domingo, 22 de septiembre de 2013

¿El kirchnerismo giró a la derecha? Debate con el "Chipi" Castillo en Twitter

No todos los debates en Twitter se pierden en chicanas. A veces se dan intercambios interesantes. La seguridad es un tema complejo, y seguramente hay muchos argumentos que quedan en el camino, dadas las restricciones que impone Twitter en su inmediatez. Pero sirve como disparador de un debate necesario. Desde la izquierda debemos ser capaces de dar una respuesta democrática a la demanda de la sociedad de tener más seguridad.
Sabemos que la inseguridad es una consecuencia de la existencia de los delitos que, a su vez, son consecuencia de la desigualdad, que a su vez es una consecuencia natural del capitalismo. Una vez que acordamos en esto, ¿qué hacemos? Mientras exista el capitalismo existirán los delitos, porque persistirán las desigualdades. Pero los que adherimos a estos principios tenemos que cuestionarnos cómo encararla, ya que estamos perdiendo la batalla contra las respuestas mágicas que propone la demagogia punitiva.

Tratando de adaptarlo a lo que sería una conversación (los que usan Twitter sabrán que no siempre hay un ida y vuelta inmediato) reproduzco el debate que tuve por ese medio con el dirigente Christian Castillo, del Frente de Izquierda. La discusión gira alrededor del supuesto "giro a la derecha" del gobierno.


El debate en Twitter:

@chipicastillo (Christian Castillo): Hay kir
chneristas que se rasgan las vestiduras por la baja de la edad de imputabilidad como si Insaurralde no fuera el candidato del FPV.

@todo_para_todos (Leandro Hanc): Justamente, para eso estamos adentro. Mirando desde afuera no cambia nada.

@chipicastillo: Se nota, lograron que se abra el canje con los fondos buitre y que nombren a "meta bala a los pibes" Granados en Seguridad.

@todo_para_todos: ¿Entonces no debemos rasgarnos las vestiduras? ¿Debemos callarnos? Si nos calláramos, nos pegarían igual ustedes.

Unos minutos más tarde...

@chipicastillo: A ver cuándo se viene la nueva Carta Abierta diciendo que "el de la seguridad es un problema muy complejo", para justificar a Insaurralde.

@todo_para_todos: ¿Ves? ¿En qué quedamo'?

@chipicastillo: En que se acabó el argumento de apoyar al gobierno como mal menor "contra la derecha". El gobierno aplica políticas de la derecha.

@todo_para_todos: No estoy de acuerdo. No veo qué cambió. ¿Se bajo la imputabilidad? No me enteré.

@chipicastillo: ¿No te enteraste que "metamos bala a los pibes" Granados es el nuevo Ministro de Seguridad del oficialismo en PBA?

@todo_para_todos: A Granados lo puso Scioli.

@chipicastillo: ¿Y Scioli no es parte hoy del oficialismo, y hace campaña con y por Insaurralde?

@todo_para_todos: Volvemos al principio. De eso se trata el peronismo.

@chipicastillo: ¿De estar con fachos en un mismo movimiento? Por eso no va más y la superación es por izquierda.

@todo_para_todos: ¿Cuántas escuelas hizo el trotskismo con esa "superación"?
La superación viene con los hijos de los obreros yendo a universidades públicas. Eso se hace con keynesianismo. Eso se hace con gobiernos intervencionistas. Ustedes piensan que mientras peor, mejor. Así nunca habrá "superación".

@chipicastillo: Escuelas también hicieron los milicos. El argumento de "para hacer cosas hay que aliarse a los fachos" es patético. Pero ahora ustedes no hacen eso sino meterle bala a los pibes en los barrios de la mano de Granados y la Bonaerense. Por unos votos, levantan la política de la mano dura, y eso se paga en nuevas víctimas del gatillo fácil.

@todo_para_todos: No es patético. ¿De dónde vienen los votantes de la izquierda si no es de la Universidad?

@chipicastillo: Algunos de ahí, pero la mayoría de las fábricas y lugares de trabajo.

@todo_para_todos: 
Contate otro. Los obreros son los que piden mano dura. Son obreros los que votan a Massa. Y son los que le echan la culpa a los inmigrantes por la inseguridad. 
Me alegro que haya una minoría obrera de izquierda. Pero es una minoría insignificante. Falta mucho más kirchnerismo.


@chipicastillo: Eso es sobretodo la ideología de la clase media baja, aunque a algunos les entre ese discurso.

@todo_para_todos: Ahí me perdiste. ¿El obrero de la fábrica es más que el que hace changas? No sé a qué te referís.


@chipicastillo: No, pero las clases no se definen por ingresos, salvo para la teoría funcionalista.

@todo_para_todos: No sé. Creo que idealizás al obrero de la fábrica. Hace años que esa metafísica fue dejada de lado. La revolución para nosotros viene de una alianza de todas las clases subalternas. No del que usa casquito nomás...

@chipicastillo: Para nosotros también. Pero no con fachos con los que ustedes "construyen".

@todo_para_todos: Mientras más apoyo tenga CFK, menos margen tendrán los fachos.


@chipicastillo: Falso. CFK es la que le da manija a los fachos. ¿O se opuso a la designación de Granados? ¿O no apoya a Insfrán? Ustedes impulsan la mano dura desde el Estado, no hagan como que gobierna otro.


@todo_para_todos: Insfrán es un aliado. Y a Granados lo puso Scioli, para evitar que CFK le ponga a Berni. Y esto no lo dicen soló "los K", lo dice Asís (nota: ver el video de Asís más abajo). 
Ustedes tienen que reflexionar un poco más. El avance de los fachos no es culpa de CFK. Algo pasa que el pueblo pide mano dura. Ustedes creen que hay un "ascenso de la izquierda", y lo que hay es un ascenso de la derecha.

@chipicastillo: Hay una polarización, crecen políticos de derecha en un un polo y de la izquierda en otro.

@todo_para_todos:  No estoy de acuerdo. Hay una idea (equivocada) de que la derecha puede dar más bienestar y seguridad. 
Son demasiado optimistas ustedes. Está bien, hicieron una gran elección. Pero hay un hartazgo con el supuesto "garantismo" de CFK.

@chipicastillo: ¿Y por eso ustedes se pasan a la "mano dura"?

@todo_para_todos: No, pero no culpamos a CFK por ello. Entendemos por qué los fachos se envalentonan.

@chipicastillo: Pero si los fachos son parte del gobierno...
Paren de lavarse las manos con las políticas que aplican.


@todo_para_todos: Como te dije antes, no se bajó la edad de imputabilidad. Y por si las moscas, nos "rasgamos las vestiduras".
En ese sentido hacés mucho más desde adentro. Obviamente, en esto no nos vamos a poner de acuerdo. 



¿Interna en la ex-Side? 


Ésta es la nota a Jorge Asís referenciada en uno de mis tuits. Allí describe la interna que habría dentro de la ex SIDE, y cómo juegan Cristina (Berni) y Scioli (Granados) en este berenjenal. Esta puja interna con un sector de la inteligencia es la que explica también el ascenso de Milani, que sería un tipo de confianza para CFK, en el marco de esta "guerra por los Servicios".


sábado, 7 de septiembre de 2013

El rival también juega

Cuando en fútbol un equipo pierde un partido clave, la prensa y los hinchas suelen putear al entrenador por los errores percibidos. Se sabe, todos los argentinos somos DT. Que deberíamos haber defendido con cuatro, que los cambios no llegaron a tiempo, que se tendrían que haber puesto más delanteros. Pero los técnicos, por algo lo son. Tienen una filosofía, una táctica preferida y se juegan con ella. A veces, el cambio es necesario, pero otras veces no. Quizás lo que pasó en un partido determinado es que falló la ejecución del planteo o, en otros casos, lo que hay, es mérito del rival. Sin ver esto último, muchas veces se hacen cambios que terminan empeorando las cosas, y se entra en una racha perdedora. No se tiene en cuenta que el rival también juega. Que aquel puede hacer un planteo que te puede contrarrestar, cortar tus circuitos de creación de juego, que puede anular tu armador o explotar tus puntos débiles.

Algo así parece estarle pasando al kirchnerismo en relación al massismo. Como dijimos en un post anterior, la caída del oficialismo en relación con aquel 55% del 2011 fue consecuencia de dos cosas principalmente: primero, que se trataba de una elección de medio término (en la cultura política argentina en esta instancia hay menos voto útil, y mucho voto de "equilibrio" entre oficialismo-oposición) y segundo, que hubieron errores propios en el gobierno, no tanto errores de comunicación. Pero hay que sumar algo. Hay que darle crédito a Massa, que evidentemente ha sabido explotar las demandas populares y golpear al kirchnerismo con ellas (inseguridad, inflación, impuestos injustos, etc.). Además, tiene un carisma que, evidentemente, Insaurralde no puede empardar.

Pareciera que el rival no cuenta y nos estamos mirando demasiado el ombligo, que todo lo bueno pasa por mérito propio y todo lo malo por defectos nuestros. No es así. A veces haces las cosas más o menos bien, e igual te va mal. Es bueno (y necesario) corregir errores, hacer sintonía fina. Se estuvieron atacando varias demandas, como levantar el tope para el impuesto a las ganancias. Se dieron pasos en dirección a la recuperación de los trenes. 
Veníamos bien, hasta que Insaurralde anuncia que tiene un proyecto para bajar la edad de imputabilidad. Un error no forzado. De materializarse sería grave, porque se pondría en jaque la propia identidad del kirchnerismo, debilitando y desmoralizando la tropa propia. Por ahora no parece ser más que una innecesaria tribuneada.
Una cosa es poseer la cualidad del pragmatismo, otra cosa es cuando el pragmatismo es sustantivo, cuando sos el pragmatismo mismo y nada más. Bajar la edad de imputabilidad sería cruzar una raya en la que el kirchnerismo diluiría su identidad. Se transformaría en un mero objeto, totalmente maleable a las demandas de las encuestas de opinión, como lo es el massismo. Habrá que darle un buen chaschás al candidato por esta extralimitación.

Esto parecer ser una consecuencia de que en el kirchnerismo no se ha lidiado del todo bien con la derrota. Muchos han comprado el tipo de discurso que en el anterior post encarnaba Roberto Caballero. Ahora deben estar contentos. Aquel pedía menos ideología y más "seducción" al electorado. Aquí estamos queriendo seducir, pero se nota a la legua que estamos chamuyando, que pelamos una billetera abultada, pero llena de cupones para Burger King y tarjetas de Sacoa. Nosotros no somos eso. Y quedamos expuestos.
La mejor seducción es la comparación de modelos y los cambios que ya se mencionaron, porque van en la dirección de ajustes o profundización de aquel, y no se contradicen con la identidad política, sino que la refuerzan (como el caso de gravar renta financiera para así financiar lo que dejás de percibir en Ganancias). El discurso electoralista reza que el argumento ganador siempre es el correcto. Si esto fuera así, nomás sería cosa de que, por ejemplo, Altamira encuentre el tono necesario para tocar el corazón del obrero argentino y ahí sí se venga la revolución. No se trata de convencer simplemente, como quien te vende algo en el tren o el subte, se trata de presentar al electorado un proyecto político que éste puede tomar o dejar. Lo peor de los electoralistas es que su motivación es conseguir el poder por el poder mismo. Las convicciones, si existen, se dejan en la puerta del despacho del asesor de imagen. ¿De qué sirve ganar si lo hacés tomando una agenda que no es la tuya? Nunca nadie juega a perder,  pero si perdés, que sea con tus botas puestas, no las de tu rival.

Otra cosa que se observa es un inconveniente pase de facturas: se dice que la culpa la tuvieron los barones del conurbano, o que la culpa la tuvo La Cámpora, según en qué ala del movimiento se esté. Nos rasgamos las vestiduras, nos auto-flagelamos demasiado. No es momento para la guerra interna, porque nos devoran los de afuera. 
En resumen, no estamos siendo buenos perdedores. En la democracia se gana y se pierde. Sigamos con la nuestra, es lo mejor que podemos hacer.

Hay que desangelar a Massita, el monje zen
Y no perdamos de vista que tenemos enfrente a un candidato que es una especie de Capriles argentino. Viene con ese discurso de "mantener lo bueno y cambiar lo malo" que le ha rendido. Tiene carisma, posee algo que conquista. Además ha sabido pegarnos donde nos duele, en nuestros puntos flacos. Tras buscarlo infructuosamente en Macri, Scioli y Cobos, finalmente el establishment encontró un buen candidato. Y hay que resolver este escollo. Massa combina sonrisa de ganador con un halo de paz interior, tiene una actitud zen que vende. Un Claudio María Dominguez de la política. No sólo hay que seguir denunciando que el massismo busca re-editar el menemismo, también es necesario desangelar a Massa. ¿Cómo? Poniendo en evidencia que lo que quiere hacer es "poner palos en la rueda", generar problemas de gobernabilidad. Que se vea que detrás de esa sonrisa hay un tipo que puede responder así. Que lo que busca es reeditar el Grupo A, como se dice por aquíTras la elección legislativa del 2009 la oposición dilapidó una oportunidad al armar un bloque cuya única razón de ser era molestar al gobierno, hacerle la vida imposible, agredirlo. En democracia, el que agrede pierde. Y en 2011 la oposición fue castigada por adoptar esa postura. Quizás enfrentarse a la Corporación Judicial con el 55% fue leído como un avance de un gobierno fuerte sobre jueces casi indefensos. Ahora el escenario es otro. Nadie puede creer que el gobierno hoy es el débil. Es que el kirchnerismo se encuentra en una posición endeble, la oposición mediática ha salido fortalecida y el massismo está agrandado.  El kirchnerismo vuelve a ser claramente más débil que las corporaciones a los ojos de cualquiera. Como en otros momentos, no está bien visto ser kirchnerista. Para nada. En este contexto, dejar ver esa debilidad puede ser una fortaleza, puede ser un motivo que genere identificación con Cristina y malestar con la oposición.
Y no será para nada un montaje. La realidad es que, como dice CFK, ellos vienen por todo. El establishment hará todo lo que esté a su alcance para desestabilizar al gobierno, y Massa es su candidato. Cuando comience la ofensiva, habrá que dejarlos en evidencia.

domingo, 25 de agosto de 2013

J.W. Cooke: el peronismo olvidado (documental) y el pejotismo liberal

Hoy que nos quieren convencer de que peronismo es igual a pejotismo, más que nunca es necesario recordar al compañero John William Cooke, héroe de la resistencia peronista y gran opositor a la burocratización del peronismo.
No hay que dejar que los auspiciantes de la interpretación conservadora y burócratica del movimiento se hagan los tontos y nos digan que el "peronismo es el partido de poder". Es decir, el peronismo no tiene doctrinas, no tiene banderas, sólo se adapta para conservar el poder.
Ese es su peronismo, engendrado por la "generación intermedia", que le llaman, tan piadosamente. Es obra y gracia de una generación noventista, putrefacta, sin ideales, sin el sentimiento que debe tener todo peronista: la indignación que debe producir ver al otro comiendo de la basura.
Como se dijo en esta excelente columna que hizo crujir la blogósfera, el peronismo también fueron los héroes de la resistencia y los desaparecidos.

Othacehé, pejotista fascistoide e intendente de Merlo.
A veces mejor reír que llorar.
El peronismo de ellos es francamente depreciable. ¿Quién puede defender la codicia irrefrenable, el aprovechamiento del débil, la violencia? ¿Qué mérito tiene el que con violencia impone sus ideas? ¿Por qué se vanaglorian y festejan esas "victorias"?
Dicen estos que el pueblo no quiere oir de ideologías. Es cierto que gran parte del pueblo no tiene interés en la política, pero también es cierto que muchos aún tienen el temor que le inyectó una dictadura asesina. Y le genera dudas abrirse a la política, porque es sucia y peligrosa. Gracias a ustedes, también, que fueron el menemismo. La militancia juvenil, sea kirchnerista o no, hace bastante para pelear contra esa idea dominante. Pero lucha a manos limpias. Larguen el aparato, la mafia,
las patotas y vayamos a discutir con el pueblo mano a mano, si tan genios y guapos son. Vamos a ver si el pueblo quiere su peronismo o el nuestro.

Ante estas acusaciones el pejotismo sólo puede contestar con chicanas como acudir a rótulos vacíos hechos pasar por insultos, como "progre", "progresista". O puede acusarnos de hacer moralina. No es moralina, eso sería poner la otra mejilla, por ejemplo. Esto es moral, y todos tenemos una. Es una dimensión de algo más amplio, que sería la ideología. Sí, otra vez esa palabra que tanto asco les da a estos pejotistas, hoy entusiasmados con el massismo.
De ideología y peronismo se ve mucho en este excelente documental sobre el mayor ejemplo de conducta que nos dio este país.  Disculpe que lo contradiga, General, pero el "mejor de los nuestros" no fue el Che, el más grande fue y será el Bebe, John William Cooke. 






No creo que suceda, pero si los burócratas y oligarcas de corazón ganan con sus confusionismos (en otras palabras, si ganan Massa o Scioli, que son lo mismo) y alguna vez nos toca ser oposición a ellos u a otro gobierno que juzguemos, no comparta la búsqueda de la justicia social, nos encontraremos en lados opuestos. Ellos, mirando cómodamente por televisión y riendo socarronamente desde sus sillones, nosotros tirando piedras. No le tenemos miedo a la resistencia.
Ellos creen que seremos pocos, porque no entienden que esta democracia ya lleva 30 años sin ser interrumpida, y eso no es gratis. Por algo siempre que se generaba una determinada cantidad de conciencia libertaria que llegase a angustiar al poder, se cortaban las experiencias democráticas y se instalaban las dictaduras, que nos hacían retroceder (a los palazos) al casillero inicial. No somos pocos. Mucho hizo la democracia, y mucho está haciendo el kirchnerismo por los pibes que hoy van al colegio con asignación y notebook. Van con un país que apostó por ellos y se han criado en una inmensa libertad. Hoy no hay Videlas en el horizonte, así que, si creen que la van a tener fácil, se equivocan. Como dicen por ahí, si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir.

domingo, 18 de agosto de 2013

Kirchnerismo y elecciones. Problemas estructurales o problemas comunicacionales.

El periodista massista Juan Pablo Varsky leyó al aire posts "auto-críticos" de los blogs "Taller La Otra" y "Cartoneros de San Telmo". No para reflexionar.  Sólo para hacer daño. Parece que los opositores se mueren por escuchar cómo nos auto-criticamos.
¿Problemas estructurales o problemas comunicacionales?

Estos dos blogueros intentan explicar la derrota del domingo pasado en las PASO a través de una ya muchas veces criticada poca capacidad de comunicación del gobierno. En el caso de Cuervo, se señala falta de dinámica, de ajuste, en una forma de interpelar siempre al ya convencido (cuyo ejemplo arquetípico es 678), que fue efectiva en un momento, y hoy estaría agotada. En el escrito de Contradicto, se apunta a que los funcionarios "no explican" las medidas, especialmente la del llamado "cepo al dólar". Ambos ponen el acento en errores de comunicación. A mi entender opera una inversión en la que se pone la comunicación por arriba de los problemas estructurales que hay que intentar resolver o, al menos, menguar en su impacto. Y en el caso del "cepo al dólar", que muchos señalan como medida piantavotos, confunden un síntoma (el "cepo") con la enfermedad (la inflación). El cepo resta votos en la clase media, no es lo que causa el desplazamiento del voto kirchnerista a Massa, sino la inflación. Ésta, junto a la inseguridad (que Massa capitaliza con sus "cámaras de seguridad"), forman un cóctel de problemas insidiosos, erosionantes, que explican lo que fue el voto del 11 de agosto: un voto castigo; una llamada de atención. Ésto fue analizado por los mejores escritos sobre el por qué de la llamada de atención del laburante al gobierno: el de Gerardo Fernández principalmente, y algunos de los puntos marcados por el Licenciado Baleno (transporte y seguridad). Lo que hay que evitar es rasgarse las vestiduras y decir que la culpa de todo la tiene la forma en que se encaró la campaña, como si fuera tan decisiva. Viendo las quejas de algunos compañeros pareciera que ahora somos todos genios en campañas y comunicación, pero con el diario del lunes. Hay que tener cuidado porque por más cambios que se hagan en el discurso de la campaña, no vamos a sacar el 100%. Esto es porque lo que más nos saca votos son esos problemas estructurales que señalan Fernández y Baleno. Esto no significa que la campaña haya sido perfecta. Hay hacer pequeños ajustes, sintonía fina. Pero el enfoque de la contraposición de modelos es el acertado.
Hay quienes, como Roberto Caballero, nos dicen que el problema es que estamos siendo demasiado ideológicos, que no sabemos seducir. Más problemas de comunicación. Veamos este rico párrafo del columnista de Tiempo Argentino, dónde en realidad, aunque él no lo sepa, nos detalla todo lo que no hay que hacer:
"En política, ser exitoso en los argumentos es ganar. Nadie puede sentirse victorioso si está convencido de que tiene los mejores argumentos y finalmente estos terminan cediendo ante otros, que aunque no tan buenos ni tan trascendentes, están mejor comunicados. Refugiarse en el culto de la derrota, contentarse con ser una vanguardia inmolada, espanta a las masividades necesarias para ganar una simple elección. Es frustrante tener la razón y que no te la reconozcan. Lo inverso, en cambio, es el objetivo de cualquier política que busca transformar la realidad. Los mejores argumentos, para ser revalidados, tienen que ganarles a los otros. En democracia, obteniendo más votos que el resto. Vale convencer, persuadir, enamorar y seducir. El marketing no es una ciencia del capitalismo financiero: es un instrumento que promueve conductas. No es mentir: es hacer más atractiva una verdad. En ese terreno, en el de las verdades, el kirchnerismo lleva ventaja. Es mucho mejor y más previsible que sus competidores. El único que habla de un nuevo orden y todavía concita la adhesión del 30% del electorado. Si lo comunica mejor, seguramente podrá incrementar el apoyo. ¿O qué fue el 54 por ciento?"

Extraña interpretación de Caballero que, al igual que los opositores (aunque estos lo hacen adrede), comete el infantil error de comparar una elección ejecutiva con una legislativa. El comportamiento del votante es distinto. Cualquiera lo sabe. Además, el 54% se dio en un momento económico mucho mejor que el actual. Rasgarse así las vestiduras y dar la impresión de sangrar por la herida es lo que no hay que hacer.
Caballero propone menos ideología, menos política, más marketing. Que hagamos lo mismo que Massa. ¿Eso fue lo que hicimos cuando sacamos el 54% para usted? También nos advierte en tono duranbarbesco que "no hay que mentir, sino hacer más atractiva una verdad". ¿Cómo? ¿Qué le faltó a la campaña para ser atractiva? Si hasta los opositores elogiaron la calidad estética de la producción del kirchnerismo


Según Caballero, esto no es lo suficientemente marketinero.
Pero su encanto estético fue elogiado hasta por La Nación.


Señor Caballero, el kirchnerismo no puede avanzar más de lo que ya hace en el marketing político sin cruzar una línea en la que comenzaría a mentir, a prometer lo que no se puede cumplir. Y Cristina, en su excelente discurso en Tecnópolis lo dejó claro cuando dijo: 
"Así que fuerza, mucha fuerza, esto se sostiene con coraje, convicciones, militancia, perseverancia y fundamentalmente honestidad intelectual de lo que se quiere decir. Somos lo que somos, no mentimos, no nos disfrazamos, no engañamos, no prometemos ni prometeremos jamás cosas que no se puedan cumplir. Ya de eso pasó mucho en la Argentina, lo viví en el '99, así que ahora solamente la fortaleza de la verdad, la fortaleza de la verdad y de la realidad, que por más que hagan lo que hagan no se puede ocultar porque no se puede ocultar el sol con una mano."
Increíble que algunos tengan el tupé de decir que Cristina es demagoga. Cero demagogia, pura sinceridad con su pueblo. El kirchnerismo siempre ha hecho esto, siempre fue con la verdad. Su campaña fue atractiva. Lo que no tuvo es promesas incumplibles ni ofreció soluciones mágicas, como hizo Massa. Él sí es un demagogo.
Por otra parte, según Caballero, en política los mejores argumentos son los que ganan. "Conmigo un peso, un dólar", dijo De la Rúa. Y ganó. Un gran argumento, según Caballero.
Afiche hecho por Hank Soriano.
Excelente ridiculización de la demagogia massista
Esto está ligado a un común equívoco: la expresión "el pueblo nunca se equivoca". Sí, el pueblo se puede equivocar, pero más que nada, puede ser confundido. Lo que sucede la mayoría de las veces no es que el pueblo se equivoque al votar un modelo (eso sucedió en el '95 solamente) sino, que puede ser confundido por aquellos que prometen hacer algo que no pueden, no saben o no quieren cumplir (el caso del '89 y '99).

El kirchnerismo no ha mentido ni debe hacerlo. Sin embargo, los resultados estuvieron por debajo de lo esperado. Hay que seguir posicionando a Insaurralde. Como se comenzó a hacer en los últimos días, hay seguir denunciando lo que es Massa. Pero con una salvedad: dejar de insistir con que Massa es el candidato de Magnetto, para decir que es el Menem del '89. El "Revolución productiva y salariazo" es el mismo tipo de promesas incumplibles que hace Massita, que nos promete pleno empleo, 82% a jubilados, paritarias, ¡y todo esto sin inflación! Aquí se apela al mismo confusionismo que permitió que Menem gane por primera vez.

Entonces, hay que hacer este ajuste. Los funcionarios del gobierno que hablan a la prensa deberían dejar de insistir con el malvado Magnetto. Hay un hartazgo del anti-clarinismo discursivo, y esto atraviesa todas las pertenencias políticas, todas las clases sociales. Hasta la propia militancia se cansa. Muchos votantes saben lo tendencioso que es Clarín, pero nunca llegarán a verlo como el monstruo que ve el gobierno, que lo presenta como la fuente original de toda maldad. Es mucho más efectivo y más pedagógico decir que Massa es Menem. Y además, fiel al estilo kirchnerista, estaríamos diciendo la verdad. Dicho sea de paso, la poderosa mega-corporación Techint (esa que cree que los trabajadores argentinos venimos ganando demasiado) viene jugando fuertemente para Massa. Es un adversario temible, casi tanto como Clarín. No por nada Massa es la gran esperanza blanca.



Pero el dilema que se presenta desde el pragmatismo talibán es: ¿queremos ganar sin que importe cómo o queremos tener razón? La primera es la de Caballero, que dice "en política ser exitoso con los argumentos es ganar" Ganar como sea. La concepción de la política del poder por el poder mismo es conservadora. Creo que los kirchneristas deberíamos tener otra concepción: en política, ser exitoso es concientizar y movilizar al pueblo.

Por lo tanto, mirando hacia el futuro y pensando en 2015, no deberíamos asustarnos en caso de perder una elección. Más vale perder una elección por poco, con un candidato del riñón kirchnerista, que ganar con alguien que desarme el modelo de a poco. Formaría parte de un proceso de aprendizaje que el pueblo debe pasar en su concientización. Es parte fundamental de la democracia que el pueblo se equivoque. ¿Qué sucede si Massa gana en el 2015, y cuando el pueblo vea su error no tenga alternativa, porque habremos dicho y hecho lo mismo que la derecha? ¿Con qué va a contraponer el pueblo al liberalismo massista, por ejemplo, si el kirchnerismo adopta sus mismas formas? ¿Y qué pasaría si Scioli es presidente? Si él es visto como un heredero, y luego choca la nave? ¿Sería vista Cristina como la alternativa o sería vista cómo parte del problema? Es el drama de todo gatopardismo. La derecha gobernando, más temprano que tarde, choca la nave y destruye el país. El kirchnerismo es lo contrario y debe quedar claro ante los ojos del pueblo. A los que nos interesa el bienestar y la emancipación del pueblo no sólo nos interesa ganar, queremos ganar teniendo razón. Si no ganamos, no podemos implementar nuestras políticas. Pero si ganamos sin razón, si ganamos mintiendo, perderemos las elecciones siguientes, porque habremos prometido lo que no podemos cumplir. Por eso los "pibes para la liberación" (denostados por todos aquellos que no pudieron extirpar el noventismo de su corazón) y nuestra conductora, Cristina Kirchner, le hablamos con sinceridad al pueblo, y no dejamos nuestras convicciones en ninguna puerta. Porque el kirchnerismo no es demagogia sino realidad efectiva. Porque mejor que decir, es hacer. Y porque el kirchnerismo es siempre más, o no lo es.

domingo, 4 de agosto de 2013

El verdadero progresismo en Argentina siempre ha sido el peronismo

¿Los que se llaman a sí mismos "progresistas", como Binner, Prat-Gay o el Partido Liberal Libertario, son realmente progresistas? ¿Por qué el kirchnerismo no se define con esa palabra? ¿Por qué el peronismo no ha disputado esa bandera?

Una primera respuesta para estos interrogantes podría ser que la palabra progresista ha sido apropiada por sectores que sólo expresan la defensa a las libertades político-civiles, pero nunca la igualdad.

Hasta el Partido Liberal Libertario dice que es progresista: 
Es sin dudas el primer partido liberal de la república; somos progresistas, verdaderos progresistas. Proponemos un liberalismo moderno, que complete su tradición clásica con los aportes de su evolución libertaria de las últimas décadas, y en el cual no existen diferencias entre las libertades civiles, políticas y económicas; ni consideramos que puedan existir de manera aislada. Por ejemplo, consideramos que el Estado no puede privilegiar ninguna religión en particular, ni ninguna orientación sexual, ya que estaría violando las libertades civiles. Pero también creemos que el Estado no puede ahogar con impuestos a los ciudadanos, ni obstaculizar sus emprendimientos económicos, desalentando la creación de empleo e impidiendo la prosperidad. En efecto, ello violaría sus libertades económicas. Para nosotros toda persona es libre de actuar como lo desee mientras respete la libertad y los derechos individuales de las demás personas.
Estos muchachos incurren en la falacia de pensar que las "libertades económicas" son libertades. No lo son. Las llamades "libertades económicas" cercenan la verdadera libertad. A diferencia de lo que dice el discurso liberal,  la igualdad es la única que otorga libertad, ya que en el sistema capitalista uno es tan libre como el poder de compra que tiene. ¿Qué libertad tiene un tipo que está obligado a laburar 12 horas por día y viajar 4? ¿Dónde está la libertad en ser un esclavo, cuyo trabajo es apropiado por el patrón?
Ante esta enajenación, es fácil ver que si el Estado interviene y mejora la vida de una persona en estas condiciones, poniéndole plata en su bolsillo, limitando la explotación de su patrón, dándole descanso los domingos, aguinaldo y reduciendo la jornada laboral, lo que hace el Estado es dar más libertades. La derecha opone intervención estatal a libertad, lo que es falso. 

Con respecto a fuerzas como el Frente Amplio Progresista, en ésta muy recomendable entrevista de la Agencia Paco Urondo, Abelardo Vitale (alias Mendieta), define al progresismo:
En principio, el progresismo -como etiqueta- atraviesa la misma polisemia que todas las expresiones políticas de la Argentina. La misma pregunta podríamos hacer con respecto a qué es ser peronista o qué es ser radical. Son categorías que siempre están atadas a la coyuntura y su identificación. Como toda identificación, siempre se da en contraposición a otro. La teoría progresista tiene en sus orígenes ciertos resabios y sonidos atrayentes en términos de una tradición de izquierda o de centro-izquierda. Lamentablemente, en la práctica concreta, por lo menos en la actualidad y en la historia reciente, el progresismo argentino termina siendo un progresismo de arte, ciencia y espectáculo. Es interesante en relación a su mirada de la cultura, a su mirada sobre ciertos derechos humanos o leyes que hacen a este género. Cuando vas a los núcleos duros que conforman la estructura de una sociedad, en cuanto a la conformación económica, política y la lucha contra los poderes, el progresismo no sólo termina -de algún modo- siendo contradictorio con su propio discurso o con sus propios orígenes, sino que termina siendo funcional a esos sectores adversos a una tradición de izquierda y de centro-izquierda.

Las negritas son mías. Me interesa esta frase porque es excelente para explicitar lo que son aquellos que se llaman a sí mismos progresistas pero muy poco tienen de ello. Son lo que el kirchnerismo llama "progre", como vimos en un post anterior dónde analizamos cómo se usa esa despectiva palabra.
La pregunta es: ¿Puede ser realmente progresista quién sólo entiende la libertad en términos culturales?
Hay que dejar de pensar al progresismo como una categoría meramente política. Serviría mucho más si se usa la palabra para englobar todo aquello que esté del centro hacia la izquierda. Pero no del centro a la izquierda en lo económico o en lo político sino promediando ambos términos.   
Hay que tener cuidado con tomar las libertades políticas y la igualdad por separado. Sino, llegamos al absurdo. Si tomamos progresismo sólo en sentido económico podríamos decir que Mussolini era progresista porque intervenía en el mercado y limitaba sus desigualdades. Si tomamos en cambio, progresista en el sentido político/cultural (el error más común) terminamos diciendo que Prat-Gay o el Partido Liberal Libertario son progresistas sólo porque están a favor del Matrimonio Igualitario. Ridículo.
Ahí aparece esa contradictoria categoría que a veces se usa: el "liberal de izquierda". No existe tal cosa. Usar "liberalismo" en términos políticos confunde como pocas cosas, porque se puede confundir con el liberalismo en sentido económico, el de Adam Smith. Derecha e izquierda echan mas luz si se los usa en términos económicos, cuando hacen referencia al grado de igualdad que se desea y se busca para la sociedad. Smith pensaba que los hombres somos desiguales y competitivos por naturaleza. Sólo podía ser considerado de izquierda en relación al Antiguo Régimen. Tras la difusión de las ideas de izquierda y el ascenso de la burguesía al poder, éste discurso se torna conservador y reaccionario.
Lo mismo con la categoría "centro-izquierda". Se le dice centro-izquierda a lo mismo que se le dice "liberal de izquierda" y "progresista". Centro-izquierda es el keynesianismo, que busca la igualdad pero dentro del capitalismo, no llega a ser izquierda revolucionaria (la que busca eliminar la propiedad privada y la explotación, génesis de la desigualdad en el sistema). En Argentina la centro-izquierda la expresión más clara de keynesianismo fue el peronismo. Aunque les produzca arcadas a muchos compañeros porque con ella refieren al falso progresismo anti-peronista (Binner), son de centro-izquierda. Y el kirchnerismo también debería ser considerado de centro-izquierda, no por el Matrimonio Igualitario, sino por ser intervencionista-keyenesianoTanto Perón como Cristina Kirchner podrían ser tranquilamente ubicados dentro de la centro-izquierda, si se cree que ambos buscan limitar las desigualdades del capitalismo, pero no eliminarlas por completo a través de un sistema superador.

En cuanto a la definición de progresismo, proponemos que se es progresista sólo si se tiene en cuenta ambas cosas a la vez: libertad e igualdad. 

Para que quede más claro todo esto, se puede ver la página "Political Compass", que ilustra muy bien lo que es ser de izquierda y derecha, en un excelente análisis que los siempre tan confundidos politólogos argentinos deberían tomar. Hasta tiene un excelente test para saber dónde estás parado. Usan la distinción izquierda-derecha en términos económicos. Y luego, para la parte política suman la otra dimensión, la del autoritarismo versus libertarianismo. Está por un lado la izquierda, que puede ser autoritaria (estalinismo) o de tendencia libertaria (anarquismo). Por otro lado está la derecha, que puede ser autoritaria (el mejor ejemplo de esto fue Videla) y otra más tendiente a lo no autoritario o hasta lo libertario (variantes neo-liberales como Milton Friedman, Ayn Rand y corrientes cercanas al anarco-capitalismo norteamericano, como el Partido Liberal Libertario de Argentina).

Aquí las ilustraciones orientativas de "Political Compass", dónde se observa las ventajas de este modelo analítico:






La palabra progresista echa luz cuando se la utiliza para nombrar todo el cuadrante en verde y hasta quizás la parte inferior del cuadrante rojo. Todo esto muy relativo a los tiempos y las relaciones de fuerza, es dinámico. El peronismo del '45 y el kirchnerismo sin duda están del centro hacia la izquierda en lo económico. Cabe la duda de si son demasiado autoritarios para ser llamados progresistas. Yo pienso que no. No hay que olvidar que, si bien el peronismo tuvo su costado autoritario frente a la oposición política, por otro lado amplió derechos políticos, por ejemplo, implementó el voto femenino y hasta legalizó el divorcio. Aunque el peronismo ha sido tachado de anti-demócratico, fue el que hizo partícipe de los asuntos nacionales a los sectores mayoritarios, los incluyó. Tal como antes había hecho el yrigoyenismo (uno de los pocos gobiernos radicales que tuvieron algo de progresismo) con las clases medias, a apartir de Perón, sectores antes marginados e invisibilizados ("cabecitas negras") fueron incluídos como actores polítcos.
¿Qué más democrático que eso, señores republicanos y defensores de las instituciones?

En cuanto al kirchnerismo, éste ha sido mucho menos autoritario que el aquel peronismo, porque como dijimos antes, es un peronismo aggioarnado. Así que, de ubicarlo en el gráfico, no estaría más a la izquierda que el peronismo del '45, sino más abajo. Pero continúa esa tradición de inclusión política a través del Matrimonio Igualitario, la Ley de género, el voto a los 16, etc. De ahí, la infantil irritación del progresismo anti-peronista: las medidas progresistas casi siempre las tomó el peronismo, sea con Perón o los Kirchner. Por eso ha sido el verdadero progresismo en el país. El real y efectivo.



Muchas veces desde el peronismo denunciamos el falso progresismo de los "progres", pero tampoco nos asumimos progresistas. El progresismo quedaría así vacante. Esto oscurece más que lo que aclara. Empecemos a entender la palabra en una concepción política y económica a la vez, para dejar de lado los confusionismos. Si así lo entendiéramos, no habría duda que el peronismo (incluyendo al kirchnerismo como una de sus variantes) ha sido mucho más progresista, promediando ambas dimensiones (libertades y derechos políticos e igualitarismo), que cualquier otro gobierno.

Entonces, o la dejamos de usar o empezamos a disputar la palabra. Si elegimos lo segundo deberíamos quitarle esa bandera a los anti-peronistas.  Si estos falsos progresistas insisten en llamarse así hay que decirles: "no muchachos, el verdadero progresismo en Argentina siempre ha sido el peronismo". 

domingo, 28 de julio de 2013

Kicillof, los Pitufos y el marxismo

Según el portal La Política Online Axel Kicillof y Guillermo Moreno se habrían agarrado a trompadas.
LPO es conocida porque super-archi-hiper-re-contra chequea todo, igual que Lanata. Como aquella vez que nos "adelanto" que Mario Firmenich volvía a la Argentina para ser homenajeado por Cristina Kirchner. Periodismo serio. Pero hablando de Kicillof, una de las cosas que preocupan a la derecha es saber qué piensa realmente. ¿Qué tan zurdito es? Está claro que es judío. Ahora, para colmo, ¿es también un marxista, como "denuncio" Carlos Pagni o, keynesiano? Para CFK esto no es importante. Dijo que no le hace tests ideológicos a sus funcionarios antes de designarlos. Pero a La Nación le interesa mucho saber, como se aprecia en ésta nota titulada: "Por más que se defina keynesiano, Kicillof es marxista". Por más que lo niegue, es culpable. ¡A la hoguera! Es muy graciosa la entrevista. Estos dos periodistas (uno de ellos autor de "El creyente", biografía no autorizada sobre el economista) se preguntan qué tan anticuadas, fracasadas y retardatarias son las ideas de economía planificada que defiende el actual Vice-ministro de economía. Cuando llegan a la triste conclusión de que es un rojillo, se extrañan de que Kicillof no comparta las las verdades auto-evidentes que ellos sí observan y comprenden. O sea, que el capitalismo es mejor que el fracasado "socialismo", que la inflación es una consecuencia directa de la emisión monetaria descontrolada, etc... Pero en vez de reproducir estas especulaciones y otras "investigaciones" publicadas por la prensa derechista, para saber lo que piensa, hay que ir a lo que el tipo escribió. Al menos para empezar.

Para ello he aquí un interesante extracto de su libro "De Smith a Keynes". El fragmento elegido trata sobre la idea liberal de que el intercambio mercantil es algo inherente a la naturaleza humana. Allí, con ejemplos didácticos, Kicillof reflexiona:
Para Smith, la sociedad "primitiva" era en esencia igual a la sociedad capitalista, sólo que más precaria y con ausencia de algunos elementos, llamativamente, el trabajo asalariado. Esta proyección no debería extrañarnos, ya que la literatura y la televisión actuales produjeron ficciones como ésta en masa, suponiendo que el mundo antiguo o primitivo y aún otras posibles sociedades conformadas por especies "cuasi-humanas" deberían funcionar de este modo. Ejemplos de estos intentos de convertir a la mercancía en una compañera siempre presente de la especie humana son las sociedades imaginarias de los Pitufos, Ásterix y Obélix y, si se incluye el trabajo asalariado, también los Picapiedras. Todas ellas abonan la hipótesis de que el intercambio de mercancías es un rasgo ineludible de toda la sociedad humana, ante la imposibilidad de concebir una forma social en la que se resuelva la producción y la distribución de distinto modo. Puede decirse desde esta perspectiva, que el mundo primitivo o una sociedad imaginaria son, en consecuencia, un "capitalismo", aunque privado de algunas de sus características, pero nunca de la mercancía. Es como si los que se imaginan otros modos de vida no pudieran permitirse concebir ninguna forma social que prescinda del intercambio mercantil.

La Nación teme que Kicillof quiera pitufos marxistas

Interesante, ¿no? Este pequeño fragmento no basta para encolumnarlo en el marxismo, pero sí para ponerlo mucho más a la izquierda de la sociedad argentina, que no quiere saber nada con esa otra forma de resolver la producción y la distribución que no sea la mercantil/capitalista. Que tengamos a alguien con convicciones de izquierda con algún poder para manejar los resortes de la economía no es común en Argentina. Quizás lo más parecido a un antecedente, sea el ya legendario José Bel Helbard, que ejerció como ministro de economía durante el '73 y el '74. Sería muy bueno para el país que Kicillof siga sumando experiencia como funcionario para que pueda llegar a explotar todo su potencial. Lo mismo para otros interesantes cuadros que lo han acompañado en su militancia, como la embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón, y la actual candidata a senadora por el FPV para Capital Federal, Paula Español. Siempre se le critica a los intelectuales la posición cómoda de la crítica desde la academia. Aquí, incluyendo también, por ejemplo, a Ricardo Forster, han abandonado los claustros para jugársela por un proyecto político colectivo y eso es muy loable. Pero más que nada, es bueno para la política y un acierto más de Cristina. Resta ver si pueden plasmar ese pensamiento en funciones, pero la propuesta es muy prometedora.

sábado, 20 de julio de 2013

Gestión sin confrontación. Un toque de mitificación para la solución de los problemas de los argentinos


Peronismo y gestión

Según el massismo la no-confrontación con los poderosos y más "gestión" son la solución a nuestros problemas. Empecemos por esta vaga palabra: Gestión. ¿Gestión? ¿Gestión de qué? En un país no desarrollado y dependiente como el nuestro, lo que se gestiona es la pobreza, las migajas que nos deja la oligarquía agro-exportadora y las grandes corporaciones económicas. El discurso eficientista, compañeros, déjenlo para los países que tienen qué administrar. Aquí lo que necesitamos es peronismo. Y no peronismo entendido como ellos lo expresan: en términos de "ocuparse de los problemas de la gente", como si se tratara de un mero gesto de buen samaritano. Lo que se necesita es la continuidad de lo que realmente fue el peronismo cuando gobernó con Perón en la presidencia: sacarle a los ricos para darle a los pobres. 

Sobre la "no confrontación" que nos proponen: les guste o no, enfrentar a los poderosos para mejorar la posición de nuestro pueblo produce enfrentamientos. Si queremos seguir mejorando su situación no podemos dejar de enfrentar al establishment.

Las contradicciones de Manolo y el peronismo no kirchnerista

Detrás de Massa está Redrado y el establishment
Como invitado en el último programa de “El Vermucito del Domingo” de Radio Cooperativa, Manolo, del celebrado blog "Deshonestidad intelectual", aconseja al kirchnerismo "reconocer" que existen problemas tales como la inseguridad y la inflación. Hace hincapié en esta última. Dice que hay que dejar de negarla. Se le pone tanto énfasis a la idea que pareciera que el aumento de precios existe simplemente porque el gobierno lo niega públicamente. Se trata de un argumento de una pobreza enorme. No es el gobierno el que aumenta los precios, sino los empresarios. Eso debe quedar claro en la campaña. Además, hay que plantear la pregunta: ¿Cómo harían los massistas para mantener el crecimiento económico y al mismo tiempo bajar la inflación? ¿Cómo harían para desarrollar el país, para sustituir importaciones, con pleno empleo y sin inflación? ¡Que nos den la receta estos genios! Si esto nunca se logró en 200 años de historia por cuestiones estructurales de Argentina (para empezar, vendemos al exterior lo mismo que comemos en nuestra mesa). ¿Y de repente estos dicen que con la administración de Massa todo se soluciona? No señor. Detrás de estas soluciones mágicas están los mismos de siempre relamiéndose. En el equipo económico de Massa, aunque lo tengan escondido, está Redrado, por ejemplo. Está Clarín. Las corporaciones económicas. Están los que nos llevaron al desastre del 2001. Lo que debe hacer el kirchnerismo para demostrar la falsedad de este discurso es machacar con la idea de que enfrentando a los ricos es que hoy los pobres dejaron de serlo o los hay menos que antes, y que los que nos proponen “mantener lo bueno y cambiar lo malo” son los mismos que nos llevaron al desastre. Y que no hay nadie más apropiado para resolver los problemas del modelo que los propios padres de la criatura.

Manolo señala que los kirchneristas caemos en una "sobre-ideologización". Desde el peronismo no kirchnerista en general, se nos acusa de dar constantemente batallas culturales que al pueblo no le importan, en vez de ocuparnos de cosas estructurales. Que somos puro relato. 
Nos advierte también que donde se definen las elecciones, o sea, en la Provincia, existen minorías intensas (un ultra-kirchnerismo y un anti-kirchnerismo rabioso), pero que el 80% de la población es moderadamente kirchnerista o anti. Y que esta gran mayoría no le presta atención a las discusiones de las ultra-politizadas clases medias urbanas. 
Estas mayorías no suelen tener acaloradas discusiones en los asados, como sucede con las clases acomodadas de Capital. 
Estamos de acuerdo en esta proposición. Pero hete aquí una primera contradicción. Si al pueblo no le importan las cuestiones super-estructurales que discuten las minorías intensas, entonces: ¿Por qué habría de comprar y repetir el eslogan clarinista de "la inflación es culpa de Moreno porque la niega y dice que se come con seis pesos”? ¿Al pueblo no le interesará más la inflación como fenómeno económico a solucionar que lo discursivo en el gobierno?

Por otro lado, Manolo hace referencia en el “Vermucito” a un informe muy dudoso donde nos dice que la sociedad toda está cansada del encono y la confrontación, producto de los gobiernos kirchneristas. Pero antes nos había dicho que el pueblo no participa de la radicalización política a favor o en contra, como lo hace la clase media urbana. ¿En qué quedamos? ¿Cómo puede cansarse de feroces discusiones políticas que nunca le interesaron tanto como para discutir?

Otra contradicción: Manolo nos trata de gorilas a los kirchneristas porque dice que “no entendemos” que los electores mayoritarios de la Provincia son ultra-complejos y sofisticados. Al rato les atribuye el discurso cualunque cacerolero. Eso no daría cuenta de una complejidad.

La idea de que la inflación existe por "las mentiras del INDEC" y el diagnóstico de que la sociedad toda está crispada son argumentos de la facción anti-K más recalcitrante, son verdades caceroleras, verdades clarinistas. Sucede que el discurso massista es tan parecido al de Clarín... y no por nada está Mirta Tundis en su lista.
Por lo tanto, si al pueblo no le interesan las discusiones ideológicas, entonces no se puede plantear que esté cansada de ellas. Y si el elector de Provincia es sofisticado, no se lo puede presentar al mismo tiempo como un repetidor de los eslóganes tontos de Clarín.



Una contradicción más: como dijimos, al peronismo de derecha le parece que los kirchneristas estamos “sobre-ideologizados” y nos perdemos en lo cultural y simbólico. Pero planteando un escenario casi irremontable para el FPV en las elecciones, pasa por alto la principal variable que explica el voto popular, que es la situación económica general. En vez de pensar en ello, habla de errores comunicacionales, de negación de problemas. ¿Quién es el que se pierde en lo simbólico entonces? Es en las evaluaciones de su situación material que encontramos aquello que hace el voto popular sofisticado. El pueblo no se olvida de un día para otro quien lo hambreó. Ahí está lo que demuestra que el pueblo no come vidrio. Para quien no tiene resuelta las cuestiones materiales, para quien debe procurarse el pan, las batallas culturales no son prioridad, sino su bolsillo. Y a diferencia de lo que piensan los anti-peronistas, esto es bueno. El problema yace aquí: no todas las batallas culturales son iguales. La que se refiere al rol del Estado, es decir, al modelo económico, es fundamental. Es una batalla cultural, pero referida a lo estructural.
Por la centralidad de ésta pelea es que el gobierno no puede dejar de discutir ideología, no debe dejar de plantear la discusión de modelos.
Entonces, la posible merma del voto al kirchnerismo no se debe a "errores de comunicación", a no dar conferencias de prensa, etc. Se debe a la situación económica. No está tan mal como el 2009 ni tan bien como el 2011, por eso los resultados seguramente serán un correlato de ello. 
Y las perspectivas de recuperación económica que avizoran economistas tanto oficialistas como opositores, no hacen más que dar indicios de que el kirchnerismo irá subiendo su caudal de votos a medida que la economía crece.
Se ve que los que se auto-proclaman esclarecidos del sentir popular subestiman al pueblo que dicen mejor-interpretar en toda su complejidad.

Alguien podría objetar que está mal asociar al compañero Manolo al massismo dado que él dice que, a pesar de todas sus críticas, votará al FPV. Aquí hay un análisis de discurso. Por lo tanto no importa lo que vote Manolo, porque su discurso (que es el mismo del bloguero Omix, él sí massista confeso) es el discurso de lo que se está constituyendo como el Frente Renovador. Estos blogueros, que dicen estar hartos del "relato", construyen otro, el massista, sobre el que se sostendría un hipotético gobierno de esta fuerza. Y está bien, toda fuerza política tiene su relato, no es un invento del kirchnerismo.

Un nuevo mito para una nueva forma de dominación

El pueblo debe saber que si vota a Massa, vota al proyecto liberal. Vota a los que lo llevaron al desastre del 2001. Quizás un liberalismo más morigerado, pero liberalismo al fin. Y sí. Que el pueblo identifique esto, es parte de una batalla comunicacional, pero bien necesaria.  Es algo central en la campaña del FPV. El pueblo sabe con quiénes puede volver a la ruina. Sólo tiene que identificar a Massa como uno de ellos. Y como kirchneristas debemos hacer lo posible para que ninguno sea confundido por aquellos que prometen resolver mágicamente todos los problemas con mera "gestión". No señor. Estos que dicen no estar ideologizados, exudan ideología. Y de la peor, la ideología en sentido marxiano, la que es falsa conciencia, porque plantear la solución mágica de la "buena gestión" se trata de un ardid, un paso mitificador, que esconde la realidad social. La inflación existe por razones económicas muy complejas, no porque Moreno y Cristina sean negadores.
Lo mismo sucede con la idea de confrontación. CFK no se enfrenta al establishment porque se levanta de mal humor. El kirchnerismo no inventa los conflictos, sino que la sociedad misma es conflicto, es contradicción. Estamos divididos, no porque el kirchnerismo es peliagudo, sino porque la sociedad se divide en clases. Entre los que nacen con y los que nacen sin. Negarlo y llevarlo al plano de la personalidad de la presidenta es una maniobra reaccionaria típica de la derecha: la psicologización de la dinámica social.


Son nuevos mitos, para nuevas formas de dominación. En los noventas el mito fue el fin de las ideologías, que eran reemplazadas por la mano invisible del dios-mercado. Hoy ese liberalismo busca volver diciendo que las ideologías en realidad no murieron, que volvieron pero sólo como "moda", un "clima de época" que duró diez años. Vuelve el liberalismo prometiendo una realidad perfecta a través del eslogan vacío de la "buena gestión".
Y al mismo precio, te dan un mundo maravilloso sin generar peleas ni discusiones. Promesas imposibles de cumplir en el contexto estructural concreto de Argentina, país capitalista y dependiente. Esta maniobra de mitificación busca preparar el terreno para una nueva dominación que signifique una capitulación de las clases populares, detener el avance logrado estos últimos diez años. Es una proposición ideológica para justificar un nuevo orden viejo, en donde el establishment vuelve a tomar las riendas del país. 


El massismo propone mito: salidas fantásticas a problemas harto complejos de resolver. Y no existen soluciones mágicas. Quien las promete es un farsante. No es prometiendo lo incumplible, mintiéndole al pueblo, como nos vamos a mantener en el gobierno. Quizás así se puede llegar. Y por eso lo hace el massismo. Nosotros ya somos gobierno y lo que queremos es seguir siéndolo. Por eso lo que dijo Cristina es acertado: para hacer frente a estos problemas nada mejor que el propio kirchnerismo. Hay que saber qué modelo propone cada uno y elegir. La izquierda o la derecha. El kirchnerismo o las corporaciones económicas. Ellos o nosotros.

domingo, 14 de julio de 2013

Dime a quién llamas "progre" y te diré quién eres (Parte 2: las izquierdas)

En el post anterior discutíamos qué significa la palabra "progre" para la derecha. En resumen, asocian su significado a la idea de hipocresía. Generalizando, la derecha piensa al "progre" como un tipo que se "hace" el zurdo. Para creerse mejor persona toma ideas absurdas o utópicas. Aunque se trata de una pose, ya que todos los hombres somos egoístas y competitivos por naturaleza. Todos los izquierdistas son "progres" en tanto no dejen todas sus posesiones y se dediquen a vivir en un monte o como un monje tibetano. Los únicos verdaderos ejemplos de izquierdismo serían San Francisco de Asís y Luis Zamora, el "único zurdo que vive como zurdo", según Susana Giménez.
Y sean peronistas o anti-peronistas, los derechistas se quejan más del "progre K"
, porque es el que está en el poder. 

Ahora veamos las distintas corrientes de izquierda y sus concepciones del "progre":

Social-democracia: nos referimos a las fuerzas de la centro-izquierda "republicana". Aquella preocupada por las libertades individuales, pero no tanto por enfrentarse a las grandes corporaciones económicas. Aquí iría la parte menos conservadora del radicalismo, el FAP, Proyecto Sur, etc. Suelen llamarse a sí mismos "progresistas". Y para este sector, los "progres" son los falsos progresistas que, de nuevo, son los kirchneristas. De forma similar a la derecha, ponen el foco en la hipocresía. Piensan en incongruencias, falta de consecuencia en lo que se dice y hace. Por eso suelen usar de forma reiterada hasta el hartazgo: el latiguillo de "ladri-progresismo". Stolbizer, Juez, Donda, grandes exponentes de esta corriente.
Si hablas de "progres" y en el marco de un discurso honestista y/o anti-peronista, seguro sos socialdemócrata.

Peronismo kirchnerista:  nos referimos al kirchnerista puro, o sea, el de la centro-izquierda keynesiana/peronista.La tradición socialdemócrata o centro-izquierda anti-peronista (cualquiera de estas dos formas de llamarla es precisa) es referenciada como los "progres" para esta línea. Se piensa en las versiones más "culturalistas" de las expresiones de la izquierda de la clase media urbana.  Es decir, la burla apunta a una "falsa izquierda" que se queda sólo en reivindicaciones culturales (estilos, consumos). Una pseudo-izquierda que le da mucha más importancia a la cultura que a la estructura económica, y que presta más atención a la diversidad que a la desigualdad.

Algo interesante del kirchnerista en general, es que no se anima a llamarse progresista, porque por alguna razón se piensa que el peronismo no puede ni tocarse con progresismo. Sí se anima a decir que los que se dicen "progresistas" son falsos profetas del progresismo. ¿Serán los trotskistas los verdaderos progresistas, entonces? No, porque también le hacen el juego a la derecha, contestarían. Son los "troskos", y para los primeros, queda "progres". Si uno se guía por ese discurso, el progresismo queda vacante, porque la socialdemocracia queda en el centro o le hace el juego a la derecha. Por oposición, entonces uno pensaría que el verdadero progresismo es el kirchnerismo. Pero no, no puede serlo porque es peronista. Más sobre estas incongruencias en el próximo post, dedicado íntegramente a la palabra "progresismo".

La expresión de este kirchnerismo peronista y su concepción de "progre" se encuentra en el Suplemento "Ni a Palos" de Miradas al Sur, más precisamente en la sección "Estereotipos". En un post anterior de este blog, ya se hizo una estereotipación de los estereotipadores, que son fieles exponentes de esta corriente. Como ejemplo de lo que es un "progre" para un kirchnerista: "El fanático de Galeano".
Si hablás de "progres" refiriéndote a los socialdemócratas, a la centro-izquierda anti-peronista, seguro pertenecés al peronismo kirchnerista.





Trotskismo: también usan la palabra. Para estos el "progre" es el tipo de centro-izquierda, sea kirchnerista o no. Aunque el primero es el blanco más frecuente, porque coopta a la clase trabajadora, roba consignas a la izquierda y toda la cantinela.  Es "progre" para esta corriente el tibio que no se anima a ser de izquierda, o que no se anima a ser trotskista, ya que ésta es la única forma de ser de izquierda y no un "traidor a la clase obrera".
Ejemplo: el tuitstar del trotskismo en su biografía.






Conclusión: hay mil formas de ser "progre". Es una palabra despectiva o de burla. Depende de quién la utilice, podrá tomar los más variados significados. Puede ser espetada por izquierdas o derechas. Puede referir a quien se entiende un falso izquierdista, un tibio o un hipócrita, entre otras imputaciones. Pero nunca nadie se asumirá como tal,  porque el "progre" siempre es el otro. 

martes, 9 de julio de 2013

Dime a quién llamas "progre" y te diré quién eres

Resulta natural que nadie se proclame "progre" ya que es una referencia despectiva, que para algunos puede ser una ofensa o hasta un insulto. Desde todo el espectro ideológico se ven "progres" por todos lados. Aún dos personas que a todas luces son muy similares en sus pareceres encontrarán alguna forma de diferenciarse e imputarse esa palabra. El "progre" siempre es el otro. Recuerda a la palabra "cheto". Nadie se asume "cheto", aunque quiera serlo o sepa por sus adentros que algo de ello tiene. "Progre" y "cheto" son de esas definiciones vergonzantes que nadie ha intentado tomar para sí y re-significar a su favor, lo que es una gran operación discursiva. Por ejemplo, Carlos Barragán se animó a hacerlo con la palabra "oficialista" con aquella canción "Soy la mierda oficialista", quitándole gran poder de fuego a lo que antes se sentía oprobioso. Lo mismo sucede cuando una organización toma la palabra "puto" y se bautiza "Agrupación Nacional Putos Peronistas".

Creo que nadie se ha animado a hacerlo con la palabra "progre" porque acarrea una dificultad. Es que este mote no parece ser una abreviación de "progresista", como intuiría cualquier extraño a la lengua al escucharlo por primera vez. En la mayoría de los casos lo que se quiere imputar no es una pertenencia ideológica (de ser así se utilizaría la palabra "zurdito", por ejemplo) sino que se busca denunciar una falsedad o una pose. Hipocresía. Más bien se utiliza como abreviación de "progresía", que no es ser progresista sino "falso progresista". 

Como bien dice el 
famoso bloguero massista Omix, escrachador serial de "progres", el "progresismo es significado vacío". Allí sí existen los que se llaman a sí mismos progresistas, los que se sienten verdaderos progresistas y no lo dicen porque no quieren ser confundidos con "progres", los que se dicen progresistas (aunque no lo sientan) sólo para captar votos, etc. Dejamos para más adelante una definición personal de "progresismo". Ahora veamos quién es "progre" o "falso progresista" para la derecha:

Liberal-conservadurismo: el único caso en el que se usa "progre" como sinónimo de "zurdito". Pero si se opta por usa la primera en vez de la segunda etiqueta es porque se le añade la idea de hipocresía, de una negación de la naturaleza humana en la que incurren los izquierdistas. Para la derecha clásica, el zurdo (porque no le da el cuero o por la pretensión de adoptar una moralidad contraria a sus instintos) es un derechista más pero que no lo asume, un garca reprimido. El derechista piensa: "Este 'progre' es un hipócrita, seguro tiene a la 'chica que lo ayuda' en negro y lo oculta". En la "Mesa de Autoayuda K" se hizo un exhaustivo análisis de la típica creencia derechista de que no existen izquierdistas (a menos que vivan como San Francisco de Asís, el único "zurdo de verdad" de la historia) sino solamente falsos izquierdistas. Por internalización ideológica (en términos marxianos, falsa conciencia) o a sabiendas, asocian izquierdismo con pobreza. En definitiva este grupo vive deschavando progres, sólo para mantener las convicciones derechistas sin cargo de conciencia.
Ejemplos:







Si bien puede designarse a todo izquierdista como "progre", el que más le preocupa es el kirchnerista. Es el que está en el poder. El que "no nos deja comprar dólares pero se va a Uruguay en Buquebús". Para estos, los "progres" son merecedores del escarnio público, que fue lo que le hicieron a Kicillof, con sus hijos presenciando todo el espectáculo.



Peronismo de derecha o pejotismo: muchos de estos o ya están con Massa o se sienten seducidos por él, dado que nunca los convenció del todo el kirchnerismo. Otros prefieren ser sciolistas y otros pocos siguen siendo kirchneristas, sólo porque creen que todavía el viento sopla desde el sur patagónico y no del norte tigrense.

Lo que los une es el odio al "progre". En un principio entraba lo que podríamos llamar la tradición socialdemócrata (la parte más moderada del radicalismo y el Partido Socialista). Pero hoy allí meten también al trotskismo, a Proyecto Sur, el FAP, al "sabbatellismo" (némesis del "anti-progre") y últimamente también al cristinismo. Desde que se alió al kirchnerismo, el "sabbatellismo" habría contagiado con el virus de su progresía a CFK. Ahora hablan de Cristina como si fuera del Frepaso, niegan que pueda formar parte del peronismo. Acertadamente Daniel del blog "El aguante populista" dispara: "Los portadores ortodoxos de peronómetro aborrecen de lo que llaman 'progresía'. Y allí se eleva diáfano el cristinismo como epicentro."
Consultemos a Omix, para que nos defina en nombre del peronismo de derecha lo que se entiende por "progre": 
"Es adoptar pose y discurso vacío. Ser progre significa pensar que el mundo está al revés, discursear en clave rebelde, escribir monografías, 'conseguirse' una bequita. Ser progre suele, para algunos, ser un buen negocio. Ser progre importa preocuparse por la cultura; ir al cine y al teatro sin disfrutar para a la salida o en la charla debate comentar el sentido de lo que allí se dijo sobre lo decadente que es el burgués 'Way of life'Ser progre es creer que se sabe que es lo mejor para la gente, y eso los habilita hasta a hablar en nombre del obrero y del pobre, conociendo a muy pocos de esa 'especie'; es denunciar su condición de sometidos a impresentables personajes que son algo así como lo 'más rancio de la política' y autoproclamarse su liberador. Ser progre es ser un revolucionario, pero de cotillón, por que en definitiva en lo "pro-gre" se esconde lo PRO."
Como vemos, está la idea de "revolucionario de cotillón", de falso progresista.

Comentario al paso: ¡Qué interesante! Quienes impugnaban esconder rasgos PRO a los que identifican como "progres" terminan yéndose con Massa y el PRO-peronismo.


Ejemplos:

Un tuitero del palo ante las declaraciones de Juliana Di Tullio. Ser feminista, para esta gente, es sinónimo de "progresía". Les da asquito.



Aquí están definiendo "progre" como el que escucha la radio alternativa FM La Tribu. Y también vemos que ya se imaginan ganadores con "Massa 2015".







Lo que tienen estos dos grupos en común, entre otras cosas, es que suelen hablar de "progres" en vez de "zurdo" u otra definición más ideológica. Se debe a que con la imputación de "progre" lo que se hace es abrir el paraguas, no quedar "anti-zurdo" y sí "anti-progre" porque es más cómodo.  Hasta da un toque cool.  De esta forma se evita ser comparado con Videla o ser tachado de macartista.  Al final, Mirtha Legrand fue más sincera que los pejotistas, cuando frente a Néstor y Cristina habló de "zurdaje" y no de "progresía". No escondió su macartismo en la atribución de falsos progresismos.

En el próximo post seguiremos con las distintas concepciones de "progre", enfocándonos en las corrientes del centro hacia la izquierda: la socialdemocracia, el peronismo kirchnerista y el trotskismo.
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