domingo, 25 de agosto de 2013

J.W. Cooke: el peronismo olvidado (documental) y el pejotismo liberal

Hoy que nos quieren convencer de que peronismo es igual a pejotismo, más que nunca es necesario recordar al compañero John William Cooke, héroe de la resistencia peronista y gran opositor a la burocratización del peronismo.
No hay que dejar que los auspiciantes de la interpretación conservadora y burócratica del movimiento se hagan los tontos y nos digan que el "peronismo es el partido de poder". Es decir, el peronismo no tiene doctrinas, no tiene banderas, sólo se adapta para conservar el poder.
Ese es su peronismo, engendrado por la "generación intermedia", que le llaman, tan piadosamente. Es obra y gracia de una generación noventista, putrefacta, sin ideales, sin el sentimiento que debe tener todo peronista: la indignación que debe producir ver al otro comiendo de la basura.
Como se dijo en esta excelente columna que hizo crujir la blogósfera, el peronismo también fueron los héroes de la resistencia y los desaparecidos.

Othacehé, pejotista fascistoide e intendente de Merlo.
A veces mejor reír que llorar.
El peronismo de ellos es francamente depreciable. ¿Quién puede defender la codicia irrefrenable, el aprovechamiento del débil, la violencia? ¿Qué mérito tiene el que con violencia impone sus ideas? ¿Por qué se vanaglorian y festejan esas "victorias"?
Dicen estos que el pueblo no quiere oir de ideologías. Es cierto que gran parte del pueblo no tiene interés en la política, pero también es cierto que muchos aún tienen el temor que le inyectó una dictadura asesina. Y le genera dudas abrirse a la política, porque es sucia y peligrosa. Gracias a ustedes, también, que fueron el menemismo. La militancia juvenil, sea kirchnerista o no, hace bastante para pelear contra esa idea dominante. Pero lucha a manos limpias. Larguen el aparato, la mafia,
las patotas y vayamos a discutir con el pueblo mano a mano, si tan genios y guapos son. Vamos a ver si el pueblo quiere su peronismo o el nuestro.

Ante estas acusaciones el pejotismo sólo puede contestar con chicanas como acudir a rótulos vacíos hechos pasar por insultos, como "progre", "progresista". O puede acusarnos de hacer moralina. No es moralina, eso sería poner la otra mejilla, por ejemplo. Esto es moral, y todos tenemos una. Es una dimensión de algo más amplio, que sería la ideología. Sí, otra vez esa palabra que tanto asco les da a estos pejotistas, hoy entusiasmados con el massismo.
De ideología y peronismo se ve mucho en este excelente documental sobre el mayor ejemplo de conducta que nos dio este país.  Disculpe que lo contradiga, General, pero el "mejor de los nuestros" no fue el Che, el más grande fue y será el Bebe, John William Cooke. 






No creo que suceda, pero si los burócratas y oligarcas de corazón ganan con sus confusionismos (en otras palabras, si ganan Massa o Scioli, que son lo mismo) y alguna vez nos toca ser oposición a ellos u a otro gobierno que juzguemos, no comparta la búsqueda de la justicia social, nos encontraremos en lados opuestos. Ellos, mirando cómodamente por televisión y riendo socarronamente desde sus sillones, nosotros tirando piedras. No le tenemos miedo a la resistencia.
Ellos creen que seremos pocos, porque no entienden que esta democracia ya lleva 30 años sin ser interrumpida, y eso no es gratis. Por algo siempre que se generaba una determinada cantidad de conciencia libertaria que llegase a angustiar al poder, se cortaban las experiencias democráticas y se instalaban las dictaduras, que nos hacían retroceder (a los palazos) al casillero inicial. No somos pocos. Mucho hizo la democracia, y mucho está haciendo el kirchnerismo por los pibes que hoy van al colegio con asignación y notebook. Van con un país que apostó por ellos y se han criado en una inmensa libertad. Hoy no hay Videlas en el horizonte, así que, si creen que la van a tener fácil, se equivocan. Como dicen por ahí, si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir.

domingo, 18 de agosto de 2013

Kirchnerismo y elecciones. Problemas estructurales o problemas comunicacionales.

El periodista massista Juan Pablo Varsky leyó al aire posts "auto-críticos" de los blogs "Taller La Otra" y "Cartoneros de San Telmo". No para reflexionar.  Sólo para hacer daño. Parece que los opositores se mueren por escuchar cómo nos auto-criticamos.
¿Problemas estructurales o problemas comunicacionales?

Estos dos blogueros intentan explicar la derrota del domingo pasado en las PASO a través de una ya muchas veces criticada poca capacidad de comunicación del gobierno. En el caso de Cuervo, se señala falta de dinámica, de ajuste, en una forma de interpelar siempre al ya convencido (cuyo ejemplo arquetípico es 678), que fue efectiva en un momento, y hoy estaría agotada. En el escrito de Contradicto, se apunta a que los funcionarios "no explican" las medidas, especialmente la del llamado "cepo al dólar". Ambos ponen el acento en errores de comunicación. A mi entender opera una inversión en la que se pone la comunicación por arriba de los problemas estructurales que hay que intentar resolver o, al menos, menguar en su impacto. Y en el caso del "cepo al dólar", que muchos señalan como medida piantavotos, confunden un síntoma (el "cepo") con la enfermedad (la inflación). El cepo resta votos en la clase media, no es lo que causa el desplazamiento del voto kirchnerista a Massa, sino la inflación. Ésta, junto a la inseguridad (que Massa capitaliza con sus "cámaras de seguridad"), forman un cóctel de problemas insidiosos, erosionantes, que explican lo que fue el voto del 11 de agosto: un voto castigo; una llamada de atención. Ésto fue analizado por los mejores escritos sobre el por qué de la llamada de atención del laburante al gobierno: el de Gerardo Fernández principalmente, y algunos de los puntos marcados por el Licenciado Baleno (transporte y seguridad). Lo que hay que evitar es rasgarse las vestiduras y decir que la culpa de todo la tiene la forma en que se encaró la campaña, como si fuera tan decisiva. Viendo las quejas de algunos compañeros pareciera que ahora somos todos genios en campañas y comunicación, pero con el diario del lunes. Hay que tener cuidado porque por más cambios que se hagan en el discurso de la campaña, no vamos a sacar el 100%. Esto es porque lo que más nos saca votos son esos problemas estructurales que señalan Fernández y Baleno. Esto no significa que la campaña haya sido perfecta. Hay hacer pequeños ajustes, sintonía fina. Pero el enfoque de la contraposición de modelos es el acertado.
Hay quienes, como Roberto Caballero, nos dicen que el problema es que estamos siendo demasiado ideológicos, que no sabemos seducir. Más problemas de comunicación. Veamos este rico párrafo del columnista de Tiempo Argentino, dónde en realidad, aunque él no lo sepa, nos detalla todo lo que no hay que hacer:
"En política, ser exitoso en los argumentos es ganar. Nadie puede sentirse victorioso si está convencido de que tiene los mejores argumentos y finalmente estos terminan cediendo ante otros, que aunque no tan buenos ni tan trascendentes, están mejor comunicados. Refugiarse en el culto de la derrota, contentarse con ser una vanguardia inmolada, espanta a las masividades necesarias para ganar una simple elección. Es frustrante tener la razón y que no te la reconozcan. Lo inverso, en cambio, es el objetivo de cualquier política que busca transformar la realidad. Los mejores argumentos, para ser revalidados, tienen que ganarles a los otros. En democracia, obteniendo más votos que el resto. Vale convencer, persuadir, enamorar y seducir. El marketing no es una ciencia del capitalismo financiero: es un instrumento que promueve conductas. No es mentir: es hacer más atractiva una verdad. En ese terreno, en el de las verdades, el kirchnerismo lleva ventaja. Es mucho mejor y más previsible que sus competidores. El único que habla de un nuevo orden y todavía concita la adhesión del 30% del electorado. Si lo comunica mejor, seguramente podrá incrementar el apoyo. ¿O qué fue el 54 por ciento?"

Extraña interpretación de Caballero que, al igual que los opositores (aunque estos lo hacen adrede), comete el infantil error de comparar una elección ejecutiva con una legislativa. El comportamiento del votante es distinto. Cualquiera lo sabe. Además, el 54% se dio en un momento económico mucho mejor que el actual. Rasgarse así las vestiduras y dar la impresión de sangrar por la herida es lo que no hay que hacer.
Caballero propone menos ideología, menos política, más marketing. Que hagamos lo mismo que Massa. ¿Eso fue lo que hicimos cuando sacamos el 54% para usted? También nos advierte en tono duranbarbesco que "no hay que mentir, sino hacer más atractiva una verdad". ¿Cómo? ¿Qué le faltó a la campaña para ser atractiva? Si hasta los opositores elogiaron la calidad estética de la producción del kirchnerismo


Según Caballero, esto no es lo suficientemente marketinero.
Pero su encanto estético fue elogiado hasta por La Nación.


Señor Caballero, el kirchnerismo no puede avanzar más de lo que ya hace en el marketing político sin cruzar una línea en la que comenzaría a mentir, a prometer lo que no se puede cumplir. Y Cristina, en su excelente discurso en Tecnópolis lo dejó claro cuando dijo: 
"Así que fuerza, mucha fuerza, esto se sostiene con coraje, convicciones, militancia, perseverancia y fundamentalmente honestidad intelectual de lo que se quiere decir. Somos lo que somos, no mentimos, no nos disfrazamos, no engañamos, no prometemos ni prometeremos jamás cosas que no se puedan cumplir. Ya de eso pasó mucho en la Argentina, lo viví en el '99, así que ahora solamente la fortaleza de la verdad, la fortaleza de la verdad y de la realidad, que por más que hagan lo que hagan no se puede ocultar porque no se puede ocultar el sol con una mano."
Increíble que algunos tengan el tupé de decir que Cristina es demagoga. Cero demagogia, pura sinceridad con su pueblo. El kirchnerismo siempre ha hecho esto, siempre fue con la verdad. Su campaña fue atractiva. Lo que no tuvo es promesas incumplibles ni ofreció soluciones mágicas, como hizo Massa. Él sí es un demagogo.
Por otra parte, según Caballero, en política los mejores argumentos son los que ganan. "Conmigo un peso, un dólar", dijo De la Rúa. Y ganó. Un gran argumento, según Caballero.
Afiche hecho por Hank Soriano.
Excelente ridiculización de la demagogia massista
Esto está ligado a un común equívoco: la expresión "el pueblo nunca se equivoca". Sí, el pueblo se puede equivocar, pero más que nada, puede ser confundido. Lo que sucede la mayoría de las veces no es que el pueblo se equivoque al votar un modelo (eso sucedió en el '95 solamente) sino, que puede ser confundido por aquellos que prometen hacer algo que no pueden, no saben o no quieren cumplir (el caso del '89 y '99).

El kirchnerismo no ha mentido ni debe hacerlo. Sin embargo, los resultados estuvieron por debajo de lo esperado. Hay que seguir posicionando a Insaurralde. Como se comenzó a hacer en los últimos días, hay seguir denunciando lo que es Massa. Pero con una salvedad: dejar de insistir con que Massa es el candidato de Magnetto, para decir que es el Menem del '89. El "Revolución productiva y salariazo" es el mismo tipo de promesas incumplibles que hace Massita, que nos promete pleno empleo, 82% a jubilados, paritarias, ¡y todo esto sin inflación! Aquí se apela al mismo confusionismo que permitió que Menem gane por primera vez.

Entonces, hay que hacer este ajuste. Los funcionarios del gobierno que hablan a la prensa deberían dejar de insistir con el malvado Magnetto. Hay un hartazgo del anti-clarinismo discursivo, y esto atraviesa todas las pertenencias políticas, todas las clases sociales. Hasta la propia militancia se cansa. Muchos votantes saben lo tendencioso que es Clarín, pero nunca llegarán a verlo como el monstruo que ve el gobierno, que lo presenta como la fuente original de toda maldad. Es mucho más efectivo y más pedagógico decir que Massa es Menem. Y además, fiel al estilo kirchnerista, estaríamos diciendo la verdad. Dicho sea de paso, la poderosa mega-corporación Techint (esa que cree que los trabajadores argentinos venimos ganando demasiado) viene jugando fuertemente para Massa. Es un adversario temible, casi tanto como Clarín. No por nada Massa es la gran esperanza blanca.



Pero el dilema que se presenta desde el pragmatismo talibán es: ¿queremos ganar sin que importe cómo o queremos tener razón? La primera es la de Caballero, que dice "en política ser exitoso con los argumentos es ganar" Ganar como sea. La concepción de la política del poder por el poder mismo es conservadora. Creo que los kirchneristas deberíamos tener otra concepción: en política, ser exitoso es concientizar y movilizar al pueblo.

Por lo tanto, mirando hacia el futuro y pensando en 2015, no deberíamos asustarnos en caso de perder una elección. Más vale perder una elección por poco, con un candidato del riñón kirchnerista, que ganar con alguien que desarme el modelo de a poco. Formaría parte de un proceso de aprendizaje que el pueblo debe pasar en su concientización. Es parte fundamental de la democracia que el pueblo se equivoque. ¿Qué sucede si Massa gana en el 2015, y cuando el pueblo vea su error no tenga alternativa, porque habremos dicho y hecho lo mismo que la derecha? ¿Con qué va a contraponer el pueblo al liberalismo massista, por ejemplo, si el kirchnerismo adopta sus mismas formas? ¿Y qué pasaría si Scioli es presidente? Si él es visto como un heredero, y luego choca la nave? ¿Sería vista Cristina como la alternativa o sería vista cómo parte del problema? Es el drama de todo gatopardismo. La derecha gobernando, más temprano que tarde, choca la nave y destruye el país. El kirchnerismo es lo contrario y debe quedar claro ante los ojos del pueblo. A los que nos interesa el bienestar y la emancipación del pueblo no sólo nos interesa ganar, queremos ganar teniendo razón. Si no ganamos, no podemos implementar nuestras políticas. Pero si ganamos sin razón, si ganamos mintiendo, perderemos las elecciones siguientes, porque habremos prometido lo que no podemos cumplir. Por eso los "pibes para la liberación" (denostados por todos aquellos que no pudieron extirpar el noventismo de su corazón) y nuestra conductora, Cristina Kirchner, le hablamos con sinceridad al pueblo, y no dejamos nuestras convicciones en ninguna puerta. Porque el kirchnerismo no es demagogia sino realidad efectiva. Porque mejor que decir, es hacer. Y porque el kirchnerismo es siempre más, o no lo es.

domingo, 4 de agosto de 2013

El verdadero progresismo en Argentina siempre ha sido el peronismo

¿Los que se llaman a sí mismos "progresistas", como Binner, Prat-Gay o el Partido Liberal Libertario, son realmente progresistas? ¿Por qué el kirchnerismo no se define con esa palabra? ¿Por qué el peronismo no ha disputado esa bandera?

Una primera respuesta para estos interrogantes podría ser que la palabra progresista ha sido apropiada por sectores que sólo expresan la defensa a las libertades político-civiles, pero nunca la igualdad.

Hasta el Partido Liberal Libertario dice que es progresista: 
Es sin dudas el primer partido liberal de la república; somos progresistas, verdaderos progresistas. Proponemos un liberalismo moderno, que complete su tradición clásica con los aportes de su evolución libertaria de las últimas décadas, y en el cual no existen diferencias entre las libertades civiles, políticas y económicas; ni consideramos que puedan existir de manera aislada. Por ejemplo, consideramos que el Estado no puede privilegiar ninguna religión en particular, ni ninguna orientación sexual, ya que estaría violando las libertades civiles. Pero también creemos que el Estado no puede ahogar con impuestos a los ciudadanos, ni obstaculizar sus emprendimientos económicos, desalentando la creación de empleo e impidiendo la prosperidad. En efecto, ello violaría sus libertades económicas. Para nosotros toda persona es libre de actuar como lo desee mientras respete la libertad y los derechos individuales de las demás personas.
Estos muchachos incurren en la falacia de pensar que las "libertades económicas" son libertades. No lo son. Las llamades "libertades económicas" cercenan la verdadera libertad. A diferencia de lo que dice el discurso liberal,  la igualdad es la única que otorga libertad, ya que en el sistema capitalista uno es tan libre como el poder de compra que tiene. ¿Qué libertad tiene un tipo que está obligado a laburar 12 horas por día y viajar 4? ¿Dónde está la libertad en ser un esclavo, cuyo trabajo es apropiado por el patrón?
Ante esta enajenación, es fácil ver que si el Estado interviene y mejora la vida de una persona en estas condiciones, poniéndole plata en su bolsillo, limitando la explotación de su patrón, dándole descanso los domingos, aguinaldo y reduciendo la jornada laboral, lo que hace el Estado es dar más libertades. La derecha opone intervención estatal a libertad, lo que es falso. 

Con respecto a fuerzas como el Frente Amplio Progresista, en ésta muy recomendable entrevista de la Agencia Paco Urondo, Abelardo Vitale (alias Mendieta), define al progresismo:
En principio, el progresismo -como etiqueta- atraviesa la misma polisemia que todas las expresiones políticas de la Argentina. La misma pregunta podríamos hacer con respecto a qué es ser peronista o qué es ser radical. Son categorías que siempre están atadas a la coyuntura y su identificación. Como toda identificación, siempre se da en contraposición a otro. La teoría progresista tiene en sus orígenes ciertos resabios y sonidos atrayentes en términos de una tradición de izquierda o de centro-izquierda. Lamentablemente, en la práctica concreta, por lo menos en la actualidad y en la historia reciente, el progresismo argentino termina siendo un progresismo de arte, ciencia y espectáculo. Es interesante en relación a su mirada de la cultura, a su mirada sobre ciertos derechos humanos o leyes que hacen a este género. Cuando vas a los núcleos duros que conforman la estructura de una sociedad, en cuanto a la conformación económica, política y la lucha contra los poderes, el progresismo no sólo termina -de algún modo- siendo contradictorio con su propio discurso o con sus propios orígenes, sino que termina siendo funcional a esos sectores adversos a una tradición de izquierda y de centro-izquierda.

Las negritas son mías. Me interesa esta frase porque es excelente para explicitar lo que son aquellos que se llaman a sí mismos progresistas pero muy poco tienen de ello. Son lo que el kirchnerismo llama "progre", como vimos en un post anterior dónde analizamos cómo se usa esa despectiva palabra.
La pregunta es: ¿Puede ser realmente progresista quién sólo entiende la libertad en términos culturales?
Hay que dejar de pensar al progresismo como una categoría meramente política. Serviría mucho más si se usa la palabra para englobar todo aquello que esté del centro hacia la izquierda. Pero no del centro a la izquierda en lo económico o en lo político sino promediando ambos términos.   
Hay que tener cuidado con tomar las libertades políticas y la igualdad por separado. Sino, llegamos al absurdo. Si tomamos progresismo sólo en sentido económico podríamos decir que Mussolini era progresista porque intervenía en el mercado y limitaba sus desigualdades. Si tomamos en cambio, progresista en el sentido político/cultural (el error más común) terminamos diciendo que Prat-Gay o el Partido Liberal Libertario son progresistas sólo porque están a favor del Matrimonio Igualitario. Ridículo.
Ahí aparece esa contradictoria categoría que a veces se usa: el "liberal de izquierda". No existe tal cosa. Usar "liberalismo" en términos políticos confunde como pocas cosas, porque se puede confundir con el liberalismo en sentido económico, el de Adam Smith. Derecha e izquierda echan mas luz si se los usa en términos económicos, cuando hacen referencia al grado de igualdad que se desea y se busca para la sociedad. Smith pensaba que los hombres somos desiguales y competitivos por naturaleza. Sólo podía ser considerado de izquierda en relación al Antiguo Régimen. Tras la difusión de las ideas de izquierda y el ascenso de la burguesía al poder, éste discurso se torna conservador y reaccionario.
Lo mismo con la categoría "centro-izquierda". Se le dice centro-izquierda a lo mismo que se le dice "liberal de izquierda" y "progresista". Centro-izquierda es el keynesianismo, que busca la igualdad pero dentro del capitalismo, no llega a ser izquierda revolucionaria (la que busca eliminar la propiedad privada y la explotación, génesis de la desigualdad en el sistema). En Argentina la centro-izquierda la expresión más clara de keynesianismo fue el peronismo. Aunque les produzca arcadas a muchos compañeros porque con ella refieren al falso progresismo anti-peronista (Binner), son de centro-izquierda. Y el kirchnerismo también debería ser considerado de centro-izquierda, no por el Matrimonio Igualitario, sino por ser intervencionista-keyenesianoTanto Perón como Cristina Kirchner podrían ser tranquilamente ubicados dentro de la centro-izquierda, si se cree que ambos buscan limitar las desigualdades del capitalismo, pero no eliminarlas por completo a través de un sistema superador.

En cuanto a la definición de progresismo, proponemos que se es progresista sólo si se tiene en cuenta ambas cosas a la vez: libertad e igualdad. 

Para que quede más claro todo esto, se puede ver la página "Political Compass", que ilustra muy bien lo que es ser de izquierda y derecha, en un excelente análisis que los siempre tan confundidos politólogos argentinos deberían tomar. Hasta tiene un excelente test para saber dónde estás parado. Usan la distinción izquierda-derecha en términos económicos. Y luego, para la parte política suman la otra dimensión, la del autoritarismo versus libertarianismo. Está por un lado la izquierda, que puede ser autoritaria (estalinismo) o de tendencia libertaria (anarquismo). Por otro lado está la derecha, que puede ser autoritaria (el mejor ejemplo de esto fue Videla) y otra más tendiente a lo no autoritario o hasta lo libertario (variantes neo-liberales como Milton Friedman, Ayn Rand y corrientes cercanas al anarco-capitalismo norteamericano, como el Partido Liberal Libertario de Argentina).

Aquí las ilustraciones orientativas de "Political Compass", dónde se observa las ventajas de este modelo analítico:






La palabra progresista echa luz cuando se la utiliza para nombrar todo el cuadrante en verde y hasta quizás la parte inferior del cuadrante rojo. Todo esto muy relativo a los tiempos y las relaciones de fuerza, es dinámico. El peronismo del '45 y el kirchnerismo sin duda están del centro hacia la izquierda en lo económico. Cabe la duda de si son demasiado autoritarios para ser llamados progresistas. Yo pienso que no. No hay que olvidar que, si bien el peronismo tuvo su costado autoritario frente a la oposición política, por otro lado amplió derechos políticos, por ejemplo, implementó el voto femenino y hasta legalizó el divorcio. Aunque el peronismo ha sido tachado de anti-demócratico, fue el que hizo partícipe de los asuntos nacionales a los sectores mayoritarios, los incluyó. Tal como antes había hecho el yrigoyenismo (uno de los pocos gobiernos radicales que tuvieron algo de progresismo) con las clases medias, a apartir de Perón, sectores antes marginados e invisibilizados ("cabecitas negras") fueron incluídos como actores polítcos.
¿Qué más democrático que eso, señores republicanos y defensores de las instituciones?

En cuanto al kirchnerismo, éste ha sido mucho menos autoritario que el aquel peronismo, porque como dijimos antes, es un peronismo aggioarnado. Así que, de ubicarlo en el gráfico, no estaría más a la izquierda que el peronismo del '45, sino más abajo. Pero continúa esa tradición de inclusión política a través del Matrimonio Igualitario, la Ley de género, el voto a los 16, etc. De ahí, la infantil irritación del progresismo anti-peronista: las medidas progresistas casi siempre las tomó el peronismo, sea con Perón o los Kirchner. Por eso ha sido el verdadero progresismo en el país. El real y efectivo.



Muchas veces desde el peronismo denunciamos el falso progresismo de los "progres", pero tampoco nos asumimos progresistas. El progresismo quedaría así vacante. Esto oscurece más que lo que aclara. Empecemos a entender la palabra en una concepción política y económica a la vez, para dejar de lado los confusionismos. Si así lo entendiéramos, no habría duda que el peronismo (incluyendo al kirchnerismo como una de sus variantes) ha sido mucho más progresista, promediando ambas dimensiones (libertades y derechos políticos e igualitarismo), que cualquier otro gobierno.

Entonces, o la dejamos de usar o empezamos a disputar la palabra. Si elegimos lo segundo deberíamos quitarle esa bandera a los anti-peronistas.  Si estos falsos progresistas insisten en llamarse así hay que decirles: "no muchachos, el verdadero progresismo en Argentina siempre ha sido el peronismo". 
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