sábado, 18 de agosto de 2012

Nuevas expresiones de gorilismo. Hoy: Susana Viau

El gorilismo es siempre un elitismo que, montado sobre prejuicios, mira por encima del hombro a las clases populares, con soberbia y reprobación.
Como reacción a nuevos fenómenos que produce la realidad argentina se observan interesantes expresiones de gorilismo, que si bien son nuevas, manifiestan una continuidad o una actualización de discursos que circulan hace años en parte de la sociedad. Por ejemplo, prohibir que los chicos se suban al colectivo escuchando sin auriculares la horrosa cumbia, como quieren hacer en San Juan. Otras son menos novedosas, como el caso de la columnista de Clarín, Susana Viau.
Víctor Hortel y Vatayón Militante junto a la Murga del Penal de
Marcos Paz, cosas que crispan a Susana Viau
Desde las páginas del oligopolio manchado de sangre, Viau se monta sobre autores anarquistas (que ante tal burda utilización, pobres, no pueden defenderse, sólo les queda revolcarse en su tumba) como Kropotkin para destilar asco por las expresiones populares argentinas. Esto lo hace en el marco del rechazo que le da que los peronistas seamos quienes expresamos el progresismo en el país, y por eso rechaza el trabajo de Vatayón Militante para la reinserción social de los presos. Algo que si lo habría hecho una fuerza no peronista, quizás hubiese aplaudido. Pero como lo hacen los kirchneristas/peronistas, lo aborrece. Primero nos aclara que esto del activismo político en las cárceles no lo inventó el kirchnerismo (¿Alguien lo había sostenido? ¿Alguien quiso cobrar por los derechos de una idea tan novedosa?) y utiliza despectivamente la palabra "murguero". La idea principal de Viau está en este párrafo: "Para los anarquistas, la redención del delincuente era fruto de su descubrimiento de la libertad, de los ideales de justicia, solidaridad, igualdad y cultura. Para enseñarlo, ni se mimetizaban, ni adoptaban su lenguaje ni celebraban sus códigos. Tampoco había entre ellos, presos políticos, y los otros, “presos sociales”, relaciones de subordinación. Esa es la diferencia con Hortel, un embajador del poder ante la clientela carcelaria, y sus amigos murguistas: quienes aceptan cobijarse bajo los estandartes del Vatayón Militante y de los de Negros de Mierda no sólo podrán traspasar el umbral de la prisión, también vivirán mejor dentro de sus muros. Privilegios que otorgan los “Vatayones militantes”, los que usan la “v” de “victoria, de vuelta, de valor, de voto, de vino, de verga, de vagina y de vida”; favores que obtienen los Negros de Mierda –la agrupación a la que pertenece Hortel—, orgullosa de pintar sobre las puerta de sus locales “aquí si se coge (sic)”."
Viau adolece de todo lo que alguna izquierda no puede resolver desde ya más de sesenta años: la diferencia entre un deber ser aplicado a obrero rubio europeo y el obrero negro argentino (y peronista). Comparar un contexto como el de fines de Siglo XIX en Rusia, con la Argentina del Siglo XXI parece irrisorio. ¿No ve diferencias entre ambos pueblos? ¿No cree Viau que las formas de abordar cuestiones tan problemáticas pueden y deben ser diferentes dado el salto espacio-temporal inmenso entre sus comparaciones? Ella podrá ironizar mucho diciendo: "Ni Réclus ni Malatesta fueron capaces de producir esas cumbres de la espiritualidad humana; Bakunin carecía de la fibra nacional y popular que permite disfrazarse de Hombre Araña. Qué se le va a hacer: eran gente sin alegría", pero eso no borra las distintas formas que tiene el pueblo de expresarse, comparado al europeo. Viau no puede resolver la distancia entre su ideal y la realidad, por eso aborrece ésta última y, como consecuencia, es una revolucionaria que escribe en el Grupo Clarín...
El 17 de octubre de 1945 el pueblo se expresó,
pero la izquierda anti peronista nunca comprendió
Y este es un mal crónico de la izquierda anti-peronista. Ya desde el 17 de octubre de 1945, los socialistas de la época no podían entender lo distinto que se manifestaba el pueblo argentino al ideal europeo. Ante lo festivo y desalineado del obrero argento estaba aquel europeo: disciplinado y solemne. Tomamos del trabajo de Daniel James sobre aquel 17 de octubre del '45, algunos pasajes que describen cómo veían los socialistas a los obreros peronistas en medio de la rebelión y pueblada: "Esos proletarios no cantaban himnos típicos de mítines obreros, como los del 1° de mayo, no marchaban bien encolumnados, ni obedecían reglas tácitas de la decencia y la contención cívicas. En lugar de ello, entonaban canciones populares, bailaban en medio de la calle, silbaban y vociferaban, y eran a menudo dirigidos por hombres a caballo vestidos de gauchos (...) Cubrían a su paso todo lo que veían con leyendas inscriptas con tiza (...) En suma, las multitudes del 17 de octubre carecían del tono solemne y dignidad característico que impresionaba como la decorosa encarnación de la razón y los principios." Y recoge también citas de cómo se los calificaba desde los diarios comunistas y socialistas: "Una horda, de una mascarada, de una balumba, que a veces degeneraba en murga", que en definitiva no podían ser obreros ("¿Qué obrero argentino actúa en una manifestación en demanda de sus derechos como lo haría en un desfile de carnaval?"), sino expresiones "lumpen". ¿No es igualito a lo que Viau todavía no puede aceptar?
El rechazo que le generan estas expresiones irreverentes a esta izquierda tan educadita, hace que se les escapen cuestiones culturales que podrían valorar, si tuvieran la capacidad de reconocerlas. James, con una mirada más atenta, señala allí donde la izquierda miope no lo ve, una resistencia: "Gran parte de ese comportamiento festivo y carnavalesco tenía que ver con lo que podría denominarse una forma de iconoclasia laica. Aplicado en este sentido, el término "iconoclasia", según los antropólogos designa la "destrucción política y deliberada de los símbolos sagrados con el propósito de suprimir toda lealtad a la institución que utiliza tales símbolos, y además de anular todo el respeto que se guardaba hacia la ideología difundida por tal institución." Dicho sea de paso: de allí el rechazo, por ejemplo, a las universidades ("Libros sí, alpargatas no") o que el Jockey Club fue uno de los blancos principales para el escrache popular ese día. Retomamos a James: "Si observamos con cuidado las formas que asumió la actuación pública (...) veremos que entrañaban la frecuente violación de instituciones, símbolos y normas que cumplen la función de transmitir y legitimar el prestigio social. (...) Al transgredir esas instituciones, blasfemar contra esos símbolos y escarnecer sobre las normas del decoro y la buena conducta, las multitudes de octubre estaban poniendo en evidencia la impotencia de dichas instituciones y negándoles autoridad y poder simbólico".
Si tomamos las costumbres de aquel obrero europeo y lo comparamos con el argentino, ¿se puede decir que hay una cultura mejor que otra? No lo sé, pero sí estoy convencido que no hay que negar la realidad y trabajar a partir de ella. Sin excesivo paternalismo, seguro, pero tampoco con esta soberbia, rayana en la repulsión por el pueblo al que pretendés salvar.  Qué le vas a hacer, Susanita, si les gusta la murga...
No hace falta, si tanto rechazo te produce, que nos vistamos de murgueros, pero sí dialogar con las tradiciones populares, porque si no, aunque te escudes en ironías y aunque te escudes en tu desencanto, te va a seguir doliendo saber que sos gorila.

3 comentarios:

  1. El Peronismo es inclusión y es pueblo, lo cual no significa ni lumpen ni mugre. La dignificación de los más humildes que era la llama que iluminaba a Eva implicaba elevarlos en el orden social. Se trataba y se trata de nivelar hacia arriba, de igualar derechos, de brindar las mismas oportunidades y no la de propender a un populachismo ramplón y vulgar.

    Esta periodista dependiente gorila mira pasar la vida tratando de interpretar - con su torcida costumbre - hechos de una realidad indiscutible con posturas filosóficas de antaño como quien quiere encontrar en el Manual del Estanciero la justificción para la soja transgénica.

    Faltan 110 días para el 7 de diciembre.

    Saludos
    Tilo, 71 años

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La justificación para la soja transgénica es el cartel "Larga vida a Monsanto" que cuelga en todos los accesos a Olivos. Cariños.

      Eliminar
  2. Pablo Garcia Seminara23 de noviembre de 2012, 16:18

    Este articulo fue una gran cerrada de orto!

    Excelente :D

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...