si se invierten en esfuerzos en este tema), es un problema de acceso. Que las cosas sean abundantes no es negocio, si te pudieran embotellar el aire, lo embotellarían y lo venderían. La escasez no siempre es real, a veces es una escasez generada, pero muy lucrativa. Dice Juan José Cárcamo, profesor de economía en la UBA, en "La insustentabilidad del desarrollo económico capitalista": el mercado "no valora adecuadamente o infravalora los recursos naturales y los servicios de medio ambiente, acrecentando la explotación de los recursos renovables y no renovables, de tal forma que las sustancias extraídas de la corteza terrestre, como las producidas por la sociedad se acumulan en la biósfera (CO2, CFC, SO2), generando el efecto invernadero, destrucción de la capa de ozono y lluvias ácidas, lo que va acompañado de un deterioro sistemático de las condiciones físicas para la producción de diversidad de nuestro planeta."
Ésta es la crisis ecológica propiamente dicha, que, como señala Vega Cantor: genera "la reducción de recursos pesqueros, la disminución de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la generalización de distintos tipos de contaminación, la reducción de la capa de ozono y la destrucción de ecosistemas."
Y el punto nodal, el clave de todo esto es el agotamiento del petróleo, recurso no renovable sobre el cual se basa toda la estructura capitalista. Trabajamos contrarreloj para reconvertir la estructura productiva antes de que se acaben las reservas, ¿trabajamos? Tengamos en cuenta que una transición a otras fuentes de energía requeriría una enorme inversión, utilizando, precisamente, más petróleo. ¿Llegaremos a tiempo?

Por eso se habla de crisis civilizatoria. No sólo se hace necesario salir del capitalismo a un sistema más igualitario, sino que se requiere un sistema eficiente y en equilibrio con los factores naturales. Se necesitará un enorme esfuerzo y un nivel de conciencia que ni por asomo tenemos hoy. Las perspectivas son poco alentadoras. Difícil sería lograr el cambio cultural, ese cambio paradigmático hacia una economía realmente sustentable, centrada en la satisfacción de necesidades materiales y espirituales, pero no de acumulación irreflexiva, de consumo suntuoso, gobernado más por supuestos valores asociados al consumo de los productos, que a su funcionalidad.
De vuelta Cárcamo: "Los requerimientos de la acumulación de capital, conducen a permanentes incrementos de la producción, que superan con creces a los requerimientos de la demanda. El problema no es la escasez de recursos (...), sino que están inadecuadamente distribuidos. La economía capitalista ha demostrado ser ineficiente en la asignación de recursos abundantes (transformándolos en escasos) para satisfacer las necesidades (de un pequeño sector) de la población."
Muchos presidentes están genuinamente preocupados por este asunto, como se explicita con Mujica en la Cumbre, pero están ahogados por los problemas acuciantes de la crisis económica. No hacen más que decirse un par de verdades en la cara, llamarse mutuamente a la reflexión, hacer compromisos a la pasada, pero después deben volver cada uno a ocuparse de sus problemas internos, que son más urgentes. Es un problema. Y es cierto que la actual relación de fuerzas y conciencia no les permite hacer mucho más. El mismo sistema capitalista pone trabas, que se basa en búsqueda de ganancias que muchas veces no guardan relación con el bienestar de los pueblos y que requiere el consumo para mantener el ciclo económico, pero tal consumo es cuantitativo, no cualitativo. Nadie pide volver al hombre las cavernas, se requiere un desarrollo sustentable, pero, como dice Mujica en el video, sucede que el mercado no puede resolver este problema, porque el mercado es el problema.
¿Y cómo generar soluciones de fondo si ni siquiera quieren discutir regular el capitalismo? Y aún si se lograse este cambio de paradigma, hacia un desarrollo realmente sustentable, lo que parece extremadamente descabellado en el mundo actual, nadie sabe a ciencia cierta si se podrá llegar a tiempo a reconvertir toda la estructura productiva con nuevas fuentes de energía.

Por todo lo dicho, no parece que esta crisis sea algo pasajero, vino para quedarse. Aún de recuperarse económicamente el capitalismo, su recuperación sería transitoria, y nos obliga también a plantearnos qué tipo de desarrollo queremos.

domingo, 17 de junio de 2012

Kicillof, Moreno y el debate por la inflación

Recientemente los periodistas que se encargan de recoger o inventar rumores de la Rosada y luego presentarlos como primicias desde las entrañas del poder, han insistido en internas entre diversos funcionarios. Según las enigmáticas fuentes de estos cronistas del radiopasillo, la presidenta sería una desequilibrada que ejecuta planes presentados por sus “consejeros”, que varían día a día.
Así es como nos enteramos que un día su consejero predilecto es Axel Kicillof, pero al otro día “sólo habla con Moreno”, mientras que el primero pasa a estar en penitencia. A su vez, estos dos estarían enfrentados para ganarse su favor. Ya nos tienen acostumbrados estos supuestos “Intrusos en el poder” a estar siempre equivocados con lo que “informan”. Suele suceder que los datos que estos aportan son recogidos luego por los columnistas y cristalizados como verdades indiscutibles. Sólo para ilustrar, la columna de Néstor Scibona, escriba de La Nación, que dice sobre Moreno y Kicillof: “No profesan el mismo credo económico (…) El polémico secretario de Comercio Interior ganó su fama por anteponer la práctica a la teoría -y su desprecio por las formas- cada vez que debe acometer problemas urgentes, aunque después no se haga cargo de sus consecuencias. A la inversa, el secretario de Política Económica -quien está realizando un curso acelerado de gestión pública- suele privilegiar teorías de su formación académica, sin haber tenido oportunidad aún de demostrar su efectividad o no en la práctica. Más que complementarse, suelen discrepar en cuestiones de fondo. Quizás el único punto en común sea el anacronismo ideológico en la forma de actuar de uno y de diagnosticar del otro".

"Polémico Moreno", saliendo de una charla brindada en

en Primer Congreso Nacional de la agrupación "La Helbard"
Para saber cómo piensan estos funcionarios hagamos un recorrido por la posición de Kicillof y Moreno frente a las causas de la inflación, que es uno de los debates centrales del país. Vamos a ver si es verdad que no acuerdan en las cuestiones de fondo, si es cierto que estos dos están en las antípodas, si chocan y no se complementan, etc. Pero lo haremos recogiendo lo que ellos dicen o escriben, sin intermediarios. 
Moreno no parece ser tan hermético como se lo pinta. Ha dado diversas charlas en las que explicó, por ejemplo, su visión sobre porqué ocurren las corridas bancarias. Leamos a Polémico Moreno: “En realidad, nosotros no tenemos dólares. Vos tenías que parar la corrida haciendo la maniobra típica, que era sacar la demanda del mercado, la demanda de la gente. Por eso empezamos a administrar el flujo de las empresas. Para que tengas una idea: 19 empresas explican el 50% del movimiento cambiario de todos los días. Y 120 empresas explican el 80%. Para que entendamos la concentración que hay."   
Con respecto a la inflación puso énfasis en la oligopolización en la producción: "Para que los alimentos estén baratos tenemos un problema con la oligarquía, que no existe, según dicen algunos académicos... pero les digo, en esta intimidad, que el 2% de los productores de trigo hacen el 50% del trigo de la Argentina. Quizás haya llegado el momento de avanzar sobre eso".
Tenemos entonces que detrás del aumento de precios está la concentración económica de aquellos que producen y exportan, y que sobre eso hay que avanzar.
 
¿Qué pensará entonces Kicillof para estar en las antípodas según La Nación? ¿Qué la inflación es principalmente consecuencia de un recalentamiento de la demanda, o que la culpa la tienen los sindicatos que obtienen salarios demasiados altos y aumentan costos de los empresarios? ¿Será un exceso de emisión de la moneda? Antes de la respuesta, hay que remarcar que para saber lo que piensa Kicillof no hay más que consultar lo que el mismo tipo escribió. Según la prensa un día es un marxista dogmático, al otro día un keynesiano irracional y al siguiente un moderado. Se han escrito miles de detalles de la vida privada de Kicillof, para saber qué esconde y cuál será su malvado plan para llevarnos al infierno. O lo que es lo mismo, una economía similar a la de la Unión Soviética, como nos señala Cavallo. Y esta semana Fontevecchia se sumó a la especulación. Claro, no se iba a perder el festín de la demonización y por eso le dedicó la última edición de la revista Noticias a conjeturar sobre lo que cruza la mente del misterioso joven K: “Odia a los políticos, choca con Guillermo Moreno y lo acusan de soberbio. Contamos su amor por el tango y el marxismo, su patrimonio en dólares e inversiones en Uruguay.”


Noticias se suma a la demonización de Kicillof
Dejemos las malas intenciones de los mismos de siempre y veamos ahora sí lo que escribe Axel Kicillof en “Las causas de la inflación en la actual etapa económica argentina: un nuevo traspié de la ortodoxia”. Tras refutar una a una las teorías de la derecha para explicar la inflación (tirón de la demanda, aumento de costos salariales, emisión monetaria excesiva) apunta a la concentración económica: “Cuanto mayor sea el poder monopólico tanto en la producción de bienes como de servicios, mayor también será su capacidad para incrementar los precios por encima de los costos, apropiándose así de una ganancia extraordinaria (…) La actual estructura productiva ofrece una fisonomía oligopólica bien marcada (…) que aumenta la presión para que el precio de venta en el mercado interno alcance rápidamente su límite superior.” El límite, explica, en el caso de los bienes que vende el sector exportador, es el precio internacional de esos productos. 
Además nos apunta que la inflación es un problema de precios y salarios, expresan una disputa por la distribución del ingreso entre los trabajadores y los sectores empresariales, que buscan apropiarse de ganancias extraordinarias.
Conclusión: ambos funcionarios saben cuales son los problemas estructurales de la Argentina y apuntan a lo mismo: crecimiento con inclusión, o como nos gusta decir a los peronistas: Justicia Social. La experiencia práctica de Moreno, su firmeza para mantener a raya a los empresarios que anteponen sus intereses a los generales y el estudio teórico y formación académica de Kicillof encuentran su síntesis en la conductora de este proceso político que es la presidenta. No es que hayan muchos ministros de economía o que la presidenta sea antojadiza. Parafraseando a Mariotto, en el gobierno hay diversidad de voces, pero todas forman un coro que ejecuta los lineamientos de CFK. Y esos lineamientos no responden a su capricho, responden a las demandas del pueblo que se expresó en las urnas.

sábado, 5 de mayo de 2012

Eficiencia estatal, la nueva batalla cultural

De cara a las definiciones sobre cómo iba a ser diseñada la conducción y administración de YPF, la derecha argentina, o lo que es lo mismo, la prensa dominante, instaló una falsa dicotomía: política o técnica.

Como sucede últimamente, Carlos Pagni, la usina del pensamiento conservador, lanzó la estrategia en su columna en La Nación el jueves 3 de mayo: "Avanza el plan para que YPF no se parezca a Aerolíneas". Allí afirma (sin citar fuentes) que Cristina Fernández intentaría "corregir" lo que hizo mal con Aerolíneas, o sea, poner militantes de La Cámpora. Pagni quería anticiparse a los hechos y argumentar que esta vez Cristina sería "racional", poniendo al frente de YPF a un técnico, que sería lo opuesto a los fanáticos "jóvenes K". Efectivamente, ayer se nombró como director al ingeniero en petróleo Miguel Galuccio. El dato era correcto, lo equivocado es su interpretación y eso discutiremos en este post.
La medida de llamar a Galuccio parece ser acertada, lo que llama la atención es que hasta CFK hable de "lo profesional". Tiempo Argentino se hace eco y así lo titula al día siguiente en tapa, por ejemplo. Esto es hacerle el juego a Pagni porque esta palabra confunde. ¿Qué significa algo "profesional"? ¿Significa que es PRO? ¿Lo otro qué sería? ¿Amateur? No se entiende muy bien.

Miguel Galuccio, flamante director de YPF
Por otra parte, hay algo del discurso de la derecha que hay que salir a discutir: la diestra se arroga para sí la eficiencia. Para ellos, ésta sólo existe si no hay "politización" o ideología. En su columna de hoy Pagni vuelve a la carga con esto, diciendo que para que el ingeniero Miguel Galuccio pueda tener éxito debe enfrentarse y desplazar a un "directorio politizado". En conclusión, para la pluma de La Nación "politización" es malo y "eficiencia" bueno.
Okay, vamos por partes. Eficiencia...¿qué es lo eficiente? ¿Eficiente para quién? ¿Para conseguir qué? Ya cuando se habla de eficiencia hay subjetividad, porque se es eficiente para conseguir un objetivo, y los objetivos los ponen las personas y no las matemáticas. Por ejemplo: los campos de concentración eran muy eficientes para exterminar judíos. Es decir, antes de la eficiencia están los objetivos, y los objetivos son la política, la ideología. Por eso algo hace ruido cuando se habla de "politización" como algo negativo. Todo está impregnado de ideología y política, hasta la decisión de no tener nada que ver con "la política", es una política. No existe la administración sin objetivos, sin ideología o política, porque sería como decir que nuestros brazos y piernas se mueven sólos, sin un cerebro que les ordene moverse.
Ayer Cristina Fernández dio uno de los mejores discursos en la memoria reciente, y refutó de forma excepcional este argumento de Pagni diciendo que no cree en los técnicos asépticos, y si los son, es porque alguien les "mantiene la asepcia". En esta, se la clavó al ángulo a Pagni. Lo ha dicho la presidenta ayer y lo había dicho antes Axel Kiccilof, la política de YPF será clara: la empresa estará alineada con los intereses del país y en sintonía con el modelo de crecimiento con inclusión social.
La derecha va a seguir defendiendo el modelo privatista de los noventas, a pesar de su fracaso evidente. Y seguirá insistiendo con estas falsas dicotomías. Pero nosotros debemos refutarlos demostrando que la administración pública y la eficiencia pueden y deben ir de la mano.
Y contraponer la, ¿qué sería, amateur? Aerolíneas Argentinas de Mariano Recalde a la "profesionalizada" YPF es una falsedad.  El quid de la cuestión no es si el director es o no un técnico, sino la política que hay detrás. Si el director no es un técnico, ¿Pagni cree que Recalde, por ejemplo, toma las decisiones por capricho? ¿Acaso cree que no tiene técnicos que lo asesoran? No hay que caer en la trampa. Si el director es un técnico, estará rodeado de políticos (empezando por la presidenta) que lo direccionarán hacia un objetivo y en caso contrario, un director que no es técnico se rodea de ellos para tomar decisiones.
En resumen, la "politización" de la que habla Pagni es en realidad un eufemismo, él sabe que todo es político. Que una empresa pública, por definición, no puede estar desentendida de la política. Si ni siquiera una privada lo está. Lo que se esconde es el miedo a que el kirchnerismo gane la nueva batalla cultural que ha comenzado: la eficiencia estatal. La posición privatista y de técnica aséptica no quiere que éste modelo de empresa pública en sintonía con los intereses del país tenga éxito porque perderían el argumento de que ellos, los privados, son amos y señores de la eficiencia, además de ser una victoria política enorme del kirchnerismo. Recordemos también que la idea de asociar lo privado a la eficiencia se hizo hegemónica en los noventas y pesó mucho para que YPF fuera privatizada. Entonces, acá está en juego algo muy relevante, de esta nueva experiencia de YPF depende de que podamos derrotar definitivamente el sentido común por ellos creado y reforzado, de que lo público es ineficiente y lo privado eficiente. Esta batalla es clave. Y si se gana, el cielo es el límite. YPF no sólo puede servir para el auto-abastecimiento y el desarrollo económico, también puede ser una medida que genere conciencia.

Aquellos que nos reconocemos de izquierda debemos ser autocríticos en esta cuestión. En el pasado, al asociar la palabra "eficiencia" con el discurso de la derecha la hemos descuidado. La hemos regalado, no disputamos este argumento en el que se apoya la derecha. Dicho sea de paso, una de las causas del fracaso de la Unión Soviética, por ejemplo, fue la incapacidad de tratar con los técnicos y científicos. Hay que sacarle la bandera de la eficiencia a la derecha. 
Apoyándonos en la importancia que le da Cristina a la ciencia y la técnica, debemos dar esta batalla. Debemos disputar la idea de que el mercado (y más si es libre) es el mejor asignador de recursos, debemos demostrar que el Estado es el mejor administrador, y no sólo puede ser más equitativo y justo en la distribución, sino que también puede ser más eficiente. Todo eso empieza por YPF. Manos a la obra.

viernes, 6 de abril de 2012

YPF: El relato anti-kirchnerista y "la caja"

Ante la posibilidad de que el gobierno avance para recuperar YPF el relato anti-kirchnerista lanzó un ataque preventivo. Arrancó Joaquín Morales Solá el miércoles 4 de abril y le siguió Luisito Majul el día siguiente. La idea es que el gobierno avanza sobre YPF porque es una "caja", o sea, porque necesita dinero. Dice Majul: "Detrás de las grandes banderas "nacionales" que agita el Gobierno se esconde, además del intento de tapar los asuntos negativos, un serio problema de caja".
Interesante es que siempre se habla del "relato" kirchnerista, bastardeando un concepto que viene de la semiótica. Gracias a los medios hegemónicos ahora "relato" significa chamuyo. La idea de la derecha es que ellos dicen "la verdad". Y el kirchnerismo "relata", miente. En realidad, todos construimos relatos por medio de interpretaciones que sirven para explicarnos y ubicarnos en la realidad social. Existe el relato kirchnerista, pero también existe el anti-kirchnerista. Y hablar de la pasión que tiene el kirchnerismo por "la caja" forma parte de éste. Es una interesante interpretación, por lo que esconde y porque después se transforma en una verdad del sentido común que se repite en cafés, oficinas y peluquerías: el gobierno recupera YPF "por la caja". Diversas encuestas muestran que la estatización de YPF a priori sería apoyada por casi el 70% de la gente. Pero sólo a priori, porque de ese 70 hay que restar a muchos que no lo valorarían porque lo hacen "los K". Adherentes al relato que dice que "si los Kirchner lo hacen, algo oscuro hay detrás". De hecho, ya están criticando las formas. En la columna anteriormente mencionada, Morales Solá argumenta que la metodología del gobierno se asemeja a la de un Fondo Buitre, o sea, conspira para que caigan las acciones de YPF y poder comprarla más barato.
Lamentablemente, este gataflorismo en el cual caerían muchos de concretarse la medida, no hace distinción entre izquierdas y derechas. Desde el Frente de Izquierda, ya ha salido Altamira a decir que Argentina recuperará YPF porque el banco Barclays (que asesora al Banco Central, y por lo tanto, hay tongo) se lo recomienda para salvar a los accionistas. Y también adhiere al relato anti-kirchnerista. Tanto el tema Malvinas como el de YPF es por la caja:  "¿Al cabo de una década de kirchnerismo alguien duda de que la política oficial se resume en aumentar la caja fiscal y manejarla en forma discrecional?", dijo. Esto no es más que abrir el paraguas, para seguir siendo anti-todo, oposición automática o seguir acusando al gobierno de ser una expresión de la derecha. Ojo, no está mal que adhiera a un relato. Todos los hacemos, son como el suelo a partir del cual nos movemos intelectualmente. Si no tuvieramos ese relato no creeríamos absolutamente nada, o creeríamos todo, seríamos como ojas que se las lleva cualquier viento que pase. El problema aparece cuando ese relato al cual adherimos no nos permite movernos ni un centímetro de nuestras cosmovisiones. El relato kirchnerista también puede llegar a justificar cosas injustificables. Otro problema sería creerse dueño de la verdad, como hacen los Morales Solá y los Majul. La prensa, producto del positivismo y empirismo que impregna al liberalismo del cual son devotos, cree decir la verdad pura, mientras que lo del gobierno sería sólo "relato". 
En contraposición a Altamira, cabe destacar que Pino Solanas ha sido mucho más inteligente y honesto en este tema.  Grata sorpresa su gesto de grandeza. En el programa de Maximiliano Montengro, cuando éste le tiró el anzuelo de "YPF es una de tus banderas", Pino no lo mordió y dijo que Proyecto Sur aprobaría y apoyaría esta iniciativa. Y luego agregó muy bien que la recuperación no debe hacerse siguiendo el consejo de un tipo como Roberto Dromi. Una advertencia adecuada y pertinente. Bien por Pino.
Pero, volviendo al tema de "la caja": ¿Qúe se esconde detrás de esta acusación? La anti-política en algunos casos y, sobretodo, los intereses de clase.
La anti-política porque se piensa el gobierno a partir de prejucios y abstracciones muy reduccionistas. No hay una medida, una política económica que responde a un objetivo político (sea equivocado o no), sino un gobierno corrupto que, como a cualquiera le puede pasar en la economía doméstica, se queda sin los ahorros de abajo del colchón y entonces busca de dónde sacar más. Para robarla o dar planes sociales, para hacer clientelismo político, etcétera. La idea de "la caja" está articulada con el sentido común de la anti-política. Por eso prende tan rápido. Y a esto hay que sumarle el argumento de que el gobierno estaría en crisis (¿qué hay de nuevo en esto? Siempre el gobierno está al borde del precipicio para la "prensa independiente") y entonces tira un manotazo desesperado. 
Pero detrás de todo esta construcción super-estructural también están las cuestiones estructurales. Pensemos en "la caja". ¿Qué caja es esa? Imaginémosla. Es una valija o un cofre. Mejor: una bóveda, una caja fuerte. Eso, donde se guarda la guita. ¿Y de quién es lícito que sea la guita, quién debe tenerla? Ellos. Sólo ellos, que se ven como los legítimos dueños de la plata de la caja fuerte. Sólo la burguesía, sólo las manos privadas pueden gastarla, invertirla, cuidarla o administrarla.
Como todo, opera una inversión, una naturalización de un estado de cosas injusto. La caja de YPF y todas las cajas no son más que el capital, el excedente acumulado del trabajo producido. Es la riqueza. Y la riqueza debe ser de quien la produce, o sea, del pueblo trabajador. En el caso de YPF es la riqueza generada a partir de la explotación de los recusos naturales, que como todos los recursos naturales, estaban allí antes de que llegaran algunos y se lo apropien para sí o que los entreguen a cambio de monedas.
Lo legítimo y justo sería que esos beneficios sean públicos. Que esa renta que genera el petróleo nos beneficie a todos. Y que el Estado administre para cuidar nuestros intereses. Una vez más: que YPF vuelva a las manos de las que nunca debieron ser arrebatadas. Para todos y todas: ¡Re-estatización ya!

martes, 14 de febrero de 2012

El kirchnerismo tiene paradojas que sólo el kirchnerismo puede resolver


La Revista Barcelona, se suma a la oposición
mediática con la peor tapa de su historia
Cuando transitamos la adolescencia (especialmente aquellos que en algún momento nos identificamos con lo que se llama "cultura rock") solemos creer que las personas se dividen en "copados" y "caretas". Que, por ejemplo, no hay ningún trecho entre el dicho y el hecho, que la consecuencia puede ser total. El que se desviaba un poco de una moral definida rígidamente, era un "vendido".
Es el pensamiento adolescente. Se basa en la idea de que se puede sobrevivir sin hacer concesiones, siendo totalmente impoluto. Si no estamos salvados económicamente (lo que lo están pueden permitirse ser adolescentes toda la vida), tarde o temprano salimos al mundo y nos damos cuenta que mantenerse puro es imposible porque el barro del sistema, queramos o no, nos salpica a todos.
Dicho pensamiento, muchas veces se traslada a la política. Y las consecuencias suelen ser catastróficas. La tapa del último número de la Revista Barcelona que ilustra esta entrada da cuenta de ello. Cuando se piensa de forma adolescente se divide a los mortales entre "honestos" y "corruptos", con nada en el medio, sin matices. Y, sobre todo, suele transponerse ese pensamiento plano con la consecuencia de interpretar que el gobierno tiene un "doble discurso". Por eso, según la Barcelona el gobierno habla de recuperar las Malvinas pero al mismo tiempo entrega recursos a la Barrick Gold o contamina con la mega-minería en general. El pensamiento adolescente nos hace paranoicos y leemos esto como doble discurso. Al no poder pensar profundamente el asunto, se cae en lo ridículo de dar a entender, como hace la revista, que las Malvinas son el culo del mundo. Y que los ingleses se aferran a esas islas con todo su potencial militar vaya uno a saber porqué, entonces. Si fueran el culo del mundo, nos deberían dar gustosos las islas, ¿no?
Pero ojalá fuera sólo la Barcelona la que piensa al gobierno como máquina del engaño. También lo hace la oposición, tanto políticos como intelectuales. Un típico caso de adolescencia es Martín Caparrós, quien llegó a escribir que mientras siga habiendo desnutrición cualquier dinero gastado en recuperar las islas es "grosero". Típico del pensamiento adolescente. La falacia de que nada de lo que haga el gobierno puede ser bueno mientras no solucione otra cuestión X. Así nunca va a poder elogiarse en nada al gobierno, porque siempre van a faltar cosas. Correrte con el hambre es poco serio, porque bien sabe Caparrós que hambre va a existir en cualquier gobierno capitalista. Y es ridículo pensar que la administración del país es ocuparse sólo de dos o tres problemas. Tratamos esta falacia también cuando hablamos del "Fútbol para Todos".
Lo que se está haciendo por recuperar las Malvinas es perfecto, es elogiable. A pesar de eso, se puede y se debe criticar la política ambiental del gobierno u la entrega de los recursos naturales.
En vez de pensar esto como doble discurso habría que pensarlo como paradoja.  La paradoja no implica que haya algo oscuro detrás, sino que existen puntos a resolver en el futuro. Y nos permite, desde nuestra subjetividad, advertir que el gobierno tiene luces y sombras, y que nuestra cabeza no estalle cuando encontramos una contradicción. El que no puede pensar la paradoja, derrapa automáticamente.
Como desarrollamos anteriormente, el oficialismo ha dado suficientes argumentos (Asignación Universal, Ley de Medios, la 125, estatización AFJP, etc.) para no creer que esto es una repetición de las experiencias neo-liberales. Si nos perdemos en esas contradicciones y arribamos a conclusiones tan pobres como aquella, puede ser que hayamos caído en un pensamiento adolescente, chato, que no ve matices ni complejidades.
La política está llena de paradojas. Por ejemplo, para que algún día no haya Estado, primero tiene que haber mucho Estado. En la política, dos más dos pueden ser cinco. Son las sinuosidades que ella posee y la hacen tan interesante.


Dicho sea de paso, también existe otro extremo que no puede concebir que el gobierno tenga fallas.
A algunos les cuesta pensar los puntos flacos y problematizarlos. Entonces llegan a negar papelones como el llamado "Obrero de Cristina". Terminan defendiendo lo indefendible. O poniéndose la camiseta de las mineras. Hasta se toman posiciones casi gorilas, hablando despectivamente de "desinformación" de los pueblos que se oponen a la mega-minería. Esto de la "desinformación" es un eufemismo. Es un discurso muy parecido al "voto de baja calidad" de Pino, al que los mismos le saltaron a la yugular. Y ni hablar de expresiones tan poco felices como "a los de Famatina les llenaron la cabeza".
El gobierno sí comete errores, tiene flaquezas: una pobre política ambiental, entrega de los recursos naturales a transnacionales, dudosas alianzas. Tiene fallas como todo gobierno. No es tan dramático señalarlas y criticarlas. En esto consta el apoyo crítico. Sigue siendo la posición más interesante, la más sensata. No es comodidad ni tibieza. Simplemente, existen puntos importantes a corregir y ello no puede negarse. De ahí parte lo "crítico". Y el "apoyo" es necesario porque esas paradojas que tiene el kirchnerismo sólo el mismo kirchnerismo las puede resolver. No podemos esperar nada de la oposición. En cambio del kirchnerismo podemos esperar todo porque ha demostrado su vocación transformadora y porque es el único con la estructura, el apoyo popular y el poder necesario para profundizarla. Querer construir algo por fuera es en vano. Por eso, hay que criticar, sí, pero desde adentro. No criticar es peligroso, reaccionario. Si no identificamos lo que está mal se congela el proceso transformador iniciado en el 2003. Y si creemos que tiene sentido construir por fuera, estamos dividiendo esas fuerzas transformadoras, meando afuera del tarro, apostando por armados que jamás serán gobierno. O que si lo hacen, dejarán sus convicciones en la puerta de la Rosada. Apoyo crítico, nada más ni nada menos.

sábado, 11 de febrero de 2012

Ambientalismo: ¿Cuál era la posición del General Perón?

En un post anterior dedicado a problematizar sobre el ambientalismo fue mencionada a la pasada la posición de Juan Domingo Perón sobre el tema.
Debido a que en estos días se está recrudeciendo la discusión sobre los recursos naturales y la ecología, reviste interés recuperar lo que decía Perón en su "Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Tercer Mundo", del año 1972.

Aquí algunos pasajes de aquel mensaje casi profético del General que nos permiten pensar el presente:
  


  • "Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional."
  • "El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas."
  • "Cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos naturales.
    Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir, a sus ciudadanos el cuidado y utilización racional de los mismos. El derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia colectiva, ya se trate de ciudadanos o pueblos.
    "
  • Nosotros, los del Tercer Mundo: "Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología a donde rige la economía de mercado. (...) Por eso cada gramo de materia prima que se dejan arrebatar hoy los países del Tercer Mundo equivale a kilos de alimentos que dejarán de producir mañana. De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios , que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos."

Si no supieran quién escribió esto, muchos de los compañeros que hoy critican el ambientalismo, seguramente desestimarían de plano este discurso, adjudicándolo a algún hippismo trasnochado. Como se desarrolló anteriormente, es necesario que el Estado recupere los recursos estratégicos y los administre con responsabilidad ambiental.
El secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable actual es un duhaldista, José Mussi. Esto es un síntoma de la poca importancia que se le da al asunto. La política ambiental del gobierno es su talón de Aquiles y le da argumentos a la oposición mediática, que aprovecha estos desaciertos con su acostumbrado oportunismo y cinismo. No les demos el gusto.
Discutamos el tema mega-minería, el glifosato o cualquier otro sin preconceptos. Existe un ambientalismo bien entendido y con ese hay que discutir. A los que adhieren a éste por advenedizos y oportunistas hay que ignorarlos. Permitámonos un debate serio y de fondo, que nos hará bien a todos.

sábado, 4 de febrero de 2012

Estereotipando al que escribe estereotipos en "Ni a Palos" de Miradas al Sur

¿Vieron los estereotipos de Ni a Palos? Basándome en los que ellos reconocen, va un pequeño jueguito para estereotipar al/los que escriben en esa sección del suplemento joven de Miradas al Sur.
Como me identifico en mucho de los que ellos se burlan (y me río mucho reconociéndome en esos estereotipos), aquí va una pequeña venganza con humor. Algunos también le encajan a un par de la blogósfera. 
Esteoreotipando al estereotipador:

  • Su ídolo es Galasso.
  • Cree que saber hacer asados es ser "nac y pop".
  • Afirma que "los intelectuales" son todos cómodos que "no patearon nunca la calle".
  • Cree que "el comunismo" es una ideología que no va con lo nacional.
  • Usa mucho despectivamente la palabra "progre".
  • Se interesó por el folklore y quiso conectar con el tango.

  • Banca a full a Barone porque lo atacan "los hegemónicos".
  • Sale por San Telmo.
  • Destaca a Jauretche como el intelectual más importante del peronismo y sabe de memoria todas las Zonceras.
  • La frase que más recuerda de Néstor es: "¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?"
  • Odia a los trotskistas.
  • Considera gorilas a Pino y Bonasso.
  • En la mochila, tiene un pin del "Nestornauta".
  • No lee La Nación pero sí Clarín, para refutarlo en su blog.
  • Dice que la ecología es una "boludes de chetos".
  • Come choripán para sentirse más pueblo.
  • El "apoyo crítico" le parece de tibio.
  • Piensa que los movimientos sociales son una moda posmoderna.
  • Se enteró que a Greenpeace lo financia Rockefeller recién cuando CFK los criticó.

  • Dice que no le cabe el "kirchnerismo palermitano" pero de vez en cuando va al restobar "Perón Perón".
  • No lee a José Pablo Feinmann porque le parece un "ególatra y un pelotudo".
  • Piensa que gracias a Internet "sabemos lo que pasa en Egipto pero no lo que le pasa al vecino".
  • Defiende a muerte a las murgas porque son una "expresión popular".
  • Últimamente se lo ve en peñas.
  • Se dice peronista pero no tiene idea quién fue Apold.
  • Canta aquello de "nuestros compañeros, los desaparecidos" pero no sabe quién fue Fanon.
  • Afirma que lo de la Barrick es todo "invento de Pino".
  • Está convencido que "todos los comunistas" siempre estuvieron con la oligarquía.
  • Dice que en Argentina no aplica la distinción entre izquierda y derecha.

  • Cada vez que dice ser kirchnerista, aclara rápido que también es peronista para que no lo confundan con un sabbatelista.

jueves, 26 de enero de 2012

Malvinas, Cristina y el Famatina. El problema no es el ambientalismo, sino los ambientalistas

CFK: "No escuché a ninguna ONG ambientalista criticar lo
que se hace en Malvinas"
En los últimos días han venido in crescendo en intensidad varios debates relacionados a la cuestión del medio ambiente y la sustentabilidad. Por un lado, la minería a cielo abierto (siendo Famatina punta de lanza de la resistencia a esta modalidad de explotación) y por otro, la explotación petrolera y pesquera (a partir de las declaraciones en el regreso de Cristina Fernández de Kirchner a la Casa Rosada). La presidenta se quejó porque los ambientalistas defienden las "divinas" ballenas pero no se manifiestan contra la depredación que Inglaterra ejerce alrededor de las Islas Malvinas. Hoy, Greenpeace se hizo cargo de la acusación y contestó a las críticas.

Es todo un tema este del ambientalismo, ¿no? Hay mucho extremismo y muy poca profundidad. Lo mismo ocurre en cierto anti-ambientalismo que se observa últimamente.
Aquí algunos elementos para sumar al debate. La idea central es que el problema no es el ambientalismo sino (muchos de) los ambientalistas.

¿Por qué el problema no es el ambientalismo?
Las posiciones pro-sustentabilidad son una necesariedad en el Siglo XXI. No lo puede dudar quien esté mínimamente informado sobre la emergencia planetaria en la que nos encontramos, no sólo por contaminación sino por la sobre-explotación de los recursos que la humanidad está llevando a cabo. El capitalismo es un monstruo que crece infinitamente, explotando recursos que no son infinitos. Por lo tanto, estamos ante un problema lógico. La sustentabilidad (la idea de no tomar más de la Tierra que lo que ésta produce) es un ideal que hay que abrazar. Que funcione como horizonte hacia el que hay que caminar. El desarrollo puede y debe ser sustentable.
Hoy en día la explotación desenfrenada de la naturaleza es una base del capitalismo globalizado. No se puede ser anti-capitalista y a la vez, anti-ambientalista. Hoy en día, la fraternidad (ese valor de la Revolución Francesa) no pasa sólo por sentirnos hermanos de todos los habitantes del mundo, es también dejarle un planeta habitable a las generaciones venideras. No agotar sus recursos. En palabras de Jorge Rulli, ex guerrillero peronista revolucionario, hoy ecologista: "Quien no acepta que la Tierra es la casa del Hombre no asume en toda su plenitud y posibilidades su propia humanidad y se resigna a las reivindicaciones comunes. Ellas pueden ser justas, pero la lucha contra la iniquidad y la opresión del hombre por el hombre no bastan hoy para justificar los sueños por un mundo mejor". Es decir, si uno es anti-capitalista también debe ser ambientalista. Una cita más al respecto, esta vez de José Pablo Feinmann en el segundo tomo de Peronismo: "No bien Perón regresó a Argentina (en junio del '73) empezó a hablar de la ecología. La Jotapé se burlaba. Era una evidente faceta gagá del Viejo. Pero no: en eso el Viejo tenía razón. Hoy, no hay actividad más anticapitalista que la ecología. Hay que impedirles seguir destruyendo el planeta. Con esa destrucción sostienen su poder. Su industria de armamentos, sus aventuras bélicas, sus transportes terrestres y aéreos, tanto civiles como militares. Su infinito poder mediático tiene por misión hacernos creer que eso es necesario".



Este ambientalismo es el mejor. Debe ser anti-capitalista. Sino lo es, deja de tener sustancia y se transforma en un divertimento "posmoderno" o una postura de mera corrección política. Lamentablemente, la mayoría de los referentes en Argentina del ambientalismo dejan bastante que desear.

Por un lado, está el ambientalismo extremo en el que se puede incurrir, que no tiene en cuenta otra variable que no sea el medio ambiente. Más allá de que no existe actividad industrial cuyo impacto ambiental sea nulo, se corren muchos riesgos porque de esa forma nunca se pueden observar los problemas en toda su densidad. Por ejemplo, con respecto a la Minería de Cielo Abierto esto se ve claro. Algunos ni consideran que los recursos pertenecen a las provincias y estas eligen de qué forma alimentarse. Dicen: "si no explotamos la minería, ¿qué hacemos?". Hay que dar respuestas a estos argumentos. Son refutables, pero debemos plantearnos primero las preguntas y considerarlas, porque si no, no nos pueden tomar en serio. Lo que más lastima es que, a favor o en contra, se hable sin conocimiento de algo tan complejo como la minería a cielo abierto.
Dejo el debate sobre este tema que presentó Adrián Paenza por la TV Pública. Se verá que en ambas partes hay argumentos válidos. 



Por otro lado están los que más daño le hacen a la causa ecologista que son algunos que buscan utilizar políticamente la cuestión, como Pino Solanas.
Esto es preocupante, porque muchos kirchneristas se bloquean al escuchar hablar de mega-minería porque les dispara la imagen de un Pino indignado en TN. Eso hay que revisarlo. La causa es justa, que Pino la defienda no la invalida. El problema es que algunos en Proyecto Sur (y también en el FAP) se oponen por cálculos políticos, con frases altisonantes. Sacale a Pino la denuncia sobre Barrick Gold y ¿qué le queda? Su discurso se basa en tan sólo eso, es muy berreta. Hace declaraciones pomposas, pura espuma. Y eso termina afectando a que, algunos desde el kirchnerismo no reflexionen sobre el problema, por el espanto que les causa la poca seriedad de estos políticos opositores mediáticos.

Por suerte esto está cambiando y el tema de la mega-minería es uno de los debates internos dentro del kirchnerismo que más polvareda levanta últimamente. Y esto hay que agradecérselo en parte a 678, programa que parece ser muy cool criticar pero que habla de Famatina bastante seguido. Además, parece que todos los panelistas están en contra de la mega-minería, salvo Barone...
También Visión 7, el noticiero de la TV Pública cubre lo que pasa en Famatina constantemente.
Por eso es tan ridícula la postura del ecologismo posmoderno que ahora denuncia que censuraron a Rally Barrionuevo, en la trasmisión de Cosquín. ¿Esta gente que denuncia censura no ve cómo se debate el tema dentro del kirchernismo? ¿Tan rebeldes se creen por hablar de la mega-minería?
678 ayer pasó las imagenes de la transmisisión original y se pudieron ver las consiganas a favor de la resistencia en Famatina que proyectó Barrionuevo en pantalla grande.
Aquí una de las tantas notas de V7 al respecto, refutando que pueda existir "censura" sobre el tema:




Los ambientalistas impresentables no son los riojanos que protestan por Famatina (ese es el pueblo que se manifiesta) sino cierta oposición automática algo adolescente o actores pedorros que tocan de oído y graban una cancioncita para tener la conciencia tranquila. Esos no le hacen mucho favor a la causa con posiciones sin sustancia.
A la mega-minería hay que oponerse, independientemente de que muchos de los que lo hacen son impresentables. Lo mismo que la contaminación y depredación marítima.
Por eso, es necesario que el Estado se involucre en estos asuntos. Es la única forma de encontrar una salida. Tanto el problema de la contaminación (con más control) como la cuestión de la de la renta (aumentando la participación o directamente nacionalizando los recursos) se solucionan con más Estado.
Y como señala Mempo Giardinelli, la cuestión del medio ambiente es el talón de Aquiles del Gobierno. Velar por un desarrollo lo más sustentable posible se hace necesario también para buscar la sintonía fina del modelo.
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