sábado, 7 de septiembre de 2013

El rival también juega

Cuando en fútbol un equipo pierde un partido clave, la prensa y los hinchas suelen putear al entrenador por los errores percibidos. Se sabe, todos los argentinos somos DT. Que deberíamos haber defendido con cuatro, que los cambios no llegaron a tiempo, que se tendrían que haber puesto más delanteros. Pero los técnicos, por algo lo son. Tienen una filosofía, una táctica preferida y se juegan con ella. A veces, el cambio es necesario, pero otras veces no. Quizás lo que pasó en un partido determinado es que falló la ejecución del planteo o, en otros casos, lo que hay, es mérito del rival. Sin ver esto último, muchas veces se hacen cambios que terminan empeorando las cosas, y se entra en una racha perdedora. No se tiene en cuenta que el rival también juega. Que aquel puede hacer un planteo que te puede contrarrestar, cortar tus circuitos de creación de juego, que puede anular tu armador o explotar tus puntos débiles.

Algo así parece estarle pasando al kirchnerismo en relación al massismo. Como dijimos en un post anterior, la caída del oficialismo en relación con aquel 55% del 2011 fue consecuencia de dos cosas principalmente: primero, que se trataba de una elección de medio término (en la cultura política argentina en esta instancia hay menos voto útil, y mucho voto de "equilibrio" entre oficialismo-oposición) y segundo, que hubieron errores propios en el gobierno, no tanto errores de comunicación. Pero hay que sumar algo. Hay que darle crédito a Massa, que evidentemente ha sabido explotar las demandas populares y golpear al kirchnerismo con ellas (inseguridad, inflación, impuestos injustos, etc.). Además, tiene un carisma que, evidentemente, Insaurralde no puede empardar.

Pareciera que el rival no cuenta y nos estamos mirando demasiado el ombligo, que todo lo bueno pasa por mérito propio y todo lo malo por defectos nuestros. No es así. A veces haces las cosas más o menos bien, e igual te va mal. Es bueno (y necesario) corregir errores, hacer sintonía fina. Se estuvieron atacando varias demandas, como levantar el tope para el impuesto a las ganancias. Se dieron pasos en dirección a la recuperación de los trenes. 
Veníamos bien, hasta que Insaurralde anuncia que tiene un proyecto para bajar la edad de imputabilidad. Un error no forzado. De materializarse sería grave, porque se pondría en jaque la propia identidad del kirchnerismo, debilitando y desmoralizando la tropa propia. Por ahora no parece ser más que una innecesaria tribuneada.
Una cosa es poseer la cualidad del pragmatismo, otra cosa es cuando el pragmatismo es sustantivo, cuando sos el pragmatismo mismo y nada más. Bajar la edad de imputabilidad sería cruzar una raya en la que el kirchnerismo diluiría su identidad. Se transformaría en un mero objeto, totalmente maleable a las demandas de las encuestas de opinión, como lo es el massismo. Habrá que darle un buen chaschás al candidato por esta extralimitación.

Esto parecer ser una consecuencia de que en el kirchnerismo no se ha lidiado del todo bien con la derrota. Muchos han comprado el tipo de discurso que en el anterior post encarnaba Roberto Caballero. Ahora deben estar contentos. Aquel pedía menos ideología y más "seducción" al electorado. Aquí estamos queriendo seducir, pero se nota a la legua que estamos chamuyando, que pelamos una billetera abultada, pero llena de cupones para Burger King y tarjetas de Sacoa. Nosotros no somos eso. Y quedamos expuestos.
La mejor seducción es la comparación de modelos y los cambios que ya se mencionaron, porque van en la dirección de ajustes o profundización de aquel, y no se contradicen con la identidad política, sino que la refuerzan (como el caso de gravar renta financiera para así financiar lo que dejás de percibir en Ganancias). El discurso electoralista reza que el argumento ganador siempre es el correcto. Si esto fuera así, nomás sería cosa de que, por ejemplo, Altamira encuentre el tono necesario para tocar el corazón del obrero argentino y ahí sí se venga la revolución. No se trata de convencer simplemente, como quien te vende algo en el tren o el subte, se trata de presentar al electorado un proyecto político que éste puede tomar o dejar. Lo peor de los electoralistas es que su motivación es conseguir el poder por el poder mismo. Las convicciones, si existen, se dejan en la puerta del despacho del asesor de imagen. ¿De qué sirve ganar si lo hacés tomando una agenda que no es la tuya? Nunca nadie juega a perder,  pero si perdés, que sea con tus botas puestas, no las de tu rival.

Otra cosa que se observa es un inconveniente pase de facturas: se dice que la culpa la tuvieron los barones del conurbano, o que la culpa la tuvo La Cámpora, según en qué ala del movimiento se esté. Nos rasgamos las vestiduras, nos auto-flagelamos demasiado. No es momento para la guerra interna, porque nos devoran los de afuera. 
En resumen, no estamos siendo buenos perdedores. En la democracia se gana y se pierde. Sigamos con la nuestra, es lo mejor que podemos hacer.

Hay que desangelar a Massita, el monje zen
Y no perdamos de vista que tenemos enfrente a un candidato que es una especie de Capriles argentino. Viene con ese discurso de "mantener lo bueno y cambiar lo malo" que le ha rendido. Tiene carisma, posee algo que conquista. Además ha sabido pegarnos donde nos duele, en nuestros puntos flacos. Tras buscarlo infructuosamente en Macri, Scioli y Cobos, finalmente el establishment encontró un buen candidato. Y hay que resolver este escollo. Massa combina sonrisa de ganador con un halo de paz interior, tiene una actitud zen que vende. Un Claudio María Dominguez de la política. No sólo hay que seguir denunciando que el massismo busca re-editar el menemismo, también es necesario desangelar a Massa. ¿Cómo? Poniendo en evidencia que lo que quiere hacer es "poner palos en la rueda", generar problemas de gobernabilidad. Que se vea que detrás de esa sonrisa hay un tipo que puede responder así. Que lo que busca es reeditar el Grupo A, como se dice por aquíTras la elección legislativa del 2009 la oposición dilapidó una oportunidad al armar un bloque cuya única razón de ser era molestar al gobierno, hacerle la vida imposible, agredirlo. En democracia, el que agrede pierde. Y en 2011 la oposición fue castigada por adoptar esa postura. Quizás enfrentarse a la Corporación Judicial con el 55% fue leído como un avance de un gobierno fuerte sobre jueces casi indefensos. Ahora el escenario es otro. Nadie puede creer que el gobierno hoy es el débil. Es que el kirchnerismo se encuentra en una posición endeble, la oposición mediática ha salido fortalecida y el massismo está agrandado.  El kirchnerismo vuelve a ser claramente más débil que las corporaciones a los ojos de cualquiera. Como en otros momentos, no está bien visto ser kirchnerista. Para nada. En este contexto, dejar ver esa debilidad puede ser una fortaleza, puede ser un motivo que genere identificación con Cristina y malestar con la oposición.
Y no será para nada un montaje. La realidad es que, como dice CFK, ellos vienen por todo. El establishment hará todo lo que esté a su alcance para desestabilizar al gobierno, y Massa es su candidato. Cuando comience la ofensiva, habrá que dejarlos en evidencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...