domingo, 28 de julio de 2013

Kicillof, los Pitufos y el marxismo

Según el portal La Política Online Axel Kicillof y Guillermo Moreno se habrían agarrado a trompadas.
LPO es conocida porque super-archi-hiper-re-contra chequea todo, igual que Lanata. Como aquella vez que nos "adelanto" que Mario Firmenich volvía a la Argentina para ser homenajeado por Cristina Kirchner. Periodismo serio. Pero hablando de Kicillof, una de las cosas que preocupan a la derecha es saber qué piensa realmente. ¿Qué tan zurdito es? Está claro que es judío. Ahora, para colmo, ¿es también un marxista, como "denuncio" Carlos Pagni o, keynesiano? Para CFK esto no es importante. Dijo que no le hace tests ideológicos a sus funcionarios antes de designarlos. Pero a La Nación le interesa mucho saber, como se aprecia en ésta nota titulada: "Por más que se defina keynesiano, Kicillof es marxista". Por más que lo niegue, es culpable. ¡A la hoguera! Es muy graciosa la entrevista. Estos dos periodistas (uno de ellos autor de "El creyente", biografía no autorizada sobre el economista) se preguntan qué tan anticuadas, fracasadas y retardatarias son las ideas de economía planificada que defiende el actual Vice-ministro de economía. Cuando llegan a la triste conclusión de que es un rojillo, se extrañan de que Kicillof no comparta las las verdades auto-evidentes que ellos sí observan y comprenden. O sea, que el capitalismo es mejor que el fracasado "socialismo", que la inflación es una consecuencia directa de la emisión monetaria descontrolada, etc... Pero en vez de reproducir estas especulaciones y otras "investigaciones" publicadas por la prensa derechista, para saber lo que piensa, hay que ir a lo que el tipo escribió. Al menos para empezar.

Para ello he aquí un interesante extracto de su libro "De Smith a Keynes". El fragmento elegido trata sobre la idea liberal de que el intercambio mercantil es algo inherente a la naturaleza humana. Allí, con ejemplos didácticos, Kicillof reflexiona:
Para Smith, la sociedad "primitiva" era en esencia igual a la sociedad capitalista, sólo que más precaria y con ausencia de algunos elementos, llamativamente, el trabajo asalariado. Esta proyección no debería extrañarnos, ya que la literatura y la televisión actuales produjeron ficciones como ésta en masa, suponiendo que el mundo antiguo o primitivo y aún otras posibles sociedades conformadas por especies "cuasi-humanas" deberían funcionar de este modo. Ejemplos de estos intentos de convertir a la mercancía en una compañera siempre presente de la especie humana son las sociedades imaginarias de los Pitufos, Ásterix y Obélix y, si se incluye el trabajo asalariado, también los Picapiedras. Todas ellas abonan la hipótesis de que el intercambio de mercancías es un rasgo ineludible de toda la sociedad humana, ante la imposibilidad de concebir una forma social en la que se resuelva la producción y la distribución de distinto modo. Puede decirse desde esta perspectiva, que el mundo primitivo o una sociedad imaginaria son, en consecuencia, un "capitalismo", aunque privado de algunas de sus características, pero nunca de la mercancía. Es como si los que se imaginan otros modos de vida no pudieran permitirse concebir ninguna forma social que prescinda del intercambio mercantil.

La Nación teme que Kicillof quiera pitufos marxistas

Interesante, ¿no? Este pequeño fragmento no basta para encolumnarlo en el marxismo, pero sí para ponerlo mucho más a la izquierda de la sociedad argentina, que no quiere saber nada con esa otra forma de resolver la producción y la distribución que no sea la mercantil/capitalista. Que tengamos a alguien con convicciones de izquierda con algún poder para manejar los resortes de la economía no es común en Argentina. Quizás lo más parecido a un antecedente, sea el ya legendario José Bel Helbard, que ejerció como ministro de economía durante el '73 y el '74. Sería muy bueno para el país que Kicillof siga sumando experiencia como funcionario para que pueda llegar a explotar todo su potencial. Lo mismo para otros interesantes cuadros que lo han acompañado en su militancia, como la embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón, y la actual candidata a senadora por el FPV para Capital Federal, Paula Español. Siempre se le critica a los intelectuales la posición cómoda de la crítica desde la academia. Aquí, incluyendo también, por ejemplo, a Ricardo Forster, han abandonado los claustros para jugársela por un proyecto político colectivo y eso es muy loable. Pero más que nada, es bueno para la política y un acierto más de Cristina. Resta ver si pueden plasmar ese pensamiento en funciones, pero la propuesta es muy prometedora.

sábado, 20 de julio de 2013

Gestión sin confrontación. Un toque de mitificación para la solución de los problemas de los argentinos


Peronismo y gestión

Según el massismo la no-confrontación con los poderosos y más "gestión" son la solución a nuestros problemas. Empecemos por esta vaga palabra: Gestión. ¿Gestión? ¿Gestión de qué? En un país no desarrollado y dependiente como el nuestro, lo que se gestiona es la pobreza, las migajas que nos deja la oligarquía agro-exportadora y las grandes corporaciones económicas. El discurso eficientista, compañeros, déjenlo para los países que tienen qué administrar. Aquí lo que necesitamos es peronismo. Y no peronismo entendido como ellos lo expresan: en términos de "ocuparse de los problemas de la gente", como si se tratara de un mero gesto de buen samaritano. Lo que se necesita es la continuidad de lo que realmente fue el peronismo cuando gobernó con Perón en la presidencia: sacarle a los ricos para darle a los pobres. 

Sobre la "no confrontación" que nos proponen: les guste o no, enfrentar a los poderosos para mejorar la posición de nuestro pueblo produce enfrentamientos. Si queremos seguir mejorando su situación no podemos dejar de enfrentar al establishment.

Las contradicciones de Manolo y el peronismo no kirchnerista

Detrás de Massa está Redrado y el establishment
Como invitado en el último programa de “El Vermucito del Domingo” de Radio Cooperativa, Manolo, del celebrado blog "Deshonestidad intelectual", aconseja al kirchnerismo "reconocer" que existen problemas tales como la inseguridad y la inflación. Hace hincapié en esta última. Dice que hay que dejar de negarla. Se le pone tanto énfasis a la idea que pareciera que el aumento de precios existe simplemente porque el gobierno lo niega públicamente. Se trata de un argumento de una pobreza enorme. No es el gobierno el que aumenta los precios, sino los empresarios. Eso debe quedar claro en la campaña. Además, hay que plantear la pregunta: ¿Cómo harían los massistas para mantener el crecimiento económico y al mismo tiempo bajar la inflación? ¿Cómo harían para desarrollar el país, para sustituir importaciones, con pleno empleo y sin inflación? ¡Que nos den la receta estos genios! Si esto nunca se logró en 200 años de historia por cuestiones estructurales de Argentina (para empezar, vendemos al exterior lo mismo que comemos en nuestra mesa). ¿Y de repente estos dicen que con la administración de Massa todo se soluciona? No señor. Detrás de estas soluciones mágicas están los mismos de siempre relamiéndose. En el equipo económico de Massa, aunque lo tengan escondido, está Redrado, por ejemplo. Está Clarín. Las corporaciones económicas. Están los que nos llevaron al desastre del 2001. Lo que debe hacer el kirchnerismo para demostrar la falsedad de este discurso es machacar con la idea de que enfrentando a los ricos es que hoy los pobres dejaron de serlo o los hay menos que antes, y que los que nos proponen “mantener lo bueno y cambiar lo malo” son los mismos que nos llevaron al desastre. Y que no hay nadie más apropiado para resolver los problemas del modelo que los propios padres de la criatura.

Manolo señala que los kirchneristas caemos en una "sobre-ideologización". Desde el peronismo no kirchnerista en general, se nos acusa de dar constantemente batallas culturales que al pueblo no le importan, en vez de ocuparnos de cosas estructurales. Que somos puro relato. 
Nos advierte también que donde se definen las elecciones, o sea, en la Provincia, existen minorías intensas (un ultra-kirchnerismo y un anti-kirchnerismo rabioso), pero que el 80% de la población es moderadamente kirchnerista o anti. Y que esta gran mayoría no le presta atención a las discusiones de las ultra-politizadas clases medias urbanas. 
Estas mayorías no suelen tener acaloradas discusiones en los asados, como sucede con las clases acomodadas de Capital. 
Estamos de acuerdo en esta proposición. Pero hete aquí una primera contradicción. Si al pueblo no le importan las cuestiones super-estructurales que discuten las minorías intensas, entonces: ¿Por qué habría de comprar y repetir el eslogan clarinista de "la inflación es culpa de Moreno porque la niega y dice que se come con seis pesos”? ¿Al pueblo no le interesará más la inflación como fenómeno económico a solucionar que lo discursivo en el gobierno?

Por otro lado, Manolo hace referencia en el “Vermucito” a un informe muy dudoso donde nos dice que la sociedad toda está cansada del encono y la confrontación, producto de los gobiernos kirchneristas. Pero antes nos había dicho que el pueblo no participa de la radicalización política a favor o en contra, como lo hace la clase media urbana. ¿En qué quedamos? ¿Cómo puede cansarse de feroces discusiones políticas que nunca le interesaron tanto como para discutir?

Otra contradicción: Manolo nos trata de gorilas a los kirchneristas porque dice que “no entendemos” que los electores mayoritarios de la Provincia son ultra-complejos y sofisticados. Al rato les atribuye el discurso cualunque cacerolero. Eso no daría cuenta de una complejidad.

La idea de que la inflación existe por "las mentiras del INDEC" y el diagnóstico de que la sociedad toda está crispada son argumentos de la facción anti-K más recalcitrante, son verdades caceroleras, verdades clarinistas. Sucede que el discurso massista es tan parecido al de Clarín... y no por nada está Mirta Tundis en su lista.
Por lo tanto, si al pueblo no le interesan las discusiones ideológicas, entonces no se puede plantear que esté cansada de ellas. Y si el elector de Provincia es sofisticado, no se lo puede presentar al mismo tiempo como un repetidor de los eslóganes tontos de Clarín.



Una contradicción más: como dijimos, al peronismo de derecha le parece que los kirchneristas estamos “sobre-ideologizados” y nos perdemos en lo cultural y simbólico. Pero planteando un escenario casi irremontable para el FPV en las elecciones, pasa por alto la principal variable que explica el voto popular, que es la situación económica general. En vez de pensar en ello, habla de errores comunicacionales, de negación de problemas. ¿Quién es el que se pierde en lo simbólico entonces? Es en las evaluaciones de su situación material que encontramos aquello que hace el voto popular sofisticado. El pueblo no se olvida de un día para otro quien lo hambreó. Ahí está lo que demuestra que el pueblo no come vidrio. Para quien no tiene resuelta las cuestiones materiales, para quien debe procurarse el pan, las batallas culturales no son prioridad, sino su bolsillo. Y a diferencia de lo que piensan los anti-peronistas, esto es bueno. El problema yace aquí: no todas las batallas culturales son iguales. La que se refiere al rol del Estado, es decir, al modelo económico, es fundamental. Es una batalla cultural, pero referida a lo estructural.
Por la centralidad de ésta pelea es que el gobierno no puede dejar de discutir ideología, no debe dejar de plantear la discusión de modelos.
Entonces, la posible merma del voto al kirchnerismo no se debe a "errores de comunicación", a no dar conferencias de prensa, etc. Se debe a la situación económica. No está tan mal como el 2009 ni tan bien como el 2011, por eso los resultados seguramente serán un correlato de ello. 
Y las perspectivas de recuperación económica que avizoran economistas tanto oficialistas como opositores, no hacen más que dar indicios de que el kirchnerismo irá subiendo su caudal de votos a medida que la economía crece.
Se ve que los que se auto-proclaman esclarecidos del sentir popular subestiman al pueblo que dicen mejor-interpretar en toda su complejidad.

Alguien podría objetar que está mal asociar al compañero Manolo al massismo dado que él dice que, a pesar de todas sus críticas, votará al FPV. Aquí hay un análisis de discurso. Por lo tanto no importa lo que vote Manolo, porque su discurso (que es el mismo del bloguero Omix, él sí massista confeso) es el discurso de lo que se está constituyendo como el Frente Renovador. Estos blogueros, que dicen estar hartos del "relato", construyen otro, el massista, sobre el que se sostendría un hipotético gobierno de esta fuerza. Y está bien, toda fuerza política tiene su relato, no es un invento del kirchnerismo.

Un nuevo mito para una nueva forma de dominación

El pueblo debe saber que si vota a Massa, vota al proyecto liberal. Vota a los que lo llevaron al desastre del 2001. Quizás un liberalismo más morigerado, pero liberalismo al fin. Y sí. Que el pueblo identifique esto, es parte de una batalla comunicacional, pero bien necesaria.  Es algo central en la campaña del FPV. El pueblo sabe con quiénes puede volver a la ruina. Sólo tiene que identificar a Massa como uno de ellos. Y como kirchneristas debemos hacer lo posible para que ninguno sea confundido por aquellos que prometen resolver mágicamente todos los problemas con mera "gestión". No señor. Estos que dicen no estar ideologizados, exudan ideología. Y de la peor, la ideología en sentido marxiano, la que es falsa conciencia, porque plantear la solución mágica de la "buena gestión" se trata de un ardid, un paso mitificador, que esconde la realidad social. La inflación existe por razones económicas muy complejas, no porque Moreno y Cristina sean negadores.
Lo mismo sucede con la idea de confrontación. CFK no se enfrenta al establishment porque se levanta de mal humor. El kirchnerismo no inventa los conflictos, sino que la sociedad misma es conflicto, es contradicción. Estamos divididos, no porque el kirchnerismo es peliagudo, sino porque la sociedad se divide en clases. Entre los que nacen con y los que nacen sin. Negarlo y llevarlo al plano de la personalidad de la presidenta es una maniobra reaccionaria típica de la derecha: la psicologización de la dinámica social.


Son nuevos mitos, para nuevas formas de dominación. En los noventas el mito fue el fin de las ideologías, que eran reemplazadas por la mano invisible del dios-mercado. Hoy ese liberalismo busca volver diciendo que las ideologías en realidad no murieron, que volvieron pero sólo como "moda", un "clima de época" que duró diez años. Vuelve el liberalismo prometiendo una realidad perfecta a través del eslogan vacío de la "buena gestión".
Y al mismo precio, te dan un mundo maravilloso sin generar peleas ni discusiones. Promesas imposibles de cumplir en el contexto estructural concreto de Argentina, país capitalista y dependiente. Esta maniobra de mitificación busca preparar el terreno para una nueva dominación que signifique una capitulación de las clases populares, detener el avance logrado estos últimos diez años. Es una proposición ideológica para justificar un nuevo orden viejo, en donde el establishment vuelve a tomar las riendas del país. 


El massismo propone mito: salidas fantásticas a problemas harto complejos de resolver. Y no existen soluciones mágicas. Quien las promete es un farsante. No es prometiendo lo incumplible, mintiéndole al pueblo, como nos vamos a mantener en el gobierno. Quizás así se puede llegar. Y por eso lo hace el massismo. Nosotros ya somos gobierno y lo que queremos es seguir siéndolo. Por eso lo que dijo Cristina es acertado: para hacer frente a estos problemas nada mejor que el propio kirchnerismo. Hay que saber qué modelo propone cada uno y elegir. La izquierda o la derecha. El kirchnerismo o las corporaciones económicas. Ellos o nosotros.

domingo, 14 de julio de 2013

Dime a quién llamas "progre" y te diré quién eres (Parte 2: las izquierdas)

En el post anterior discutíamos qué significa la palabra "progre" para la derecha. En resumen, asocian su significado a la idea de hipocresía. Generalizando, la derecha piensa al "progre" como un tipo que se "hace" el zurdo. Para creerse mejor persona toma ideas absurdas o utópicas. Aunque se trata de una pose, ya que todos los hombres somos egoístas y competitivos por naturaleza. Todos los izquierdistas son "progres" en tanto no dejen todas sus posesiones y se dediquen a vivir en un monte o como un monje tibetano. Los únicos verdaderos ejemplos de izquierdismo serían San Francisco de Asís y Luis Zamora, el "único zurdo que vive como zurdo", según Susana Giménez.
Y sean peronistas o anti-peronistas, los derechistas se quejan más del "progre K"
, porque es el que está en el poder. 

Ahora veamos las distintas corrientes de izquierda y sus concepciones del "progre":

Social-democracia: nos referimos a las fuerzas de la centro-izquierda "republicana". Aquella preocupada por las libertades individuales, pero no tanto por enfrentarse a las grandes corporaciones económicas. Aquí iría la parte menos conservadora del radicalismo, el FAP, Proyecto Sur, etc. Suelen llamarse a sí mismos "progresistas". Y para este sector, los "progres" son los falsos progresistas que, de nuevo, son los kirchneristas. De forma similar a la derecha, ponen el foco en la hipocresía. Piensan en incongruencias, falta de consecuencia en lo que se dice y hace. Por eso suelen usar de forma reiterada hasta el hartazgo: el latiguillo de "ladri-progresismo". Stolbizer, Juez, Donda, grandes exponentes de esta corriente.
Si hablas de "progres" y en el marco de un discurso honestista y/o anti-peronista, seguro sos socialdemócrata.

Peronismo kirchnerista:  nos referimos al kirchnerista puro, o sea, el de la centro-izquierda keynesiana/peronista.La tradición socialdemócrata o centro-izquierda anti-peronista (cualquiera de estas dos formas de llamarla es precisa) es referenciada como los "progres" para esta línea. Se piensa en las versiones más "culturalistas" de las expresiones de la izquierda de la clase media urbana.  Es decir, la burla apunta a una "falsa izquierda" que se queda sólo en reivindicaciones culturales (estilos, consumos). Una pseudo-izquierda que le da mucha más importancia a la cultura que a la estructura económica, y que presta más atención a la diversidad que a la desigualdad.

Algo interesante del kirchnerista en general, es que no se anima a llamarse progresista, porque por alguna razón se piensa que el peronismo no puede ni tocarse con progresismo. Sí se anima a decir que los que se dicen "progresistas" son falsos profetas del progresismo. ¿Serán los trotskistas los verdaderos progresistas, entonces? No, porque también le hacen el juego a la derecha, contestarían. Son los "troskos", y para los primeros, queda "progres". Si uno se guía por ese discurso, el progresismo queda vacante, porque la socialdemocracia queda en el centro o le hace el juego a la derecha. Por oposición, entonces uno pensaría que el verdadero progresismo es el kirchnerismo. Pero no, no puede serlo porque es peronista. Más sobre estas incongruencias en el próximo post, dedicado íntegramente a la palabra "progresismo".

La expresión de este kirchnerismo peronista y su concepción de "progre" se encuentra en el Suplemento "Ni a Palos" de Miradas al Sur, más precisamente en la sección "Estereotipos". En un post anterior de este blog, ya se hizo una estereotipación de los estereotipadores, que son fieles exponentes de esta corriente. Como ejemplo de lo que es un "progre" para un kirchnerista: "El fanático de Galeano".
Si hablás de "progres" refiriéndote a los socialdemócratas, a la centro-izquierda anti-peronista, seguro pertenecés al peronismo kirchnerista.





Trotskismo: también usan la palabra. Para estos el "progre" es el tipo de centro-izquierda, sea kirchnerista o no. Aunque el primero es el blanco más frecuente, porque coopta a la clase trabajadora, roba consignas a la izquierda y toda la cantinela.  Es "progre" para esta corriente el tibio que no se anima a ser de izquierda, o que no se anima a ser trotskista, ya que ésta es la única forma de ser de izquierda y no un "traidor a la clase obrera".
Ejemplo: el tuitstar del trotskismo en su biografía.






Conclusión: hay mil formas de ser "progre". Es una palabra despectiva o de burla. Depende de quién la utilice, podrá tomar los más variados significados. Puede ser espetada por izquierdas o derechas. Puede referir a quien se entiende un falso izquierdista, un tibio o un hipócrita, entre otras imputaciones. Pero nunca nadie se asumirá como tal,  porque el "progre" siempre es el otro. 

martes, 9 de julio de 2013

Dime a quién llamas "progre" y te diré quién eres

Resulta natural que nadie se proclame "progre" ya que es una referencia despectiva, que para algunos puede ser una ofensa o hasta un insulto. Desde todo el espectro ideológico se ven "progres" por todos lados. Aún dos personas que a todas luces son muy similares en sus pareceres encontrarán alguna forma de diferenciarse e imputarse esa palabra. El "progre" siempre es el otro. Recuerda a la palabra "cheto". Nadie se asume "cheto", aunque quiera serlo o sepa por sus adentros que algo de ello tiene. "Progre" y "cheto" son de esas definiciones vergonzantes que nadie ha intentado tomar para sí y re-significar a su favor, lo que es una gran operación discursiva. Por ejemplo, Carlos Barragán se animó a hacerlo con la palabra "oficialista" con aquella canción "Soy la mierda oficialista", quitándole gran poder de fuego a lo que antes se sentía oprobioso. Lo mismo sucede cuando una organización toma la palabra "puto" y se bautiza "Agrupación Nacional Putos Peronistas".

Creo que nadie se ha animado a hacerlo con la palabra "progre" porque acarrea una dificultad. Es que este mote no parece ser una abreviación de "progresista", como intuiría cualquier extraño a la lengua al escucharlo por primera vez. En la mayoría de los casos lo que se quiere imputar no es una pertenencia ideológica (de ser así se utilizaría la palabra "zurdito", por ejemplo) sino que se busca denunciar una falsedad o una pose. Hipocresía. Más bien se utiliza como abreviación de "progresía", que no es ser progresista sino "falso progresista". 

Como bien dice el 
famoso bloguero massista Omix, escrachador serial de "progres", el "progresismo es significado vacío". Allí sí existen los que se llaman a sí mismos progresistas, los que se sienten verdaderos progresistas y no lo dicen porque no quieren ser confundidos con "progres", los que se dicen progresistas (aunque no lo sientan) sólo para captar votos, etc. Dejamos para más adelante una definición personal de "progresismo". Ahora veamos quién es "progre" o "falso progresista" para la derecha:

Liberal-conservadurismo: el único caso en el que se usa "progre" como sinónimo de "zurdito". Pero si se opta por usa la primera en vez de la segunda etiqueta es porque se le añade la idea de hipocresía, de una negación de la naturaleza humana en la que incurren los izquierdistas. Para la derecha clásica, el zurdo (porque no le da el cuero o por la pretensión de adoptar una moralidad contraria a sus instintos) es un derechista más pero que no lo asume, un garca reprimido. El derechista piensa: "Este 'progre' es un hipócrita, seguro tiene a la 'chica que lo ayuda' en negro y lo oculta". En la "Mesa de Autoayuda K" se hizo un exhaustivo análisis de la típica creencia derechista de que no existen izquierdistas (a menos que vivan como San Francisco de Asís, el único "zurdo de verdad" de la historia) sino solamente falsos izquierdistas. Por internalización ideológica (en términos marxianos, falsa conciencia) o a sabiendas, asocian izquierdismo con pobreza. En definitiva este grupo vive deschavando progres, sólo para mantener las convicciones derechistas sin cargo de conciencia.
Ejemplos:







Si bien puede designarse a todo izquierdista como "progre", el que más le preocupa es el kirchnerista. Es el que está en el poder. El que "no nos deja comprar dólares pero se va a Uruguay en Buquebús". Para estos, los "progres" son merecedores del escarnio público, que fue lo que le hicieron a Kicillof, con sus hijos presenciando todo el espectáculo.



Peronismo de derecha o pejotismo: muchos de estos o ya están con Massa o se sienten seducidos por él, dado que nunca los convenció del todo el kirchnerismo. Otros prefieren ser sciolistas y otros pocos siguen siendo kirchneristas, sólo porque creen que todavía el viento sopla desde el sur patagónico y no del norte tigrense.

Lo que los une es el odio al "progre". En un principio entraba lo que podríamos llamar la tradición socialdemócrata (la parte más moderada del radicalismo y el Partido Socialista). Pero hoy allí meten también al trotskismo, a Proyecto Sur, el FAP, al "sabbatellismo" (némesis del "anti-progre") y últimamente también al cristinismo. Desde que se alió al kirchnerismo, el "sabbatellismo" habría contagiado con el virus de su progresía a CFK. Ahora hablan de Cristina como si fuera del Frepaso, niegan que pueda formar parte del peronismo. Acertadamente Daniel del blog "El aguante populista" dispara: "Los portadores ortodoxos de peronómetro aborrecen de lo que llaman 'progresía'. Y allí se eleva diáfano el cristinismo como epicentro."
Consultemos a Omix, para que nos defina en nombre del peronismo de derecha lo que se entiende por "progre": 
"Es adoptar pose y discurso vacío. Ser progre significa pensar que el mundo está al revés, discursear en clave rebelde, escribir monografías, 'conseguirse' una bequita. Ser progre suele, para algunos, ser un buen negocio. Ser progre importa preocuparse por la cultura; ir al cine y al teatro sin disfrutar para a la salida o en la charla debate comentar el sentido de lo que allí se dijo sobre lo decadente que es el burgués 'Way of life'Ser progre es creer que se sabe que es lo mejor para la gente, y eso los habilita hasta a hablar en nombre del obrero y del pobre, conociendo a muy pocos de esa 'especie'; es denunciar su condición de sometidos a impresentables personajes que son algo así como lo 'más rancio de la política' y autoproclamarse su liberador. Ser progre es ser un revolucionario, pero de cotillón, por que en definitiva en lo "pro-gre" se esconde lo PRO."
Como vemos, está la idea de "revolucionario de cotillón", de falso progresista.

Comentario al paso: ¡Qué interesante! Quienes impugnaban esconder rasgos PRO a los que identifican como "progres" terminan yéndose con Massa y el PRO-peronismo.


Ejemplos:

Un tuitero del palo ante las declaraciones de Juliana Di Tullio. Ser feminista, para esta gente, es sinónimo de "progresía". Les da asquito.



Aquí están definiendo "progre" como el que escucha la radio alternativa FM La Tribu. Y también vemos que ya se imaginan ganadores con "Massa 2015".







Lo que tienen estos dos grupos en común, entre otras cosas, es que suelen hablar de "progres" en vez de "zurdo" u otra definición más ideológica. Se debe a que con la imputación de "progre" lo que se hace es abrir el paraguas, no quedar "anti-zurdo" y sí "anti-progre" porque es más cómodo.  Hasta da un toque cool.  De esta forma se evita ser comparado con Videla o ser tachado de macartista.  Al final, Mirtha Legrand fue más sincera que los pejotistas, cuando frente a Néstor y Cristina habló de "zurdaje" y no de "progresía". No escondió su macartismo en la atribución de falsos progresismos.

En el próximo post seguiremos con las distintas concepciones de "progre", enfocándonos en las corrientes del centro hacia la izquierda: la socialdemocracia, el peronismo kirchnerista y el trotskismo.

sábado, 6 de julio de 2013

Joyita: Alsogaray en Polémica en el Bar (1991)




Año 1991. Álvaro Alsogaray es invitado al programa "Polémica en el Bar" de Gerardo Sofovich. En ese momento, el primero es nombrado asesor del presidente Carlos Menem y el segundo interventor de ATC (Canal 7).
Este archivo es una verdadera joyita para ver el espíritu de la época, para ver de dónde venimos y compararlo con la actualidad, ver lo que cambió. Los personajes del video hablan de la salida del "estatismo", se regodean por la caída del mal llamado "comunismo" y se despachan con las recetas harto conocidas de la derecha. Estamos en plena ofensiva neoliberal y el video da cuenta de ello. Es muy llamativo también cómo se habla de María Julia, se la invoca como si fuera un tremendo cuadro político y una estadista en potencia.
Habrá que tener memoria, saber de dónde venimos y hacia dónde nos quieren llevar.
Y también es interesante para comparar aquel momento con la actualidad. Hoy tomamos al kirchnerismo y su forma de discutir el poder como algo dado, lo normal. Pero sobre todo pensando en la juventud: ¿Qué pasaría si vuelve a gobernar el establishment? ¿Cómo se vería aquello en contraposición con lo que el kirchnerismo produjo? Puedan o no imponer su agenda completamente los sectores del capital concentrado, lo cierto es que todo volvería a la "normalidad".
Por ejemplo, volviendo al plano de lo micro, hoy sentimos como algo dado un programa como "678". Sus formas ya están remanidas, su imprevisibilidad es de grado cero. Pero si miramos la película y no la foto, "678" ha sido totalmente novedoso en la televisión argentina. Un programa de discusión política en horario central, donde se hace análisis ideológico de los medios era inimaginable unos años atrás. 
En aquel país aburrido, 
sin conflictividad ni cambios que algunos añoran, el poder no se discute. Y si hay algo que mueve las aguas, siempre es en perjuicio de los trabajadores. Eso, la juventud de hoy no lo vivió. ¿Qué sucedería con el kirchnerismo si fuera oposición? ¿Se bancarían la figura de Cristina como opositora? ¿Qué marcas ha dejado el kichnerismo en la sociedad? ¿No será, cuando menos, precipitada la idea de que el kirchnerismo "ya fue"? ¿No estarán subestimando los efectos de todo lo hecho estos años?

lunes, 1 de julio de 2013

Falacia massista: bienestar sin redistribución de la riqueza

Lo que sabemos del massismo hasta ahora es poco. Pero uno de los ejes discursivos ha sido la promesa de mantener las conquistas del kirchnerismo (asignación universal, estatización de las AFJP) y a la vez terminar con la conflictividad social, con las peleas en los asados, la discusión crispada, y demás fenómenos ligados a la re-politización de los que la sociedad se habría cansado.
La idea es tener lo bueno del kirchnerismo, sin lo "malo" (el conflicto). Así mantener popularidad alta y a la vez, gobernabilidad.

Se trata de una falacia porque si se "hace la plancha" y no se le saca a los ricos para darle a los pobres, los ricos van a ser cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres.

Esto se debe a la dinámica y la lógica del mercado: el pez grande se come al pez chico. Hasta que no quedan peces chicos y se forman los monopolios. No son una anomalía del mercado, sino una consecuencia natural de su libre desenvolvimiento. Es un juego. Y el que lo gana se transforma en monopolio.
Los únicos que tendrían bienestar con Massa, serían los monopolios

Lo que propone esta derecha agazapada y disfrazada de cordero es falaz, es trucho, un chamuyo. O se avanza más, y se actualizan y profundizan las conquistas, o van perdiendo su fuerza ante la libre acción del mercado. Se van licuando. Por eso el "nunca menos" debe ser "siempre más". Si el Estado no está ahí para evitar la concentración, si no está para intervenir y redistribuir, gana el capital concentrado y el que está en proceso de concentración. Cuando el Estado interviene para reparar algo de esta desigualdad que va en aumento, 
aparecen los conflictos. Y es que nunca se vio que los ricos se pongan felices cuando el Estado toma lo que les sobra para dárselo a los que lo necesitan. Es de perogrullo. Los massistas lo saben, sólo que buscan construir un relato que acompañe, y en el que se apoye el ascenso al poder que están soñando.
Pero si el Estado no interviniera, a la larga sería peor para ellos, en el hipotético caso de que llegaran a ser gobierno. Porque esa concentración de riqueza genera estallidos sociales. Una vez que esto se entiende, el discurso se cae como un jenga ¿Acaso cree el massismo que la memoria popular llega hasta 2003? El modelo liberal, este "dejar hacer, dejar pasar" que nos están vendiendo ya demostró ser un fracaso. El 2001 no está tan lejos como ellos creen
.

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