jueves, 26 de enero de 2012

Malvinas, Cristina y el Famatina. El problema no es el ambientalismo, sino los ambientalistas

CFK: "No escuché a ninguna ONG ambientalista criticar lo
que se hace en Malvinas"
En los últimos días han venido in crescendo en intensidad varios debates relacionados a la cuestión del medio ambiente y la sustentabilidad. Por un lado, la minería a cielo abierto (siendo Famatina punta de lanza de la resistencia a esta modalidad de explotación) y por otro, la explotación petrolera y pesquera (a partir de las declaraciones en el regreso de Cristina Fernández de Kirchner a la Casa Rosada). La presidenta se quejó porque los ambientalistas defienden las "divinas" ballenas pero no se manifiestan contra la depredación que Inglaterra ejerce alrededor de las Islas Malvinas. Hoy, Greenpeace se hizo cargo de la acusación y contestó a las críticas.

Es todo un tema este del ambientalismo, ¿no? Hay mucho extremismo y muy poca profundidad. Lo mismo ocurre en cierto anti-ambientalismo que se observa últimamente.
Aquí algunos elementos para sumar al debate. La idea central es que el problema no es el ambientalismo sino (muchos de) los ambientalistas.

¿Por qué el problema no es el ambientalismo?
Las posiciones pro-sustentabilidad son una necesariedad en el Siglo XXI. No lo puede dudar quien esté mínimamente informado sobre la emergencia planetaria en la que nos encontramos, no sólo por contaminación sino por la sobre-explotación de los recursos que la humanidad está llevando a cabo. El capitalismo es un monstruo que crece infinitamente, explotando recursos que no son infinitos. Por lo tanto, estamos ante un problema lógico. La sustentabilidad (la idea de no tomar más de la Tierra que lo que ésta produce) es un ideal que hay que abrazar. Que funcione como horizonte hacia el que hay que caminar. El desarrollo puede y debe ser sustentable.
Hoy en día la explotación desenfrenada de la naturaleza es una base del capitalismo globalizado. No se puede ser anti-capitalista y a la vez, anti-ambientalista. Hoy en día, la fraternidad (ese valor de la Revolución Francesa) no pasa sólo por sentirnos hermanos de todos los habitantes del mundo, es también dejarle un planeta habitable a las generaciones venideras. No agotar sus recursos. En palabras de Jorge Rulli, ex guerrillero peronista revolucionario, hoy ecologista: "Quien no acepta que la Tierra es la casa del Hombre no asume en toda su plenitud y posibilidades su propia humanidad y se resigna a las reivindicaciones comunes. Ellas pueden ser justas, pero la lucha contra la iniquidad y la opresión del hombre por el hombre no bastan hoy para justificar los sueños por un mundo mejor". Es decir, si uno es anti-capitalista también debe ser ambientalista. Una cita más al respecto, esta vez de José Pablo Feinmann en el segundo tomo de Peronismo: "No bien Perón regresó a Argentina (en junio del '73) empezó a hablar de la ecología. La Jotapé se burlaba. Era una evidente faceta gagá del Viejo. Pero no: en eso el Viejo tenía razón. Hoy, no hay actividad más anticapitalista que la ecología. Hay que impedirles seguir destruyendo el planeta. Con esa destrucción sostienen su poder. Su industria de armamentos, sus aventuras bélicas, sus transportes terrestres y aéreos, tanto civiles como militares. Su infinito poder mediático tiene por misión hacernos creer que eso es necesario".



Este ambientalismo es el mejor. Debe ser anti-capitalista. Sino lo es, deja de tener sustancia y se transforma en un divertimento "posmoderno" o una postura de mera corrección política. Lamentablemente, la mayoría de los referentes en Argentina del ambientalismo dejan bastante que desear.

Por un lado, está el ambientalismo extremo en el que se puede incurrir, que no tiene en cuenta otra variable que no sea el medio ambiente. Más allá de que no existe actividad industrial cuyo impacto ambiental sea nulo, se corren muchos riesgos porque de esa forma nunca se pueden observar los problemas en toda su densidad. Por ejemplo, con respecto a la Minería de Cielo Abierto esto se ve claro. Algunos ni consideran que los recursos pertenecen a las provincias y estas eligen de qué forma alimentarse. Dicen: "si no explotamos la minería, ¿qué hacemos?". Hay que dar respuestas a estos argumentos. Son refutables, pero debemos plantearnos primero las preguntas y considerarlas, porque si no, no nos pueden tomar en serio. Lo que más lastima es que, a favor o en contra, se hable sin conocimiento de algo tan complejo como la minería a cielo abierto.
Dejo el debate sobre este tema que presentó Adrián Paenza por la TV Pública. Se verá que en ambas partes hay argumentos válidos. 



Por otro lado están los que más daño le hacen a la causa ecologista que son algunos que buscan utilizar políticamente la cuestión, como Pino Solanas.
Esto es preocupante, porque muchos kirchneristas se bloquean al escuchar hablar de mega-minería porque les dispara la imagen de un Pino indignado en TN. Eso hay que revisarlo. La causa es justa, que Pino la defienda no la invalida. El problema es que algunos en Proyecto Sur (y también en el FAP) se oponen por cálculos políticos, con frases altisonantes. Sacale a Pino la denuncia sobre Barrick Gold y ¿qué le queda? Su discurso se basa en tan sólo eso, es muy berreta. Hace declaraciones pomposas, pura espuma. Y eso termina afectando a que, algunos desde el kirchnerismo no reflexionen sobre el problema, por el espanto que les causa la poca seriedad de estos políticos opositores mediáticos.

Por suerte esto está cambiando y el tema de la mega-minería es uno de los debates internos dentro del kirchnerismo que más polvareda levanta últimamente. Y esto hay que agradecérselo en parte a 678, programa que parece ser muy cool criticar pero que habla de Famatina bastante seguido. Además, parece que todos los panelistas están en contra de la mega-minería, salvo Barone...
También Visión 7, el noticiero de la TV Pública cubre lo que pasa en Famatina constantemente.
Por eso es tan ridícula la postura del ecologismo posmoderno que ahora denuncia que censuraron a Rally Barrionuevo, en la trasmisión de Cosquín. ¿Esta gente que denuncia censura no ve cómo se debate el tema dentro del kirchernismo? ¿Tan rebeldes se creen por hablar de la mega-minería?
678 ayer pasó las imagenes de la transmisisión original y se pudieron ver las consiganas a favor de la resistencia en Famatina que proyectó Barrionuevo en pantalla grande.
Aquí una de las tantas notas de V7 al respecto, refutando que pueda existir "censura" sobre el tema:




Los ambientalistas impresentables no son los riojanos que protestan por Famatina (ese es el pueblo que se manifiesta) sino cierta oposición automática algo adolescente o actores pedorros que tocan de oído y graban una cancioncita para tener la conciencia tranquila. Esos no le hacen mucho favor a la causa con posiciones sin sustancia.
A la mega-minería hay que oponerse, independientemente de que muchos de los que lo hacen son impresentables. Lo mismo que la contaminación y depredación marítima.
Por eso, es necesario que el Estado se involucre en estos asuntos. Es la única forma de encontrar una salida. Tanto el problema de la contaminación (con más control) como la cuestión de la de la renta (aumentando la participación o directamente nacionalizando los recursos) se solucionan con más Estado.
Y como señala Mempo Giardinelli, la cuestión del medio ambiente es el talón de Aquiles del Gobierno. Velar por un desarrollo lo más sustentable posible se hace necesario también para buscar la sintonía fina del modelo.

jueves, 19 de enero de 2012

¿Por dónde pasa la profundización del modelo? (Parte 2)

La primer parte de este escrito desarrolla porqué la profundización no puede pasar por la disputa de la renta agraria. Ahora se podría agregar que tampoco podría hacerlo, como quiere la CGT, por compartir las ganancias. El objetivo debe ser mantener una renta alta de las empresas nacionales para lograr el desarrollo al que nos referimos anteriormente. Las paritarias deben seguir siendo la herramienta de negociación de los trabajadores.
Ahora vamos a responder la pregunta planteada al comienzo. ¿Cómo se profundiza y cómo se desarrolla la Argentina?
Una piedra fundamental ya la colocó la presidenta con el acertado plan agro-industrial. Este camino es el que se debe seguir. Necesitamos un capitalismo nacional que nos permita ese desarrollo que nos viene evadiendo. Un desarrollismo con distribución del ingreso, claro está. CFK ha instado a evitar la falsa dicotomía entre mercado interno y mercado externo. Esta dicotomía sólo se puede superar habilitando una acumulación de capital que permita la inversión. Tal acumulación no puede darse con retenciones altas. Lo que sí, se debe siempre presionar a estos sectores para que inviertan, para que busquen aumentar ese valor agregado del que tanto habla la presidenta (y hace muy bien en insistir en ese punto).
El plan agro-industrial dura 10 años y podría ser muy importante para el país en el largo plazo. Habrá que asegurarse de mantener este camino.

Pero si no vamos a apoyar la distribución de las ganancias y no vamos a enfrentar a la oligarquía como ha hecho históricamente la resistencia popular, uno podría decir, ¿dónde está la lucha contra el poder? ¿Dónde está la reducción de la desigualdad?
Creemos que la batalla es contra los tentáculos del capital concentrado internacional. La pelea que hay que dar implica construir un verdadero capitalismo nacional, eliminar las persistencias neo-liberales y recuperar los recursos naturales-estratégicos.
Marcó del Pont impulsa la modificación
de la Carta Orgánica del Bco. Central
Hay un cóctel de medidas que se pueden tomar.
Por un lado, está el entramado legal sobre el que se apoyó el proyecto neo-liberal, cuyas bases fueron colocadas por Martinez De Hoz en la dictadura cívico-militar y luego consolidado y llevado al extremo por el menemismo. Se requiere en primer lugar:


a) Reforma impositiva: los impuestos deben ser progresivos. Deben aplicarse sobe los patrimonios y rentas en vez del consumo (como lo hace el IVA).
b) Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central: para ampliar la soberanía cambiaria y monetaria, y discutir la famosa "autonomía" que defiende la ortodoxia. La economía debe estar subordinada a la política. A un proyecto de desarrollo interior.
c) Gravar la renta financiera: hoy se cobran impuestos al trabajo personal pero no al capital financiero. Es una renta extraordinaria, que no genera producción ni trabajo y además beneficia al poder más grande que hay sobre el planeta, que son los grupos económicos financieros, capaces de desestabilizar cualquier gobierno (o conjunto de ellos) que se propongan. Se deben gravar las transacciones, las operaciones de Bolsa, etc.

Carlos Heller presentó un proyecto para que la actividad financiera
sea declarada de Servicio Público

Existen proyectos para implementar estas tres ideas. Va siendo hora de sacarlos del cajón y respaldarlos a fondo.
Estas iniciativas le permitirían al Estado ser más fuerte, contar con más recursos. Posibilitarían un desarrollo de los elementos medios y bajos que accederían a créditos, en vez de benefeciar al capital concentrado. Desmontaría el andamiaje legal sobre el que se construyó el neo-liberalismo y volcaría definitivamente la política económica hacia la producción y la inversión.
Esa inversión debe aplicarse para recuperar y desarrollar los recursos estratégicos y la soberanía nacional. Esta no puede existir mientras estén los Barrick Gold y los Repsol, mientras se saqueen los recursos naturales contaminando al paso. Así que la propuesta es un paquete de medidas en este sentido:
a) Echar a la Barrick Gold, terminar con la megaminería: no se trata de la contaminación solamente, se trata de que los recursos del país beneficien a sus soberanos.
b) Estatización del gas y el petróleo: la renta del petróleo es extraordinaria y es el recurso estratégico más importante de aquí a cincuenta años. Es imperioso recuperar YPF. Los ingresos que podría presentarle ya a corto plazo al país son importantísimos.


¿Es posible todo esto? Sí, debemos reconstruir el Estado de Bienestar que destruyó el neo-liberalismo. Y recuperar la soberanía que perdimos.
Las tres primeras ideas tienen una gran prioridad (sobre la renta, los impuestos y la Carta Orgánica) porque nos permitirían llevar a cabo las otras: tener el suficiente capital para poder invertir en la búsqueda de, por ejemplo, nuevos yacimientos, para desmontar los argumentos que dicen que el Estado no podría llevar a cabo tal tarea.



Claro que el capital internacional se opondría fuertemente y operaría a través de los (mejor dicho, sus, porque les pertenecen) medios de comunicación. Pero estas son acciones que, utilizando todo el poder comunicacional del gobierno más toda su capacidad movilizadora, podrían hacer volver la balanza a nuestro favor, y ser apoyadas decididamente por la población. ¿Por qué? Porque a nadie le gusta que lo saqueen. Estas son medidas que con un buen trabajo comunicacional contra-hegemónico, informando bien, podrían obtener el apoyo necesario. Es algo difícil porque venimos de muchos años de neo-liberalismo, todavía muchos creen que el Estado no es un buen gestor. Que conviene todo en manos privadas, que son más eficientes. Tenemos que ganar esa batalla ideológica. Hay que apoyar las medidas que generaron conciencia (como la estatización de Aerolíneas) y llevar a cabo las que creen aún más. No pedimos la reforma agraria, pedimos recuperar lo que alguna vez ya tuvimos. Cosas que años de dictadura y neo-liberalismo nos quitaron.
Y, por último, queremos soñar con la tan ansiada liberación nacional. Queremos sentar bases para un futuro mejor. Debe ser la tarea de la generación presente.

martes, 3 de enero de 2012

¿Por dónde pasa la profundización del modelo? (Parte 1)

El pasado 29 de Noviembre de 2011 murió el politólogo Guillermo O'Donell, uno de los intelectuales más respetados del país. En su trabajo "Catacumbas" se encuentra la llave para comprender los grandes lineamientos estratégicos que el país necesita dibujar para lograr el desarrollo económico que lo elude persistentemente, y para abrirle definitivamente las puertas a la ansiada liberación nacional.
Guillermo O'Donell (1936-2011)
En los trabajos de política y economía de O'Donell1 y Juan Carlos Portantiero2 nos vamos a apoyar para hacer un recorrido histórico que permita comprender en su complejidad la composición de las clases hegemónicas y las subalternas, los modelos que fueron alternándose y cómo puede superarse la historia cíclica de la economía argentina. Buscamos realizar una síntesis que nos permita pensar cómo construir puentes hacia un país que pueda ser pujante, y a la vez inclusivo, igualitario y libre.


Los dos modelos en puja, el modelo agro-exportador y el de sustitución de importaciones

No se puede pensar la Argentina si no comprendemos cómo fue que ésta se incorporó al mercado capitalista mundial. Tenemos que ver cómo una clase (comerciantes-terratenientes) emergió y se hizo hegemónica. Que construyó un poder económico superlativo, desmedido, que continua hasta nuestros días.
Como bien desarrollaron Henrique Cardoso y Enzo Faletto3, al igual que el resto de los países latinos, Argentina se hizo exportadora de materia prima. La diferencia con otros países radica en que la forma de explotación en haciendas requirió mucho menos trabajo y mucha menos inversión. En otros países fue necesario que el capital extranjero se instale en el territorio y produzca ("economía de enclave"). Debido a la riqueza de la tierra argentina, la producción fue llevada a cabo por una burguesía local. Que la inversión sea tan poca, y los réditos económicos al exportar sean tan grandes (lo que se llama la "renta diferencial"), le permitió a esta burguesía acumular un capital enorme, inédito en otros casos. Pudieron disfrutar una "abundancia fácil", como la llama José Pablo Feinmann.
Argentina se incorporó al mercado mundial decididamente a partir de 1880 bajo el modelo "agro-exportador". Se exportaba principalmente lana, cereales y carne a cambio de la inversión de capital extranjero, y la importación de productos de valor agregado (insumos, maquinaria, tecnologías). Éste es el modelo que la oligarquía terrateniente impulsó casi siempre, el que más le conviene, con el cual más capital acumulan sin necesidad de inversión. Siempre que ésta habla de los tiempos dorados, de un "paraíso perdido" piensa en éste momento, el de más opulencia. Es el modelo de la clase hegemónica.
Durante su apogeo (antes de 1930), el modelo agro-exportador generó, gracias a la expansión económica, la primer burguesía industrial. En aquel momento fue una industria incipiente y complementaria a las necesidades del modelo, subordinado a él en algunos casos, y en otros, diversificaciones de los mismos productores (prolongaciones financieras y comerciales). Se conforma la que hoy es la clase media, ocupada en el sector terciario y las llamadas "profesiones liberales". También surge la clase obrera moderna, con mucha mano de obra inmigrante. Así vamos dibujando el mapa de las distintas clases hacia 1930. Políticamente, poco pudieron hacer las clases subalternas para frenar el poder casi ilimitado de la oligarquía en su orgía económica. No se le pudo discutir el poder hegemónico desde ningún lado, todo intento fue reprimido.
Pero esto cambia a partir de 1930. La crisis mundial hizo que los precios de los productos pampeanos decaigan. Por esto se produce el primer cambio de modelo: del agro-exportador al de sustitución de importaciones. A su vez, éste tuvo dos etapas. Una leve, conducida por la oligarquía durante la década infame (1930-1943) y otra conducida por una alianza de clases urbana (1943-1955). Durante la primera etapa, fue la única vez en la historia que a la clase hegemónica oligarca le interesó industrializar. Pensaban que invertir un poco en industria podría ser complementario a la exportación y, sobre todo, temporal, para zafar hasta que los precios vuelvan a subir. Y la segunda etapa, ya decididamente sustitutiva, pero que además incluía redistribución de ingreso comienza con el golpe nacionalista del '43, sigue con el peronismo y termina con la caída de Perón en el '55. Aquí la clase obrera se compone mayormente de migrantes internos. Volveremos sobre esto porque durante el peronismo no sólo cambia el modelo, sino que se discute la hegemonía, y la composición de las clases que dirigen el Estado.
A partir del '43 la oligarquía siempre preferirá y querrá volver a aquel modelo agro-exportador, a esos años dorados. Y las clases populares adherirán a un modelo redistributivo, inclusivo, como el peronista. Durante 1946 a 1950, dice O'Donell, el Estado se apropió de parte sustancial del producto de las exportaciones pampeanas, mantuvo deprimido sus precios internos y con ello aumentó el nivel del ingreso del sector popular y amplió la demanda efectiva de otros bienes, sobre todo industriales. Pero atención, porque aquí hay algo clave: el límite de este modelo. "Esta política económica no tardó en generar problemas de balanza de pagos, debido al efecto conjunto del "desaliento" de la producción pampeana, y del aumento del consumo interno de exporables."4 Si las clases populares tienen ingreso, tienen disponibilidad para comprar. El problema es que aquí los precios suben por dos causas: el aumento de la demanda interna y la competencia con la exportación. La clave es que los bienes que exporta el país (cereales y carnes) son alimentos que constituyen el principal bien-salario del sector popular. A mayor cantidad de, por ejemplo, carnes se exporten, menos queda para el consumo interno. Por lo tanto, menor oferta por la exportación y mayor demanda por los altos salarios produce un mayor precio en los productos que los sectores populares consumen. Ésta es una encrucijada que el modelo sustitutivo nunca pudo resolver.


Alianza de clases y hegemonía. La Argentina pendular.

El imperativo de mantener los precios internos bajos para el consumo y la necesidad de distribuir en ingreso del campo hacia la industria generó una alianza entre las clases populares y los sectores de la pequeña burguesía industrial. Esta alianza de clases se vio expresada en las políticas keynesianas del peronismo (tanto en los cuarentas, como en la vuelta de Perón, hasta que muere). El bloque urbano (clase trabajadora y pequeña burguesía) se enfrenta al de la oligarquía (comerciantes y terratenientes). Existe un tercer jugador, la gran burguesía industrial-comercial, que es pendular porque, al estar ligada a sectores del gran capital, puede apoyarse en su base financiera durante la recesión o puede poner ese capital a producir cuando le conviene (en el modelo de mercado interno). Se alía a los sectores urbanos o a la oligarquía según le convenga.
Pero tanto en el '55 como en los setentas la oligarquía salió airosa. Cuando el agro desplaza a la alianza popular, comienza siempre una etapa económica en la cual se fuerzan desde el Estado ajustes a las clases subalternas con el fin de recuperar la renta.
En contraposición, la fuerza de las clases populares proviene de la movilización política. Así le hace frente una y otra vez al agro, buscando volver la economía sobre el mercado interno. Esta contradicción ha hecho de la economía Argentina un péndulo que nunca se detiene.


El Cordobazo de 1969, símbolo de la movilización política popular

En el período de auge de la alianza popular se ha intentado con mayor y menor éxito aplicar retenciones altas a las exportaciones a la oligarquía. Pero debido al poder de ésta, nunca fue totalmente exitosa esa política. No pudo siquiera un sector del gran capital industrial aliado al capital internacional monopolista (dirigido por el tecnócrata Krieger-Vasena) quebrar a la oligarquía. La dictadura del fascistoide Onganía intentó doblegarla y fracasó. Esto se explica en la concentración de la propiedad de la tierra y en la poca capacidad del Estado de intervenir sobre esta formación económica.
Saltando al presente, el gobierno de CFK casi le cuesta su destitución enfrentarse a ese poder. La oligarquía cuenta con una hegemonía impresionante. Las clases medias la apoyan, seguramente por tradición. Fue al calor del modelo agro-industrial pre-crisis del '30 que estas surgieron y esos relatos siguen pasando de generación en generación. La oligarquía dice que ella "construyó el país" y muchos así lo creen.


La clase media apoyó a la oligarquía durante el conflicto por las retenciones

En el modelo de sustitución de importaciones, o sea,  cuando la distribución de ingreso de la renta agraria a la industrial es alta, se estrangula la balanza de pagos. Así se mata la gallina de oro, porque el país depende de esos ingresos. Y no puede realmente desarrollarse porque, como dice O'Donell, se "rompe la cohesión inter-burguesa"5 necesaria para que la Argentina pueda modernizarse. O sea, debido a ese ir y venir de la hegemonía y sobretodo, lo pendular de la alta burguesía es que se rompe la capacidad que tienen los únicos sectores capaces de invertir en tecnología necesaria (la burguesía terrateniente y dicha gran burguesía urbana, que en ésta etapa se alía al bloque popular) para poder producir lo suficiente para el mercado exterior y el interno.
En síntesis, todos los sectores han estado en puja por la renta agraria. Algunos para mantenerla allí y otros porque querían volcarla al desarrollo industrial y/o satisfacer demandas populares. Estos últimos, cuando lo hicieron, perdieron contra el poder político y económico de los agropecuarios (si les quitás ganancias no invierten, o sea, no producen) y nunca pudieron tomar suficiente renta como para llegar a la inversión necesaria para el desarrollo. La inestabilidad histórica de los precios exógenos siempre fueron un elemento desestabilizador de la economía.
O'Donell postula que la única forma entonces de desarrollo pasa por la inversión de capital6 en el agro para poder producir lo suficente para el mercado interno y, a la vez, abasteciendo al externo. Para eso se necesita inversión tecnologíca, sobre todo. Entonces: ¿Cómo se logra la modernización y un desarrollo que no deje ningún sector de país atrás? ¿Cómo se logra la estabilidad social y política necesaria para ello? ¿Cómo salir de este "eterno retorno? Y si todas las clases argentinas se necesitan entre sí para desarrollarse, ¿dónde está la pelea por la liberación de las clases subalternas? ¿Cómo se consigue la igualdad? En suma, ¿por dónde pasa la profundización del modelo?



Esto lo trataremos en la parte dos. Refiriéndonos al plan agro-industrial de Cristina Kirchner y la necesidad de un capitalismo realmente nacional.







1O’Donell. G, Catacumbas, Ed. Prometeo, Bs. As, 2008
2Juan Carlos Portantiero.Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973, en Revista Mexicana de Sociología Nro 2, México, 1977
3Hernique Cardoso y Enzo Faletto, Dependencia y desarrollo en América Latina, Siglo XXI, México, 1969
4Juan Carlos Portantiero.Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973, en Revista Mexicana de Sociología Nro 2, México, 1977
5O’Donell. G, Catacumbas, Ed. Prometeo, Bs. As, 2008
6Ídem.
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