domingo, 2 de diciembre de 2012

Ninismo, populismo, gentismo y lo que está en juego el 7D

Una gran porción de la población ha pensado hasta aquí la batalla que ha dominado la política nacional estos últimos años en los términos de una pelea entre "Clarín y el Gobierno". Suelen presentarse como neutrales. Se sienten en el medio de dos gigantes que libran una batalla que no les incumbe. Uno es un grupo multimediático y el otro es el gobierno de turno. Ellos se sienten por encima de la disputa. Son ninistas, no están ni de un lado ni del otro. Entienden que hay una batalla por el poder entre una corporación que busca defender sus intereses y un gobierno que quiere manejarse más libremente, achicando a ese gigante que lo condiciona y así perpetuar su poder. ¿Podríamos decir que esto es falso? Definitivamente no. Pero esta interpretación es superficial, no alcanza a ver más que la punta del iceberg.

Esta forma de entender el conflicto ha recibido acertadas objeciones:

A) Que es perjudicial para la democracia que un gobierno elegido por el pueblo tenga el mismo poder que un grupo económico que no eligió nadie (y actúa como un partido político no electoral o no-partido).
B) Que la Ley de medios que impulsa el gobierno cuando decide enfrentar a Clarín toma reclamos de distintos espacios de militancias históricas por la comunicación alternativa, que fue la ley debatida de la forma más participativa desde el retorno de la democracia, que fue votada por amplia mayoría en el Congreso. Y además que ésta Ley de Medios quedará cuando el gobierno actual ya no esté.
Cuando recorremos tales objeciones entramos en un plano de complejidad más interesante, pero aún no llegamos al fondo de la cuestión. ¿Qué es lo que realmente está en juego el 7D?
Tras ese día el país no cambia mágicamente de la noche a la mañana. Nadie que antes era opositor se amanecerá kirchnerista. Tampoco, por lo que detallaremos a continuación será más permeable a lo que se ha dado a llamar "el relato". Mucho menos habrá un ataque a la libertad de expresión o un monopolio estatal de los medios porque eso no lo permite la Ley, cuyo espíritu es indudablemente democrático, claramente anti-monopólico. 
Pero para entender el combate, primero tenemos que saber quiénes son sus participantes.
Sabemos que Clarín es un oligopolio multimediático ultrapoderoso. Pero representa mucho más, representa el establishment argentino, porque aliado a Clarín está nada menos que la Sociedad Rural y gran parte del capital concentrado. Y el grupo de Ernestina y Magnetto, como sucede en todo el mundo, es un conglomerado mediático que funciona como la verdadera oposición a los gobiernos. Puede llamarse Clarín o Televisa, Globovisión u O Globo, aunque esa entidad no es la que te convence siempre de cómo pensar ante cada cuestión, sí es la que marca la agenda de lo que importa, de lo que merece ser atendido y por sobre todas las cosas impone un sentido común. En situaciones normales no te dice cómo pensar puntualmente en cada tema pero sí te pone dentro de una caja que no se puede derribar. De forma que el sólo hecho de pensar algunas proposiciones sería ridículo o inverosímil. Por ejemplo, comunicación sin fines de lucro no entra en esa caja (recordar el Lanata dixit: "¿Quién va a escuchar la radio de los wichis?"). Sería inconcebible que ante un paro de subtes el medio se preocupe por las promesas incumplidas de la patronal hacia los trabajadores. Lo naturalizado es preocuparse por el caos del tránsito o la falta de responsabilidad o comunicación de las partes. En definitiva, este tipo de medios forma sujetos. Los crea y después habla en su nombre: "la gente dice que...". Esa "gente" es en particular el sujeto mediático. Para caracterizar este proceso, tomemos al gran Nicolás Casullo. Lo que podríamos llamar gentismo, "exhibe el más natural conformismo de valores y conductas de un ser social tipo: instala una cultura de derecha sin partidos desprestigiados, en múltiples detalles y alocuciones (el ordenamiento de un noticiero, el tipo de pregunta de un movilero, la indignación de un locutor, la broma de un animador). Una cultura que atraviesa lo comunitario desde el alarmismo social, la antipolítica, el sentimiento ciego, el protolinchamiento permanente, el cinismo, el termómetro de la inseguridad, el analfabetismo ante toda cuestión compleja, la vacuidad temática del rating, el comportamiento histérico". Casullo da en el clavo cuando habla de la antipolítica. Aunque animándonos a polemizar, podríamos afirmar que no es que los medios construyan personas de derecha sino sujetos que, por odiar o desestimar la política, son funcionales a la derecha. Hay algunos de estos con ideales vagamente de izquierda, pero de izquierda al fin, que por la influencia de los medios nunca se meterían en política porque "es sucia y todos los políticos son iguales, todos chorros". Ese tipo de sujeto moldea el medio hegemónico, porque debilita la política para poder condicionarla e imponerle sus intereses. Nada les conviene más que el desprestigio de la política, porque saben bien que el poder político es el único que puede menoscabar el suyo, que es el económico.


Entonces, de un lado está "la gente común", que son los incluidos, esos que merecen formar parte del debate público, los que pueden cortar las avenidas más importantes sin generar caos de tránsito y ciudadanos que participan de manera siempre "espontánea". No es sólo Clarín, es el gentismo, que lo incluye pero también lo desborda porque todos los canales privados participan de este modelo, sólo que Clarín es el arquetipo y el más poderoso simbólicamente. ¿Y del otro lado qué hay?
Del otro lado hay un gobierno, sí, pero que no es cualquier gobierno. Es un gobierno populista. No vamos a definir este término por su complejidad y extrema polisemia pero sí lo vamos a caracterizar en algunos rasgos relevantes al tema.
El populismo kirchnerista, como todo populismo, se basa en la dinamización del pueblo. Entender lo que es el pueblo es fácil, lo difícil es explicarlo. Pero podría decirse que el pueblo es lo excluido, no necesariamente económicamente sino culturalmente. Los que no forman parte de la sociedad, sin voz ni visibilidad. Lo que hace el populismo, como dice Sebastián Barros, es una radical inclusión de aquello antes apartado. Le da voz a los que no tenían voz. En el peronismo fueron los "cabecitas negras", en el kirchnerismo, los gays y transexuales. El populismo aglutina constantemente desplazados, pero cuya identidad siempre es a medida que niega otra. De ahí el antagonismo. No hay forma de unir descamisados con la oligarquía, por ejemplo.
El kirchnerismo incluyó a través del Matrimonio Igualitario ("Bienvenido a la militancia" le dijo Néstor a Alex Freyre tras la aprobación de la Ley, que es en realidad "bienvenido al campo popular"). O en el caso de la Ley de medios, intenta sumar a los movimientos de comunicación alternativa y a los pueblos originarios.
La fuerza del populismo es que se apoya en la materialización de una realidad concreta que se realiza por y en la política. Ésta, como herramienta para transformar la realidad, algo imposible en el marco de referencia del gentismo. Hoy tenés vacaciones pagas, ayer no. Gracias a mí, la política. El gentismo se legitima a través del odio y del miedo ("Entran por una puerta y salen por la otra", "El que mata tiene que morir", "Nos están matando a todos") mientras que aquel se da fuerzas también con el odio ("golpistas", "gorilas") pero también el amor ("El amor vence al odio", "El club de la buena onda"). Como se ve por estos enunciados, esto rebalsa la política, el populismo y el gentismo son poderosísimos porque se basan en la cultura, en lo identatario, lo emocional, los gustos estéticos y estilísticos. Son formas de "estar en el mundo". Es escuchar cumbia o música electrónica, es ver un programa de análisis político de TV por cable o ver a Tinelli. Es sentirse parte de la Argentina blanca o de la negra. Y esto puede operar inconscientemente, por lo tanto, más poderoso aún. Tanto el gentismo como el populismo apelan a cosas mucho más fuertes que la ideología o la extracción de clase, que operan a nivel antropológico. Interpelan en lo cultural. Al "Yo" que es en oposición al "Otro". Estas representaciones antagónicas son siempre así. No las inventa el populismo, las toma de un conflicto de incluidos versus excluidos que es anterior. El populismo peronista no inventó la división entre oligarquía y descamisados, eso estaba en diversas dimensiones (económicas, sociales), pero lo lleva a la política para disputar el poder real y cambiar el status quo. En el caso kirchnerista, Clarín jugó un rol fundamental en la derrota de la Ley 125. Cuando se da cuenta que el verdadero poder hegemónico que debe disputar no lo tiene Cobos o un partido político, sino Magnetto, ahí Nestor lanza el "Qué te pasa Clarín, ¿estás nervioso?". No inventó el conflicto pero lo puso en el tapete y ahí comienza la pelea por la hegemonía.
Para ganar esa disputa contra el más poderoso el kirchnerismo se apoya en uno de los campos de representación (o sea, cómo se caracteriza a sí mismo un colectivo) que es el pueblo, de ahí su poder y legitimidad. No es un gobierno más, es un gobierno popular. El que da la asignación universal, el que jubila a quienes no aportaron, el que da casas, fútbol gratis en HD, altos sueldos y el que incorpora a los antes excluidos.
Entonces, el 7D comienza la batalla final para saber qué tipo de sujeto se formará en las próximas décadas. Nada cambiará de un día para otro, los cambios culturales toman tiempo, pero la disputa es ese nuevo sujeto que, no es que será un zombie que se haga kirchnerista el 8D, sino que será una persona que no negará a la política, no pensará que son "todos chorros" y hasta pueda ver la política como algo más que mera gestión. En resumen, aquí hay mucho más que una confrontación entre un grupo económico y un gobierno. Tanto el Gobierno como Clarín son más que eso. El Gobierno es un gobierno populista y Clarín es un multimedio hegemónico, y por lo tanto, gentista. Ambos polarizan, es decir, atraen similares y confrontan. Es momento de dejar de lado reivindicaciones singulares (sin duda atendibles) para que el árbol no tape el bosque y entender que el resultado de esta contienda será como la explosión de un Big Bang que nos afectará todos. No hay forma de estar por fuera de él, por más que uno no tome partido. 
El gobierno pasará, pero la les leyes y los medios quedarán. Entonces ¿Qué medios queremos? ¿Populistas o gentistas? En otras palabras, ¿estás con el "pueblo" o con la "gente"? ¿Con la democracia o las corporaciones? Es momento de decidirse si uno va a estar del lado que aglutina lo popular (donde entra lo comunitario, lo revolucionario, la comunicación alternativa en general) o del bautizado por Víctor Hugo Morales como "lado Magnetto de la vida", que despolitiza y domina a través del miedo. Es momento de tomar partido. Y vos chabón, chabona... ¿de qué lado estás?
Los que ya sabemos que estamos de este lado tenemos que tener en cuenta que el objetivo del kirchnerismo debe ser fomentar desde el Estado medios alternativos y medios que formen parte del campo popular. La designación de Martín Sabbatella en el AFSCA y la gran inversión que el Estado está a llevando a cabo con la Televisión Digital Terrestre son muestras cabales de la comunicación nacional y popular que está naciendo. Quedan muchos escollos (la adecuación de Clarín y la dificultad de subordinar a Telefónica) a sortear, pero con compromiso y apoyo militante la Ley puede cumplirse íntegramente.Multiplicar es la tarea. Sobre todo, generando nuevos sujetos que sí se consideren partícipes de la política y vean en ella una forma de transformar la realidad. Es ésto y no el (necesario) desguace de Clarín lo que garantizaría una real victoria en la batalla cultural.
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